Asombro y necesidad de la formación litúrgica

Lo que encontramos en la sección enunciada es en primer lugar la importancia del asombro sobre la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo.

Quisiera continuar con la presentación de la Carta apostólica Desiderio desideravi, ahora en sus números del 24 al 47; en un texto anterior habíamos comenzado a “desgranar” el documento para atender a este deseo del Santo Padre de cuidar la formación litúrgica.

Lo que encontramos en la sección enunciada es en primer lugar la importancia del asombro sobre la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo, la cual no tiene que ver con conceptos abstractos, sino con la fuerza del símbolo, que contiene y expresa en su concreción lo que significa, y que lo vivimos en los sacramentos.

Después comienza a hablar el Santo Padre en qué consiste la vital y necesaria formación litúrgica, en donde se plantea como principal cuestión ¿cómo recuperar la capacidad de vivir plenamente la acción litúrgica?, que era precisamente el objetivo de la renovación propuesta por el Concilio Vaticano II. Afirma el Papa que: “Sería banal leer las tensiones, desgraciadamente presentes en torno a la celebración, como una simple divergencia entre diferentes sensibilidades sobre una forma ritual.

La problemática es, ante todo, eclesiológica”, es decir, es una forma de comprender y asumir la Iglesia. Es por eso que nos invita a volver al Cénaculo en la mañana de Pentecostés pues: “Sólo la Iglesia de Pentecostés puede concebir al hombre como persona, abierto a una relación plena con Dios, con la creación y con los hermanos”; esta es la comunidad reconciliada en el amor y fortalecida en la verdad.

Entonces, aunque el documento no pretende ser exaustivo en el tema de la formación litúrgica, si aclara algo fundamental que se expresa así: “Creo que podemos distinguir dos aspectos: la formación para la Liturgia y la formación desde la Liturgia.

El primero está en función del segundo, que es esencial”, ser formados desde la liturgia ese es el punto. Por ello destaca el Papa que “es necesario difundir este conocimiento fuera del ámbito académico, de forma accesible, para que todo creyente crezca en el conocimiento del sentido teológico de la Liturgia”.

Pero además es fundamental que el ministro debe conocer el camino por el que guiará a sus hermanos, a través del estudio teórico, pero también por su experiencia viva de fe y su oración. También se subraya el trabajo formativo en los Seminarios, en donde se pide que todas las disciplinas teológicas muestren su intima conexión con la Liturgia. Y como último aspecto subraya el Santo Padre, que además de celebraciones “modélicas”, sean celebraciones que lleven a la comunión con Dios.

Ahora bien, con respecto a la formación litúgica es indispensable reconocer que la necesitamos todos de acuerdo a nuestra condición y vocación, pero sin olvidar que en este campo más que la apropiación de una idea se trata de implicación existencial con la persona de Cristo, “Esta implicación existencial tiene lugar por vía sacramental”.
Son los materiales que forman parte de la creación los que ayudarán al encuentro con “el Verbo encarnado, crucificado, muerto, resucitado, ascendido al Padre”.

Dice el Papa de manera elocuente: “La Liturgia da gloria a Dios porque nos permite, aquí en la tierra, ver a Dios en la celebración de los misterios y, al verlo, revivir por su Pascua…”. Es interesante a lo que llegamos en esta parte del documento, que es una invitación para la formación litúrgica, y tiene que ver con la capacidad de contacto con los símbolos, citando a Romano Guardini quien dice que así se empieza la formación, haciéndonos capaces de los símbolos. Para ello necesitamos recuperar la confianza en la creación; y por otro lado, “es la educación necesaria para adquirir la actitud interior, que nos permita situar y comprender los símbolos litúrgicos”. El primer aspecto pide de nosotros una mirada nueva y respetuosa de los medios por los que se nos comunica la vida divina, y el segundo, la comprensión por la apertura sencilla a dejarnos colmar por los símbolos que nos acompañan siempre.

Dejamos hasta aquí el comentario para volver sobre la parte final de esta hermosa carta del Papa Francisco, a propósito de la formación litúrgica del Pueblo de Dios.

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