Veracruz se encuentra sumido en una crisis devastadora, las lluvias torrenciales, provocadas por el huracán Priscilla junto con las tormentas tropicales Raymond y Jerry, han desencadenado inundaciones masivas, deslaves y un saldo trágico de vidas perdidas.
De acuerdo con reportes oficiales, Veracruz es el estado más afectado, con al menos 29 fallecidos hasta el momento, mientras que el total nacional asciende a 64 muertos y 65 desaparecidos en regiones como Hidalgo, Puebla, Veracruz, San Luis Potosí y Querétaro. Cerca de 50 municipios veracruzanos han sufrido daños severos, con ríos desbordados que han dejado a miles sin hogar y comunidades enteras aisladas.
Esta no es solo una catástrofe climática; es un grito de auxilio que nos interpela a todos. En un mundo cada vez más fragmentado por el individualismo, la solidaridad y el amor al prójimo emergen como los pilares fundamentales para superar la adversidad.
La solidaridad no es un concepto abstracto ni un gesto retórico; es una fuerza vital que une a la humanidad en momentos de vulnerabilidad. En esencia, se trata de reconocer que el sufrimiento ajeno es también nuestro, y que solo a través del apoyo mutuo podemos reconstruir lo destruido. Hoy, en Veracruz, esta virtud se hace imperativa; las inundaciones han arrasado hogares, animales, cultivos y vías
de comunicación, dejando a familias enteras en la intemperie. Aquí es donde entra el llamado colectivo: todos deberíamos sumar, ya sea donando víveres, participando en brigadas de rescate o difundiendo información veraz para evitar desinformación que agrave el caos, pero también ser más proactivos en la
prevención.
El cambio climático hace que eventos como huracanes, terremotos y otras catástrofes sean más frecuentes e intensos. Tristemente, el egoísmo amplificado por las redes sociales donde priorizamos el “yo” sobre el “nosotros”, solo profundiza las divisiones. En cambio, la solidaridad nos invita a actuar: a organizar colectas en nuestras comunidades o a presionar a las autoridades para una respuesta eficiente y oportuna.
Pero ¿por qué es tan importante este llamado a la solidaridad? porque la solidaridad fortalece el tejido social a mediano y largo plazo y en una época donde la polarización política y la desigualdad económica fragmentan a México, actos solidarios reconstruyen la confianza mutua.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha alertado sobre fuertes lluvias continuas, y su gobierno ha prometido fondos para la reconstrucción, pero sin la participación ciudadana, estos esfuerzos se diluyen. La solidaridad económica, por ejemplo, acelera la recuperación: cada peso donado genera un impacto multiplicador, estimulando empleos temporales en construcción y agricultura, según el Banco Mundial.
La importancia de la solidaridad radica en su poder transformador: nos libera del cinismo, nos une en la adversidad y nos empodera para enfrentar lo inevitable. En estos momentos críticos para Veracruz, el llamado es claro: todos deberíamos sumar nuestro apoyo y acciones. Hoy, nuestro prójimo nos necesita; mañana, podríamos ser nosotros quienes requiramos ayuda. Unidos y en oración, porque también Dios hace su parte, superaremos las crisis.
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