Cardenal Aguiar Retes: Necesitamos una prensa libre
Debe existir un rechazo absoluto a la censura previa y a que autoridades administrativas se erijan en jueces de la veracidad, legitimidad o aceptabilidad de las opiniones.
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En un momento en que el gobierno federal, a través de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, ha puesto a consulta pública los nuevos Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, la Arquidiócesis Primada de México ha alzado la voz con fuerza y contundencia; su mensaje no es sólo un pronunciamiento formal, también ofrece una reflexión ética y jurídica que coloca en el centro la dignidad de la persona y el derecho fundamental a buscar la verdad.
La postura es indudable:” La libertad de expresión no sólo exige impedir la censura; exige también proteger la capacidad de cada persona para buscar la verdad y formar un juicio libre, sin convertirse en objeto de manipulación o de intereses económicos, ideológicos o tecnológicos”. No se trata únicamente de rechazar la prohibición anticipada de ideas, sino de garantizar que el ciudadano no sea reducido a un perfil de consumo, ni manipulado por algoritmos, polarización o agendas ocultas.
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El planteamiento impulsado en el contexto del gobierno de Morena resulta peligroso, y es que aunque se presenta como un instrumento para proteger a las audiencias también abre la puerta a una intervención administrativa que puede derivar en mecanismos de control. Debe existir un rechazo absoluto a la censura previa y a que autoridades administrativas se erijan en jueces de la veracidad, legitimidad o aceptabilidad de las opiniones. Ninguna instancia del Estado puede anticiparse a calificar lo que una persona o un medio tiene derecho a expresar.
La libertad de expresión debe defenderse, sobre todo en un país como el nuestro donde, en demasiadas ocasiones, son las propias instituciones las que ocultan, diluyen o manipulan la información, ya sea por intereses políticos, económicos o de poder; es indispensable que todos los ciudadanos trabajemos contra la opacidad.
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La historia reciente de desapariciones, violencia, corrupción y crisis institucionales demuestra que sin una prensa libre y sin un debate abierto, la verdad se vuelve frágil y la democracia se debilita.
La Arquidiócesis propone, un equilibrio necesario; libertad sin manipulación, responsabilidad sin censura y verdad sin imposición, el debate no debe reducirse a dónde puede llegar la regulación estatal, sino a asumir la responsabilidad ética que acompaña a toda tarea de comunicar. Autoridades, medios, plataformas digitales y ciudadanos están llamados a un compromiso compartido.
Sólo una comunicación fundada en la verdad puede fortalecer la libertad y construir una sociedad auténticamente democrática y es que no olvidemos lo que nos dice el Evangelio, “la verdad os hará libres”; es así que la voz del Arzobispo Primado de México, Carlos Cardenal Aguiar Retes resuena con fuerza: “necesitamos una prensa libre para entender el mundo y el momento que nos tocó vivir, y para hacer lo correcto a fin de mejorarlos”. Pero además debemos entender que esa libertad no es un privilegio de unos cuantos, sino una condición indispensable para que México no se pierda en la tiniebla de la manipulación ni en el silencio de la censura.
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