La libertad de comunicar y el deber de la verdad
La libertad de expresión no admite censura previa, pero exige responsabilidad ética para proteger la verdad, la dignidad humana y el bien común.
El Gobierno Federal anunció recientemente su intención de regular la difusión informativa mediante diversos criterios relacionados con la veracidad de los contenidos, el derecho de réplica y la diferenciación entre opiniones y hechos en los medios de radio y televisión.
De acuerdo con las autoridades, el propósito es garantizar los derechos de las audiencias, y para ello se abrió un proceso de consulta pública que ha suscitado la preocupación de diversos expertos y medios de comunicación, quienes advierten el riesgo de que estas medidas puedan derivar en mecanismos de censura.
El marco jurídico reconoce la libertad de expresión como un derecho fundamental que no puede estar sujeto a censura previa, al tiempo que recuerda que su ejercicio implica responsabilidades y mecanismos de protección para los derechos de las personas, como el derecho de réplica.
Por su parte, la Doctrina Social de la Iglesia también ofrece una reflexión indispensable en el marco de la ética y la dignidad de la persona humana; el Magisterio ha señalado que manifestar pensamientos, comparar conocimientos y expresar opiniones constituye un derecho propio.
Desde esta perspectiva, ninguna autoridad puede impedir anticipadamente que una persona exprese sus ideas o difunda información, pues resulta incompatible con la libertad que corresponde a toda persona, pero también lo es cualquier forma de comunicación que manipule, degrade o instrumentalice al ser humano.
Hace unos días, los obispos de México publicaron un mensaje con motivo del centenario de la Guerra Cristera, en el que advirtieron sobre el nuevo riesgo de que los derechos se proclamen de manera puramente formal mientras avanzan, de manera disimulada, otras violaciones de la dignidad humana.
En ese sentido, alertaron sobre la amenaza que existe de condicionar la conciencia mediante la manipulación de la información, la reducción de la persona a un simple perfil de consumo, la captura de nuestra atención mediante algoritmos que favorecen la polarización y las nuevas formas de dependencia propias del entorno digital.
Así pues, la libertad de expresión no sólo exige impedir la censura; exige también proteger la capacidad de cada persona para buscar la verdad y formar un juicio libre, sin convertirse en objeto de manipulación o de intereses económicos, ideológicos o tecnológicos.
El debate no consiste únicamente en definir hasta dónde puede llegar la regulación del Estado, sino en asumir la responsabilidad ética que acompaña toda tarea de comunicar.
Como ciudadanos y desde los valores evangélicos, creemos que es posible ofrecer una propuesta que fortalezca la libertad y, al mismo tiempo, promueva una comunicación verdaderamente humana. Para ello, ponemos sobre la mesa los siguientes puntos:
- No puede existir censura previa al ejercicio de la libertad de expresión.
- Ninguna autoridad administrativa puede determinar la veracidad, legitimidad o aceptabilidad de las opiniones.
- La diversidad de opiniones sobre un mismo hecho, siempre dentro del respeto a la verdad y los derechos humanos, enriquece la vida democrática y exige de cada ciudadano la responsabilidad de informarse, discernir y formar un juicio propio.
- La libertad de expresión implica responsabilidades cuando la comunicación causa daños a la dignidad o a los derechos de otras personas.
- El derecho de réplica constituye una garantía indispensable para la búsqueda de la verdad.
- La dignidad humana debe ser el fundamento y el criterio permanente de toda comunicación.
- Los medios de comunicación deben contar con códigos de ética sólidos que fortalezcan su autorregulación y su compromiso con el bien común.
- El desarrollo tecnológico, las plataformas digitales y los algoritmos deben ser regulados para que estén siempre al servicio de la persona humana, y nunca de la manipulación de las conciencias ni de la polarización social.
- La comunicación debe contribuir a formar ciudadanos libres, capaces de discernir la verdad y de dialogar con respeto, incluso en medio de las diferencias.
Sólo una comunicación fundada en la verdad puede fortalecer la libertad y construir una sociedad auténticamente democrática. Por ello, es importante establecer un compromiso ético compartido por autoridades, medios de comunicación, plataformas digitales y ciudadanos.
Recordemos la voz de Jesucristo, siempre presente a lo largo de la historia: “la verdad los hará libres” (Jn 8,32).

