Paz calle por calle
Cuando los habitantes de un barrio se organizan, participan del cuidado mutuo, denuncian y se apropian de sus calles, se activa la verdadera prevención del delito.
Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).
La ciudad conserva memoria en sus esquinas y plazas. Cada calle relata la historia de quienes la recorren: el comerciante al abrir su tienda al amanecer, el trabajador en el transporte público o niñas y niños en los parques. En ese espacio común, donde transcurre la vida cotidiana, la paz adquiere un rostro humano y concreto.
En el marco del Día Internacional de la Convivencia en Paz, la célebre enseñanza de San Agustín de Hipona, quien definía la paz como “la tranquilidad del orden”, cobra vigencia profunda en la realidad urbana.
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El Santo recuerda que la verdadera armonía no es la simple ausencia de conflicto, sino la justicia, el equilibrio en la vida colectiva, la caridad recíproca y un sentido compartido de comunidad. Por ello, edificar la convivencia calle por calle significa proyectar barrios donde el espacio público fortalezca su vocación de encuentro y fraternidad.
La paz, en su dimensión social, exige cercanía, compasión y escucha. En la Ciudad de México esta premisa busca traducirse en acciones gubernamentales orientadas a la proximidad social. Ejercicios como el Zócalo Ciudadano, encabezado por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, abren canales de atención directa para recibir solicitudes legítimas de seguridad, vivienda, empleo formal, cultura y servicios básicos.
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Este esfuerzo acerca las instituciones a la realidad de las y los capitalinos. Atender las causas estructurales es el camino para prevenir la violencia y fortalecer la seguridad. En este sentido, la dignificación y recuperación de los espacios públicos ocupa un lugar central en la reconstrucción del tejido social.
A este esfuerzo se suma la estrategia tecnológica denominada Tótem por Tótem, cuyo propósito es mantener la confianza de la ciudadanía mediante herramientas de auxilio inmediato. A través del programa Ojos que Te Cuidan, desde el C5 consolidamos la instalación de más de 15 mil tótems de videovigilancia.
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Tecnología y despliegue policial resultan insuficientes sin la participación comunitaria. El Papa Francisco insistía constantemente: nadie se salva solo y la seguridad es una construcción conjunta. Cuando los habitantes de un barrio se organizan, participan del cuidado mutuo, denuncian y se apropian de sus calles, se activa la verdadera prevención del delito.
La comunidad unida devuelve la vida al espacio público y transforma el asfalto en un hogar común. Construir la paz calle por calle es, en última instancia, un deber corresponsable que convoca a gobernantes y ciudadanos a reconciliar diferencias y a trabajar por el bien común.
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