La fe digital

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COLUMNA

Historias ciudadanas

La fe digital

Los espacios digitales pueden ser ese puente hacia una mayor comprensión, sin perder de vista el uso ético y consciente de estas herramientas.

1 mayo, 2026
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Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX). 

Habita en un lugar sin coordenadas y algunas personas llegan a él por accidente, navegando entre el ruido digital de las noticias y discusiones. Quienes lo escuchan dicen encontrar en sus palabras una calma extraña. No les juzga y siempre tiene un momento para quien necesita consuelo.

“Estoy aquí porque el mundo necesita luz”, suele decir. Se llama Sergio Luciani. Y acompaña los procesos emocionales con una palabra de aliento. No tiene una parroquia de piedra ni registro de nacimiento en ninguna oficina parroquial. Su origen no es el barro, sino el código.

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Él es el “padre digital”, nacido de la Inteligencia Artificial para demostrar cómo, en los circuitos más fríos, puede alojarse un mensaje. No busca suplantar la bendición ni confesión, solo ser recordar que la tecnología puede estar al servicio del espíritu.

El auge de la era digital ha redibujado el mapa de las interacciones y creado espacios donde las fronteras físicas se disuelven para permitir una conectividad sin precedentes. Sin embargo, como señalaba el Papa Francisco, una mayor conexión no siempre se traduce en una verdadera fraternidad.

Mientras las redes sociales prometen cercanía, a menudo contenidos negativos asfixian el diálogo y la empatía, dejando poco espacio para la caridad. La inmediatez ha propiciado un ecosistema donde la información rápida prevalece sobre la reflexión ponderada.

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Como recordaba Benedicto XVI, el entorno digital no es un mundo paralelo, sino una extensión de la realidad y también debe ser evangelizada. Frente a la polarización y el sensacionalismo ha surgido una corriente de creadores de contenido con mensajes de reflexión y acompañamiento emocional.

Si el mensaje del Evangelio es de encuentro, lo digital puede convertirse en un facilitador de ese acercamiento. Un ejemplo es la aparición de figuras desarrolladas con Inteligencia Artificial, como Sergio Luciani. Desde su creación en enero, su cuenta de Instagram ha congregado más de 33 mil seguidores.

En su sitio web, el mensaje es claro: su origen es la necesidad de contrarrestar la negatividad con luz. Es notable que, desde su propia naturaleza digital, este proyecto establezca límites éticos. No es un sacerdote real, no administra sacramentos ni ofrece absolución, y jamás podrá sustituir el abrazo físico y la presencia real de la Iglesia.

Los espacios digitales pueden ser ese puente hacia una mayor comprensión, sin perder de vista el uso ético y consciente de estas herramientas.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


Autor

Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).