Opinión

El presencia del Padre y el Espíritu Santo en el Bautismo del Señor 

Lectura del Santo Evangelio según san Marcos (1, 7-11)  

En aquel tiempo, Juan predicaba diciendo: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.  

Por esos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias”.  


 Comentario al Evangelio 

Celebramos en este domingo el Bautismo del Señor, acompañados por el evangelista Marcos, quien con su habitual sobriedad nos envuelve en la revelación de la identidad de Jesús. De hecho, este será el eje transversal de todo el evangelio: develar la excelsa dignidad del Hijo de Dios que camina en medio de su pueblo. En este pasaje serán Juan el Bautista y el Padre quienes darán testimonio de Jesús, y en este mismo sentir, al final del Evangelio, será un centurión romano: “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”.   

A continuación, explicaré algunos elementos que nos permitan adentrarnos en la comprensión del texto: 

  1. El testimonio del Padre: “Tú eres mi Hijo predilecto, en ti me complazco”. 

Estas palabras están compuestas por dos pasajes del Antiguo Testamento. La primera parte está tomada del Salmo 2,7: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. En un sentido cristológico, se puntualiza que, “la filiación es natural y no sólo jurídica, es total y perfecta” (Gianfranco Ravasi). Mientras que, la segunda parte, proviene de Isaías 42, texto proclamado en la 1ª lectura de este domingo: “He aquí a mi Siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco  

  1. El descenso del Espíritu Santo bajo la figura de una paloma. 

La voz del Padre es acompañada por el descenso del Espíritu Santo. Es interesante que la expresión del evangelista Marcos quisiera que el lector captase el sentido del movimiento: “vio abrirse los cielos y el Espíritu bajar sobre Él como una paloma, reconduciendo con ello a la imagen de la creación (el Espíritu aleteaba sobre las aguas” cfr. Gn 1,2), y al sentido de la reconciliación y la paz que provienen después del diluvio, anunciadas por la paloma con una rama de olivo. Con estas características es posible apreciar, desde la óptica del evangelista que, con el Bautismo de Jesús se abre una era nueva o en otras palabras, inicia la nueva creación, en la que, el Creador toma el lugar de la creatura.  

Bastantes significativas son las palabras del Padre de la Iglesia san Juan Crisóstomo: “Ahora aparece la paloma no para traer un ramo de olivo en el pico, como en tiempos de Noé, sino para señalarnos al que venía a liberarnos de todos nuestros males y para infundirnos las más bellas esperanzas. Esa paloma no venía para sacar a un solo hombre del arca, sino para levantar al cielo la tierra entera y, en lugar del ramo de olivo, trae a todo el género humano la filiación divina”. 

 

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