Opinión

3 claves basadas en la fórmula de Santa Mónica para no pelear

Cuando leí el contenido sobre “la fórmula de Santa Mónica para no pelear”, fue inevitable tener un primer pensamiento al respecto: “claro, pero estamos hablando de SANTA Mónica”; y no sólo me sentí abrumada por su título de Santidad, sino que además me pareció demasiado elevado para nosotros los mortales comunes que no hemos, ni por mucho, desarrollado alguna de las extraordinarias virtudes que la distinguen y honran.

Entonces me di a la tarea de tratar de entender ¿cómo es que alguien puede lograr la hazaña de reaccionar así ante un conflicto o provocación? Cabe aclarar que sólo se trata de una interpretación personal, basada en lo que leí y escuché sobre ella, principalmente de las Confesiones de su hijo San Agustín, quien, dicho sea de paso, seguramente fue uno de los que la hizo perfeccionarse en el arte de no pelear.

La fórmula de Santa Mónica para no pelear.

La fórmula de Santa Mónica para no pelear.

Con toda mi admiración y respeto, las siguientes son las claves que propongo para aplicar la fórmula de Santa Mónica para no pelear:


1. Cuando alguien esté de mal genio, esfuérzate por estar de buenas.

El cambio de un estado de ánimo no es un acto de magia. No es tan simple como decretarlo o cancelarlo. Para cambiar un estado de ánimo es necesario cambiar el pensamiento que lo origina y cuestionarnos: ¿qué es lo que me estoy diciendo respecto a esta situación y cómo estoy actuando en consecuencia?

La mayoría de nosotros lidiamos con nuestros conflictos desde el ego y la inseguridad. Creo que Santa Mónica, en cambio, los vivía desde el amor y la fe que le daban su amistad con Jesucristo. La confianza en sí misma, pero, sobre todo, la confianza en que Dios le concedería, tarde o temprano, lo que ella le había pedido durante tantos años en sus oraciones: la conversión de sus amados “contrincantes” (esposo e hijo).

A veces, las situaciones inesperadas no nos dan el tiempo de entrar en un proceso complejo de reflexión y autoconocimiento, pero una pregunta rápida y práctica que nos puede ayudar a no enrolarnos en el estado de ánimo negativo del otro es: ¿qué gano y qué pierdo con ponerme al nivel de esta persona?

El que demora en encolerizarse vale más que un héroe; el que sabe dominarse es más que el conquistador de una ciudad. Proverbios 16,32

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Santa Mónica.

Santa Mónica.

2. Cuando alguien grite, tú trata de hablar con toda tranquilidad

Detrás de la ira y los gritos se encuentra una necesidad por controlar al otro, someterlo a nuestra voluntad y mostrar que somos más fuertes y poderosos (aunque en realidad es una clara señal de debilidad y falta de carácter). La peor opción que podemos tomar en medio de una discusión es aceptar la invitación del otro a entrar en una lucha de poder y/o un concurso de decibeles.

En mi opinión, Santa Mónica tenía una personalidad inquebrantable para mantenerse ecuánime ante las provocaciones, gracias a una mirada espiritual y sobrenatural llena de dones que la naturaleza humana no puede alcanzar por sí misma, sino sólo a partir de la gracia de Dios y la confianza en la oración.

Cuidemos bien la forma en que observamos nuestras situaciones de conflicto, busquemos una mirada más elevada, por encima de aquellos pensamientos que sólo harán crecer nuestro rencor y actitudes defensivas; aprendamos a responder con un sentido más profundo y amoroso a las circunstancias, anteponiendo el bien común de todas las partes involucradas.

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3. Cuando alguien quiera pelea, evítalo. Para pelear se necesitan dos.

Tener claro lo que no se quiere (en este caso pelear) es un gran consejo para manejar las situaciones de conflicto, pero, en mi opinión, la genialidad de Santa Mónica va mucho más allá. Creo que su mirada no estaba puesta en lo que debía evitar, sino en lo que quería lograr. Una mujer llena de fe con una visión clara y honesta de lo que buscaba para ella y para las personas que amaba.

Otro punto a su favor, creo que es la convicción de que ella no estaba sola en la “lucha”, sino que tenía a la figura de Jesucristo como su principal aliado; la oración insistente como su mejor arma y la conversión de su hijo y esposo como misión de vida.

Es importante tener en mente que cada persona es un proceso distinto al nuestro y que nadie tiene el poder de cambiar al otro, a menos que éste esté dispuesto a hacerlo en pleno ejercicio de su libertad y voluntad.

En resumen, creo que Santa Mónica escuchaba más a su espíritu que a su ego. No se sometía a la voluntad del otro, sino que se conformaba (es decir, se hacía a la forma) con la voluntad de Dios y nunca perdió la fe en que Él le respondería, lo cual le dio toda la confianza, sabiduría y firmeza que necesitaba para hacerle frente a sus conflictos personales.

No necesitamos ser santos, desde hoy (por lo menos así lo intentaré yo), demos prioridad a la calidad de nuestras relaciones, elevemos la mirada por encima de nuestro ego y tengamos, como lo hizo Santa Mónica, al mejor aliado en nuestras batallas, aquel que es amor y misericordia: Jesucristo.

¿Quién es Marcela Hernández?

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México y está certificada como Coach Ontológico por parte del Tecnológico de Monterrey CEM. También tiene una especialidad en Logoterapia por parte del Instituto Mexicano de Tanatología. Instructor y facilitador en temas de desarrollo humano y empresarial, tales como: Sentido de Vida y Trabajo, Inteligencia emocional, Liderazgo, Coaching, Comunicación Asertiva, entre otros. Actualmente es Socia Fundadora de Sensum, empresa especializada en estrategias de sentido para empresas y personas.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

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