Opinión

Es tiempo de unir esfuerzos y voluntades por el bien de la familia

“La Revolución no ha terminado. Los eternos enemigos la acechan y tratan de hacer nugatorios sus triunfos. Es necesario que entremos al nuevo periodo de la Revolución, que yo llamo el periodo revolucionario psicológico; debemos apoderarnos de las conciencias de la niñez, de las conciencias de la juventud porque son y deben pertenecer a la Revolución”.

El discurso pronunciado en Guadalajara por el entonces presidente Plutarco Elías Calles en 1934, fue el claro anuncio de la postura de su gobierno para imponer una educación socialista, culpando a los clérigos y a “los reaccionarios”, como quienes afirmaban mañosamente que “el niño le pertenece al hogar, el joven le pertenece a la familia”,  y considerando esta afirmación como “una doctrina egoísta (pues) el niño y el joven le pertenecen a la comunidad y la colectividad”.

En esa misma ocasión definió su meta: “es la revolución la que tiene el poder imprescindible de atacar a ese sector, de apoderarse de las conciencias, de destruir todos los prejuicios y formar la nueva alma nacional […] la juventud debe pertenecer a la nación”

Lo cierto es que hasta nuestros días, en la historia de la educación en México, con periodos de aparente tregua, ha habido una clara intención y un constante avance en este plan antinatural de arrebatar a los padres de familia su derecho inalienable como primeros educadores de sus hijos. Los libros de texto únicos y obligatorios que desde 1960 la Secretaría de Educación reparte a todos los niños de educación primaria, han sido los mejores vehículos para sus propósitos.

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Ya en el período de Luís Echeverría contenían afirmaciones tales como que Dios es un mito creado por el hombre y la sexualidad es animal e incontrolable (Historia de la antieducación en México, UNPF, 2000).

En esta lógica, no son de extrañar los programas de materias y libros de texto, ambos obligatorios, plagados de ideologías que pretenden adueñarse de las conciencias de nuestros niños por encima del derecho natural, es decir, del derecho humano de los padres de familia como primeros educadores. Pero ya no es suficiente el ámbito de la educación, pues la imposición de ideologías y el ataque a la institución familiar se ha extendido a otras áreas como el sector salud y  la imposición de políticas públicas a través del Poder Legislativo.

El turno hoy es de Olga Sánchez Cordero, quien como Ministra de la Suprema Corte de Justicia impulsó el aborto y la despenalización de la mariguana, y que en su actual cargo como titular de la Secretaría de Gobernación, donde debería estar muy, muy ocupada en temas tan apremiantes como la seguridad nacional o la política exterior, invade esferas de otros poderes que no le corresponden para atacar a la Familia, y minimizar los derechos naturales de los padres y empoderar al Estado.

Ya en agosto del 2018, afirmó: “Vamos a tratar de cambiar el sistema patriarcal por un sistema de democracia familiar”; su intención de convertir a los menores, de objetos de protección en sujetos plenos de derecho; deja al descubierto su propósito de dejar a los adolescentes el camino libre para el uso de los anticonceptivos, abortivos e, incluso, la práctica del aborto, sin que los progenitores se enteren o puedan intervenir.

Hoy Doña Olga nuevamente hace a un lado la división de los poderes para arremeter contra las iniciativas impulsadas y aprobadas en algunos estados para que en las leyes y constituciones locales se reconozca el derecho de los papás para escoger el tipo de educación de sus hijos, reconocimiento que los faculta para conocer con antelación los programas escolares y decidir si son o no convenientes para sus hijos.

Sin importar los tratados internacionales que ha firmado México y que protegen los derechos de la familia y de los niños, hoy, como en 1934 los padres de familia y las escuelas particulares, en especial las católicas, nos encontramos ante un gobierno que no respeta los derechos fundamentales y la libertad de enseñanza.

Después de más de ochenta años seguimos siendo calificados como “reaccionarios”, no porque la lógica o la verdad no nos asistan, pues la misma naturaleza y el sentido común lo evidencian, sino quizá porque no hemos sido lo suficientemente constantes, organizados y unidos.

Ante la amenaza, hoy se nos presenta una gran oportunidad: actuar solamente en defensa de nuestros derechos resulta una visión necesaria pero miope, es urgente unir esfuerzos con perspectivas claras para ser reconocidos como progresistas e innovadores.

Nuestra Iglesia en México, que durante siglos fue la fuente exitosa de educación en México, nos sigue dando grandes pautas a través de documentos como el de “Educar para una nueva Sociedad”.

Las escuelas particulares siguen adelante, muchas veces a pesar de las adversidades, protegiendo con su existencia y sus programas, el derecho de elegir de los padres de familia, la calidad educativa y la formación en la Fe.

Los padres de familia, siguen organizándose para hacer efectivos sus derechos y cumplir con sus obligaciones como lo ha hecho la UNPF desde hace más de cien años.

Cientos de organizaciones han surgido para trabajar en aras de la educación, la familia y los derechos humanos. 

Es el momento de hilvanar todos los esfuerzos y voluntades para construir con cimientos sólidos el futuro de nuestro México. No importa que pasen ochenta años de trabajo para un día lograr que la política y los políticos busquen el bien común y los “reaccionarios” sean otros.

Solo trabajando en alternativas que a pesar de cualquier ataque externo fortalezcan a la Familia y la Educación comenzaremos a transformar la historia y el futuro.

*Consuelo Mendoza García es ex presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia  y presidenta de Alianza Iberoamericana de la Familia.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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