La fórmula de Santa Mónica para no pelear y mantener la calma
Santa Mónica es ejemplo de paciencia, oración y confianza en Dios. Estas tres claves inspiradas en su vida pueden ayudarte a evitar peleas y conservar la calma.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México y está certificada como Coach Ontológico por parte del Tecnológico de Monterrey CEM. También tiene una especialidad en Logoterapia por parte del Instituto Mexicano de Tanatología. Instructor y facilitador en temas de desarrollo humano y empresarial, tales como: Sentido de Vida y Trabajo, Inteligencia emocional, Liderazgo, Coaching, Comunicación Asertiva, entre otros. Actualmente es Socia Fundadora de Sensum, empresa especializada en estrategias de sentido para empresas y personas.
Santoral: este jueves 27 de agosto la Iglesia celebra a Santa Mónica de Hipona, madre de San Agustín de Hipona.
¿Cómo reaccionar ante una provocación sin terminar en una pelea? ¿Es posible conservar la calma cuando alguien está de mal humor, grita o busca discutir?
Cuando leí sobre “la fórmula de Santa Mónica para no pelear”, mi primera reacción fue pensar: “Claro, pero estamos hablando de Santa Mónica”. Su paciencia y su capacidad para mantenerse firme ante las dificultades parecen, a primera vista, virtudes demasiado elevadas para nosotros.
Sin embargo, al conocer más sobre su vida, especialmente a través de las Confesiones de su hijo, San Agustín, encontré algunas claves que pueden ayudarnos a enfrentar de otra manera los conflictos cotidianos.
No se trata de afirmar que Santa Mónica siguiera una fórmula para evitar las discusiones. Se trata de una interpretación personal inspirada en su vida, su fe y su manera de afrontar las dificultades.
Con admiración y respeto, estas son tres claves que pueden ayudarnos a aplicar hoy esa enseñanza.
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1.- Si alguien está de mal humor, intenta conservar la calma
Cambiar nuestro estado de ánimo no es un acto de magia. Tampoco significa ignorar lo que sentimos. Para reaccionar de una manera diferente ante un conflicto, primero necesitamos identificar qué estamos pensando y cómo ese pensamiento influye en nuestra respuesta.
Muchas veces enfrentamos los conflictos desde el ego, la inseguridad o la necesidad de tener la razón. Santa Mónica, en cambio, parece haber vivido sus dificultades desde el amor y la fe en Jesucristo.
Durante años pidió en oración la conversión de quienes amaba, particularmente de su esposo y de su hijo. Su confianza en Dios le permitió perseverar sin dejar que las circunstancias determinaran por completo su manera de actuar.
Cuando una situación inesperada nos lleva al límite, quizá no tengamos tiempo para hacer un profundo ejercicio de reflexión. Pero sí podemos detenernos un instante y preguntarnos: ¿Qué gano y qué pierdo si me pongo al nivel de esta persona?
La Biblia recuerda, “El que demora en encolerizarse vale más que un héroe; el que sabe dominarse es más que el conquistador de una ciudad.” (Pro 16,32).
Conservar la calma no significa permitir abusos ni aceptar cualquier comportamiento. Significa decidir conscientemente cuál será nuestra respuesta.
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2. Si alguien grita, responde con tranquilidad
Cuando una discusión sube de tono, es fácil responder con más gritos. Sin embargo, entrar en una competencia para determinar quién habla más fuerte rara vez resuelve el problema.
En mi opinión, una de las grandes enseñanzas que podemos encontrar en Santa Mónica es precisamente su capacidad para mantener una mirada más profunda ante las dificultades. Su fortaleza no provenía únicamente de su carácter, sino de su fe, su oración y su confianza en Dios.
Ante un conflicto, podemos intentar mirar más allá de la provocación inmediata y preguntarnos qué respuesta ayudará realmente a la relación.
Esto no significa quedarse callado siempre ni renunciar a expresar lo que pensamos. Significa aprender a hacerlo sin convertir la conversación en una lucha de poder.
A veces, hablar con serenidad es una forma de recuperar el control de la situación sin intentar controlar al otro.
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3.- Si alguien busca pelea, no tienes que entrar en ella
Hay una idea sencilla que puede ayudarnos en los conflictos: para pelear se necesitan dos. Tener claro que no queremos terminar en una discusión es importante. Pero la enseñanza que podemos extraer de Santa Mónica va más allá de simplemente evitar una pelea.
Su mirada estaba puesta en algo que consideraba más importante: la conversión y el bien de las personas que amaba. Santa Mónica no dejó de actuar, pero tampoco pretendió controlar la voluntad de los demás. Su principal herramienta fue la oración perseverante, acompañada de la confianza en que Dios podía actuar en la vida de quienes amaba.
Esta es una enseñanza especialmente importante para las relaciones familiares, pues nadie puede cambiar a otra persona si ésta no decide hacerlo libremente.
Podemos aconsejar, dialogar, acompañar y poner límites, pero no podemos controlar las decisiones del otro.
La enseñanza de Santa Mónica: escuchar más a Dios que al ego
Quizá ahí se encuentre la verdadera fórmula de Santa Mónica para no pelear. Más que buscar tener siempre la razón, podemos aprender a elevar la mirada por encima del ego y preguntarnos qué respuesta contribuye realmente al bien de la relación.
Santa Mónica no dejó de enfrentar dificultades. Tampoco tuvo una vida sin conflictos, su ejemplo muestra que es posible atravesar las dificultades sin permitir que el enojo, la frustración o la desesperanza tengan la última palabra.
Su vida estuvo marcada por la paciencia, la perseverancia y la oración. La conversión de su hijo, San Agustín, fue fruto de años de oración y confianza en Dios.
No necesitamos ser santos para comenzar a practicarlo, podemos empezar por algo sencillo, cuando llegue una provocación, hacer una pausa antes de responder; cuando alguien grite, evitar gritar más fuerte; y cuando no podamos cambiar al otro, poner esa situación en las manos de Dios.
Como Santa Mónica, podemos buscar que nuestras relaciones estén guiadas menos por el ego y más por el amor, la misericordia y la confianza en Jesucristo.
Quizá esa sea la verdadera fórmula para no pelear: no intentar vencer al otro, sino aprender a vencer aquello que dentro de nosotros nos lleva a responder desde el enojo.
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

