Opinión

Ángelus dominical: ¿Qué sería de la semana si no existiera el domingo?

DOMINGO, PRIMER DÍA de la semana (primer día de la creación) Dios hizo la luz; pero en domingo también resucitó Jesucristo, nuestro Salvador, Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo y que habiendo padecido una muerte como jamás, nos alcanzó la vida en la presencia del Padre Omnipotente: Vida Eterna…

CUANDO LA IGLESIA nos pide participar en la Santa Misa todos los domingos y fiestas de guardar, lo hace porque en la Eucaristía anunciamos la muerte del Señor, proclamamos su resurrección y así manifestamos nuestro anhelo de su retorno glorioso, para dar fin a la historia humana y que podamos iniciar la eternidad feliz en donde Él reinará glorioso…

EN EL DÍA DEL SEÑOR -eso quiere decir “domingo”- podemos agrupar y sintetizar las experiencias más gozosas, también es día para alegrarnos con el descanso y el encuentro con la familia y amigos, es oportunidad para hacer una pausa en la rutina y abrir los ojos con esperanza hacia la eternidad…


¿QUÉ SERÍA DE una semana cualquiera sin que tuviera el día dichoso, glorioso, especial, luminoso, feliz, llamado “domingo”?; no es día para perder, ni para quejarse, tampoco para desperdiciarlo en el ocio sin sentido ni chiste: domingo es día de luz, día de vida, día de Dios…

TENEMOS NECESIDAD y obligación del trabajo, es parte de nuestra identidad seguir embelleciendo la creación, nuestra misión en este mundo se realiza en las diversas actividades a las que dedicamos seis días cada semana, pero el domingo: ¡el domingo es adelanto del cielo!, ¡el domingo es gozo con el Creador que jamás nos abandona!, ¡el domingo es para llenarnos del Espíritu de Jesús!, ¡el domingo es mucho más importante que todos los días del mes juntos!…

SI ACASO RECIBO alguna noticia bella e importante en lunes, ese lunes se me hace domingo; si tengo algún éxito personal o familiar en martes, ese martes pone cara de domingo; si en miércoles tengo un encuentro agradecido con amigos o con extraños, tal miércoles se dominguea; al llegar el jueves y estar lleno de hechos o palabras dignas de Dios o de los demás, ese jueves lo confundo con domingo; si un viernes lo vivo en gratitud y entrega, será un viernes con esencia dominical; y si el sábado -¡sábado!- acontece algo especial y retador (aunque sea difícil), tal sábado ya huele, ya sabe, ya se siente domingo enterito…

“EL DÍA EN QUE TÚ naciste, nacieron todas las flores” -¡eso!, síguele cantando- seguramente fue domingo, y aunque haya sido cualquier otro día entre semana, pues dale gracias a Dios como si hubieras nacido en domingo; que no pase domingo sin que te peines y te bañes (o al revés), sin que te alegres por tantas bendiciones de Dios que pueden unificarse en el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte…

QUE SE PROHIBA -¡ojalá se pueda!- tener tristezas en domingo, que para llorar ya podríamos tener un ratito durante la semana; que se obligue -bajo pena propia y sin chiste- a que todos los hombres y mujeres nos pongamos felices y dichosos en domingo; que no haya domingo sin que celebremos a Jesús Resucitado…

HAZ LA PRUEBA Y VERÁS que si los lunes y martes, así como los miércoles, jueves y viernes -incluido el sábado- te despiertas y te entregas a tus habituales ocupaciones como si fuera domingo, hasta te va a durar más el gusto, te rendirá mejor el día, y acabarás con la dicha de haber cumplido con gozo la voluntad del Señor…

YO SOSPECHO QUE alguien, y a todo propósito, estableció que en la lengua española los días de la semana terminaran en “s”, a excepción del sábado y del domingo que concluyen con una “o” redondita y sabrosona, como para indicar que ya desde el sábado podemos ir haciéndole un huequito al domingo, Día del Señor…

CADA QUE ASISTAS y participes en la Santa Misa durante la semana, hazlo como si del domingo se tratara, es decir, con toda devoción y afecto; y si sólo participas en la Eucaristía los domingo, pues ni te apures: ¡vívela y celébrala con tal enjundia y ánimo que se recargue la pila para el resto de la semana!…

IMAGINO QUE HECHOS históricos notables y bellos han sucedido en domingo, porque no hay mejor día para la dicha y la felicidad; y ya que Cristo resucitó en domingo, bien pueden adherirse a tal acontecimiento todos los futuros hechos dignos de ser mencionados en la historia personal, familiar, nacional o humana…

NO LE HE PEDIDO a Dios que me llame a su presencia en domingo, pero aunque fuera cualquier otro día, tal día será para mí el inicio del Domingo-Sin-Fin en que mi Creador me llenará de su misericordia, en que mi Redentor me mostrará su rostro, en que el Espíritu Santificador me llenará de su gracia (sí, sé bien que siendo yo tan grande pecador no merezco nada, pero desde ahora ensayo y ensayo y ensayo para suplicar a Dios su misericordia dominical)…

VAMOS HACIENDO una apuesta y ganaré porque estoy seguro -al infinito por ciento- que el día del Juicio Final caerá en domingo y te voy a decir por qué: pues porque Jesús Resucitado es el Alfa y el Omega, el Cordero sin mancha que ha sido inmolado y que ahora vive y reina por los siglos de los siglos…

Puedes leer: Ángelus dominical. Los sufrimientos pasajeros 

 

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