Ángelus dominical: Los sufrimientos pasajeros

CAMINA, ALMA MÍA,/ siguiendo sus pasos/ y toma en tus brazos/ su cruz, ¡con amor!; tal vez la memoria me jugó chueco (el tiempo no pasa en vano) pero así me gusta cantar lo que conocí allá en mis años mozos y provincianos, cuando la Semana Mayor se me hacía gigante y la resurrección aún lejana…

HOY, CON INTERNET, es fácil ir de un lugar a otro, de un ambiente a otro, para conocer tradiciones, costumbres, música, y tantos modos de la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús que han impactado la piedad y la cultura…

YO TE RECOMIENDO que no te enfrasques en recorridos e investigaciones múltiples como si de una competencia se tratara, no; hay que notar que siempre es bonito conocer si es que nos damos tiempo de valorar, que andar del tingo al tango solo por morbosidad, te dejará más vacío de lo que estabas…


RECIBE COMO sugerencia algo sencillo: vive la Semana Santa de la mano de cualquiera de los cuatro relatos que nos aportan los evangelistas, que ahí se encuentran cuatro diversas maneras de subrayar algún detalle, de resaltar algún personaje, de poner énfasis en las palabras de Jesús; que no esperes un documental o una versión “histórica” de lo que si sucedió y de lo que no sucedió; más bien, busca aprovechar la diversidad de los relatos para fortalecer tu fe y para caminar “siguiendo sus pasos”…

ME SUCEDIÓ ALGO que juzgo especial y comparo con lo que acontece en muchos lugares de vacación, en donde celebran una semana antes de lo ordinario la Semana Santa; la razón -allá- es sencilla, pues mientras los no-costeros acostumbran la playa en esos días, los costeros adelantan las celebraciones litúrgicas para poder atender al turismo del que mucho dependen…

LA COMPARACIÓN VIENE porque desde la semana que ya acabó parecería que los acontecimientos me empujaron a vivir mi propia “semana santa” por adelantado, y si bien es casi nada lo que sufrí, el haberlo vivido en carne propia siempre parece mayor…

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SI HAGO CUENTAS podría decir que me tocaron como tres cireneos, ocho verónicas, hijas de Jerusalén fueron pocas, tal vez un solo caifás, dos herodes, cinco pilatos, un judas, (yo hubiera preferido sólo la mitad de un octavo), dos gestas y ningún dimas; debo decir que por ningún lado llegó el domingo de ramos aunque el Getsemaní creo que seguirá luego de la resurrección…

NO DIGAS NI PIENSES que estoy banalizando los acontecimientos de nuestro Redentor, más bien estoy compartiendo algo de mi pobre sufrimiento que hoy hago estentóreo como para recordar mi fragilidad, para agradecer lo que Jesús hizo por mí y por ti y por todos; y date cuenta que -así chillando yo- también puedes tú sentirte incluido…

TAL VEZ TÚ HAS SUFRIDO mucho más que yo -no lo dudo- pero probablemente tú no has tenido la ocasión de llorarlo, de hacer ligera tu carga al compartirla como lo hago yo ahora; ¡ah!, muy cierto: al platicar las propias penas sentimos que se aligeran y ciertamente no desaparecen pero se hacen más llevaderas…

NO TE DARÉ DETALLES personales, pero el cansancio físico, sumado al desgaste emocional, y encima la tensión que genera cualquier problema, y aunado todo esto al miedo, a la inseguridad, a la falta de horizontes, a la sensación de soledad y a la propia y natural incapacidad para ser propositivos, pues da como resultado una pasión casi iztapalapense y todavía nos falta muuuucho para que se parezca a la de Jesús…

CONSIDERO QUE los sufrimientos de esta vida son nada en comparación con la gloria que se nos revelará (Rm 8, 18), así argumentaba san Pablo y conste que no le tocó cosa fácil, ni tan pasajera, pues si primero sufrió porque su fe judía se veía amenazada, y luego se topó con Jesús y le cambió todo el horizonte, y luego sufrió porque los apóstoles andaban algo titubeantes, y después se enfrentó a sus paisanos, más adelante habría de recibir reproches y juicios de parte de las primeras comunidades cristianas, ¡uf!, terminaría poniéndose al tú por tú por los romanos, ¡ah!, ciertamente tomaba valor por la gloria que le sería revelada…

ESTOY CIERTO QUE casi ya estás haciendo lista de tus propios sinsabores y angustias, de tus pesares y sufrimientos; ¡hazla!, pero no te olvides que todo el dolor, todas las penas, todas las vicisitudes de esta vida se harán nada porque estamos destinados a la gloria que Dios Padre nos tiene reservada; así que ten la mirada clara y el corazón abierto, pero no por mero mecanicismo y afán de negociación, sino por la certeza de que Dios nos tiene destinados a su presencia…

TE PIDO QUE PONGAS en tu intención y en tu corazón, todas-toditas las circunstancias difíciles y desesperadas, grises y pesadas, tremendas y angustiantes de tantos hombres y mujeres a lo largo y ancho del mundo entero, que si las incluyes en la pobreza de tu ser, ciertamente comenzarás a parecerte a Jesús, el Salvador del Mundo, pues ya andarás “siguiendo sus pasos”, como dice la plegaria que aprendí desde chiquillo…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México. 

 

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