Opinión

Ángelus dominical: Dios consolida nuestros tiempos futuros…

SE HACE CHIQUITO el pasado porque el presente siempre nos urge y apremia; se hace chiquito el pasado porque la memoria encoge y el olvido se agranda; se hace minúsculo el pasado porque las capas de polvo se van acumulando y hacen que pierda brillo y fuerza lo que en su momento fue grande, impactante, tremendo…

EL IMPERIO ROMANO tuvo en Nerón y Calígula a dos de los gobernantes que pasaron a la historia como de los peores; en el siglo XX Alemania vio el surgimiento y ocaso de un líder cuyo nombre es casi preferible omitir; el término “sátrapa” que significa “el que cuida el país”, originalmente designaba a gobernantes persas elegidos por el rey, pero ha pasado a ser sinónimo de tirano y déspota (lamentablemente ha habido un sinnúmero dignos de ese nombre)…

GRACIAS A TANTOS buenos gobernantes el mundo ha vuelto -una y otra vez- a tener paz y progreso; gracias a hombres y mujeres que antepusieron el bien común a sus propios intereses, se ha logrado que las naciones vuelvan a encontrarse en armonía y colaboración; gracias a auténticos héroes y heroínas preclaras, el mundo y sus alrededores sigue en buena paz y colaboración…


HOY MISMO EN LA MAÑANA pregunté a un pequeño grupo de personas sobre los personajes de la historia que más admiran; el resultado me sorprendió en buena medida, pues se mencionaron personajes que yo no creí que serían considerados: Mahatma Gandhi, Albert Einstein, Martin L. King, Nelson Mandela, entre los de otras latitudes, y entre los nacionales surgieron nombres como Sor Juana Inés de la Cruz, José María Morelos, ¡y Porfirio Díaz!…

DENOMINADOR COMÚN a tales personajes fue su trabajo realizado en favor de los demás y no precisamente para su propio provecho; se dedicaron a lo que sabían, a lo que anhelaban, a lo que urgía en su tiempo y en su ambiente, y ahora los tenemos como modelo o punto de referencia; los otros -tiranos, demagogos, opresores- acaso son recordados pero para advertir por dónde no se debe regresar…

Y ABUSO UN POCO de tu atención para señalar que grandes obras y monumentos en este bendito suelo mexicano (como la Columna de la Independencia, o el Teatro Juárez en Guanajuato, o el Palacio de Bellas Artes, o el monumento a la Revolución), hoy nos llenan de orgullo y fueron impulsados y promovidos por un personaje altamente denostado en la historia oficial: Porfirio Díaz…

SE HACE ENORME el futuro cuando recogemos el trigo y quemamos la cizaña, como decía Jesús; se engrandece el futuro al valorar lo poco o mucho (la cantidad ahora es lo de menos) de lo bueno y bello que vamos logrando como familia, como pueblo o nación, como raza humana; se presenta prometedor el futuro cuando somos capaces de abrirnos a la esperanza…

SIGO APRENDIENDO y no dejo de valorar el trabajo del campesino, que coloca una semilla en tierra y espera la lluvia oportuna y suficiente, que planta un árbol frutal y espera -a veces por años- para que se fortalezca y fructifique, que no se da por vencido aunque aparezca la sequía o la plaga, que vuelve a remover la tierra en torno a la higuera y la abona para ver si el año próximo da fruto (¡claro!, eso está en Lc 13,8)…

TÚ Y YO HEMOS VISTO cómo los niños de hace unos años, ahora son jóvenes y adultos que van tomando la estafeta e inyectan nuevos bríos a las generaciones que poco a poco vamos llegando a la tercera edad o a las que le siguen; nos llega a parecer increíble, pero esa es la ley de la vida, y de fondo podríamos volver a escuchar las palabras de Juan el Bautista: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30)…

MUY CONTRARIO A los tamaños de los tiempos opuestos (el pasado chiquito y el futuro enorme), el presente se yergue en su actualidad instantánea, en su fugacidad inmediata, en su brevedad tan mínima que basta con decir “ahora”, para que resulte que “ya fue”; no obstante, hay una excepción que rebasa y supera todo lo que es posible decir, y tal excepción es la de quien puede decir “YO SOY” con toda propiedad y perpetuidad, con toda certeza y sin sombre de caducidad…

Y SÍ, ALLÁ EN EL LIBRO del Éxodo (3,14) Dios se le presenta a Moisés en medio de la zarza que ardía sin consumirse y ahí mismo le revela su identidad: YO SOY, y más que ser un nombre es su esencia, y más que describir un ser se expresa lo propio y exclusivo de ese Ser: su presente absoluto, su presente perpetuo, su presente sin rastro de pasado chiquito y sin anhelo de futuro enorme; sencillamente es “YO SOY”… SAN JUAN APÓSTOL, que también fue evangelista, presentó varias ocasiones a Jesús -verdadero hombre- con las palabras del nombre Divino -del verdadero Dios- y eso enojó tanto a escribas y fariseos, a doctores de la ley y a sacerdotes del templo de Jerusalén: YO SOY la Luz del Mundo, YO SOY el Pan de Vida, YO SOY la resurrección y la vida…

TERMINO MI PÁGINA con una sencilla invitación: dispongámonos a un futuro enorme amparándonos en el presente permanente de Dios, y puesto que Él dice YO SOY, entonces estamos ante quien desenmaraña todos nuestros tiempos pasados y consolida nuestros tiempos futuros…

 

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