De un funcionario anticorrupción a una madre de siete hijos: los santos laicos de junio

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De un funcionario anticorrupción a una madre de siete hijos: los santos laicos de junio

La paternidad de Dios es una de las verdades más consoladoras del cristianismo. Descubre su significado y a los santos laicos de junio.

2 junio, 2026
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El Diácono Adolfo Prieto es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Iberoamericana; tiene una segunda licenciatura en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México y la Universidad La Salle; una maestría por en Ciencias de la Familia por el Instituto Juan Pablo II de la Universidad Anáhuac y otra en Teología por la Universidad Lumen Gentium. Actualmente cursa un doctorado en Teología Espiritual. 

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Hablemos de la paternidad de Dios para con los hombres. En una época marcada por la incertidumbre, la soledad y la fragmentación de muchas relaciones humanas, hablar de la paternidad de Dios adquiere una profundidad especial. Para el creyente, Dios no es una fuerza impersonal ni un ser lejano e indiferente; es Padre. Así lo reveló Jesucristo con palabras y obras, mostrando un rostro divino lleno de misericordia, cercanía y amor incondicional. La paternidad de Dios para con los hombres constituye uno de los pilares más consoladores y transformadores de la fe cristiana.

Desde el inicio de la Sagrada Escritura, Dios se manifiesta como creador amoroso. El libro del Génesis presenta al ser humano como creatura hecha a imagen y semejanza de Dios, llamada a vivir en comunión con Él. No somos fruto del azar ni existencia accidental; provenimos de un acto de amor. La paternidad divina se expresa, ante todo, en el don de la vida. Dios crea, cuida y sostiene a la humanidad, incluso cuando ésta se aparta de su voluntad.

En el Antiguo Testamento, aunque la imagen de Dios Padre aparece de forma gradual, ya se vislumbra una relación de ternura y fidelidad. El profeta Isaías transmite palabras conmovedoras de Dios hacia su pueblo: “¿Puede una madre olvidarse de su criatura? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré” (Is 49,15). También el pueblo de Israel reconoce a Dios como un Padre que guía, corrige y protege. La paternidad divina no anula la justicia, pero siempre está impregnada de misericordia.

Es, sin embargo, en la persona de Jesús donde esta verdad alcanza su máxima revelación. Cristo llama constantemente a Dios “Padre” y enseña a sus discípulos a dirigirse a Él con confianza filial: “Padre nuestro que estás en el cielo” (Mt 6,9). Esta expresión no es solamente una fórmula de oración, sino una manera nueva de comprender la relación entre Dios y los hombres. Jesús revela que Dios no es un juez distante, sino un Padre amoroso que conoce nuestras necesidades antes de que se las presentemos, que escucha nuestras súplicas y que permanece cercano en todo momento.

La parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-32) es quizá la imagen más bella de la paternidad divina. Allí encontramos a un padre que no deja de amar, incluso cuando el hijo se aleja; un padre que espera pacientemente, perdona sin reproches y restituye la dignidad perdida. En esta narración, Jesús muestra el corazón de Dios: un Padre que nunca se cansa de recibir a sus hijos y que sale a su encuentro cuando regresan heridos por la vida o por el pecado.

Hablar de la paternidad de Dios implica también reconocer nuestra dignidad como hijos. Por el bautismo, el cristiano entra en una relación íntima con Dios y puede llamarle verdaderamente Padre. Esto transforma la manera de vivir: nadie está abandonado, nadie camina solo, nadie carece de valor. Somos hijos amados y llamados a vivir como hermanos. De esta verdad brota también el fundamento de la fraternidad humana y de la solidaridad cristiana.

En un mundo donde muchas personas han experimentado ausencias, heridas o dificultades relacionadas con la figura paterna, Dios ofrece una experiencia distinta: una paternidad perfecta, que no falla ni abandona. Él acompaña en el sufrimiento, fortalece en la debilidad y permanece fiel aun cuando nosotros dudamos. Como afirma el salmista: “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recogerá” (Sal 27,10).

Redescubrir la paternidad de Dios es recuperar la confianza, la esperanza y la certeza de que nuestra vida tiene sentido. Saber que Dios es Padre no elimina las pruebas, pero sí cambia la forma de afrontarlas, porque quien se sabe hijo nunca pierde del todo el camino. En definitiva, la gran noticia del Evangelio es ésta: tenemos un Padre que nos ama infinitamente y cuyo amor jamás se agota.

Santos laicos de junio

1 de junio. San Justino Mártir. Filósofo pagano convertido al cristianismo después de una intensa búsqueda de la verdad. Defendió la fe con inteligencia y valentía ante las autoridades romanas, hasta sufrir el martirio hacia el año 165. Su enseñanza pastoral: La fe y la razón no se oponen. El laico está llamado a dar razón de su esperanza en ambientes culturales, educativos y sociales.

3 de junio. San Carlos Lwanga y compañeros mártires. Joven laico y catequista ugandés del siglo XIX. Defendió la dignidad humana y permaneció fiel a Cristo frente a la persecución del rey Mwanga. Su enseñanza pastoral: Los jóvenes laicos pueden transformar la sociedad con valentía y pureza de vida.

9 de junio. Beata Anna María Taigi. Esposa y madre de siete hijos. Vivió intensamente la oración en medio de los deberes domésticos y el cuidado de su familia. Su enseñanza pastoral: La cocina, el trabajo y el cuidado de los hijos pueden convertirse en camino de santidad.

12 de junio. Beato Floribert Bwana Chui. Funcionario aduanal que rechazó actos de corrupción y fue asesinado en 2007 por mantenerse íntegro. Su enseñanza pastoral: La honestidad profesional es un testimonio cristiano poderoso.

22 de junio. Santo Tomás Moro. Padre de familia, jurista y canciller de Inglaterra. Rehusó actuar contra su conciencia y murió mártir en 1535. Su enseñanza pastoral: El cristiano laico debe vivir con coherencia ética en la política, el derecho y la vida pública.

22 de junio. San Paulino de Nola. Fue senador romano y esposo antes de abrazar una vida de austeridad cristiana. Su enseñanza pastoral: La riqueza y el prestigio encuentran su verdadero sentido en el servicio.

24 de junio. San Juan Bautista. Inspira a los fieles por su testimonio profético y su enseñanza pastoral: El cristiano debe preparar caminos para Cristo con humildad: “Es necesario que Él crezca”.

27 de junio. Beato Josselin (Jocelino). Esposo ejemplar que vivió la fe desde sus responsabilidades familiares y sociales. Su enseñanza pastoral: La familia es el primer espacio de evangelización.

30 de junio. Primeros Santos Mártires de la Iglesia de Roma. Hombres y mujeres, muchos de ellos laicos, perseguidos bajo el emperador Nerón. Su enseñanza pastoral: El testimonio silencioso de los fieles sostiene la Iglesia incluso en tiempos difíciles.

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El Diácono Adolfo Prieto es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Iberoamericana; tiene una segunda licenciatura en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de México y la Universidad La Salle; una maestría por en Ciencias de la Familia por el Instituto Juan Pablo II de la Universidad Anáhuac y otra en Teología por la Universidad Lumen Gentium. Actualmente cursa un doctorado en Teología Espiritual.