La Iglesia de Santo Domingo: milagros, túneles y arte escondido en la CDMX
La Iglesia de Santo Domingo, en el Centro Histórico, guarda entre sus muros historias de fe, arte virreinal y leyendas sobre túneles secretos bajo la ciudad.
En pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, la Iglesia de Santo Domingo que es parte de la Arquidiócesis de México, se alza como un testimonio vivo del arte virreinal del siglo XVIII. A diferencia de muchos templos antiguos, este recinto ha logrado conservar su esencia original, pues ha tenido muy pocas intervenciones o reconstrucciones a lo largo de su historia.
Una de sus características más singulares es la convivencia de estilos artísticos: dentro del mismo templo coexisten altares barrocos y neoclásicos, algo poco común en el arte religioso novohispano.
Barroco y neoclásico: dos estilos en un mismo templo
Durante el Virreinato, el barroco dominaba los templos de la Nueva España, con ornamentos recargados y abundantes dorados. Sin embargo, hacia finales del siglo XVIII surgió el neoclásico, de líneas más sobrias y proporciones equilibradas.
En Santo Domingo se inició el proceso de sustituir los antiguos altares barrocos por otros neoclásicos, pero el cambio quedó inconcluso. Por eso, el templo conserva un aspecto que muchos llaman “campechaneado”: un altar barroco, otro neoclásico, y así sucesivamente, hasta llegar al altar mayor. Este mosaico visual permite apreciar la transición artística que marcó el final del periodo virreinal.
La capilla del Señor del Rebozo: una leyenda de amor y fe
Uno de los espacios más enigmáticos del templo es la capilla del Señor del Rebozo, donde se venera una imagen de Cristo Nazareno del siglo XVII. La tradición cuenta que en el antiguo convento de Santa Catalina de Siena vivía una novicia, Sor Severa de Santo Domingo, profundamente devota del Cristo. Con los años, la religiosa enfermó y ya no pudo acudir a rezarle. Una noche de frío intenso y tormenta, le rogó al Señor que la abrigara con su amor.
Poco después, un mendigo llamó a su puerta pidiendo pan y abrigo. Sor Severa lo alimentó y lo cubrió con su rebozo de lana. A la mañana siguiente, fue hallada sin vida, con una expresión serena. En el templo, el Cristo apareció misteriosamente cubierto con el rebozo de la monja. Desde entonces, la imagen fue conocida como el Señor del Rebozo, y trasladada al Templo de Santo Domingo, donde hoy cientos de rebozos cuelgan en su capilla como ofrenda de fe.
La leyenda del túnel bajo Santo Domingo
Además de su belleza arquitectónica, el templo también guarda leyendas subterráneas. Vecinos y cronistas del Centro Histórico afirman que bajo la Iglesia de Santo Domingo se extienden antiguos túneles que conectaban el convento dominico con otros recintos coloniales cercanos, como el Templo de la Enseñanza y el Palacio de la Inquisición.
De acuerdo con un reportaje de Excélsior (Los túneles secretos del Centro Histórico”, 2023), durante obras de mantenimiento en la zona se descubrieron accesos sellados que podrían corresponder a esos pasadizos. Algunos historiadores sostienen que dichos túneles servían para trasladar documentos, objetos sagrados o resguardar religiosos perseguidos durante las revueltas del siglo XIX.
Aunque no existen registros oficiales que confirmen por completo su extensión, la tradición oral mantiene la idea de que bajo los cimientos del templo aún duermen galerías de piedra y bóvedas olvidadas, testigos de los siglos en que la Ciudad de México se construía sobre secretos y fe.
El altar mayor de Manuel Tolsá, una joya restaurada
El retablo del altar mayor fue diseñado por el célebre arquitecto Manuel Tolsá, aunque no alcanzó a concluir sus acabados. Durante más de un siglo permaneció sin restaurar, hasta que recientemente fue intervenido con técnicas de conservación patrimonial.
Durante la limpieza de las capas de pintura se descubrieron cuatro columnas de mármol coral, lo que inspiró a aplicar la técnica de la escayola, es decir, yeso finamente pulido y pintado para simular el mármol. Además, se utilizó hoja de plata en el fondo del altar, para aportar brillo sin romper la armonía con los retablos barrocos vecinos.
Sin duda que el Templo de Santo Domingo es un espacio donde la transición artística virreinal conviven y es una parada obligada del turismo religioso en la CDMX.
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