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¿Qué son las novenas y por qué las rezamos?

Las novenas suelen tener un sentido evangelizador que ilumina nuestra fe.
Además de la Misa, rezar el Rosario es lo más recomendable. Foto: Cathopic
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Cuando la comunidad católica celebra alguna gran fiesta, suele prolongarla durante toda una octava y culmina este tiempo de fiesta con una celebración solemne que reafirma el misterio de fe que causa nuestra alegría. Navidad y Pascua tienen octava, pero de hecho, a nivel popular, todos los santos patronos de los pueblos tienen su octava.

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Y si la Iglesia prolonga la celebración de una fiesta durante ocho días más, ¿por qué no prepararla durante otros ocho días? Las novenas son la preparación de una fiesta durante ocho días y el día de la fiesta es el noveno. Las fiestas se preparan como lo hace la Iglesia para preparar la Navidad con el Adviento y para preparar la Pascua con la Cuaresma. Estas preparaciones son tiempo de oración, de reconciliación y de penitencia. Las novenas son, por lo tanto, nueve días de oración, reconciliación y penitencia para honrar a Dios, a la Virgen o a algún santo.

Las novenas nos ayudan a crear un ambiente favorable al encuentro con Dios, crean un clima de familiaridad y hacen de la novena días santos en los que hacemos más consciente la presencia de Dios en nuestra vida.

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Las novenas nos hacen manifestar nuestra confianza en la providencia de Dios y hacen que nos sintamos humildemente necesitados de su auxilio.

Son también una oportunidad para reunirse dos o más en el Nombre de Jesús para que Él esté con nosotros, y, finalmente, las novenas suelen tener un sentido evangelizador que ilumina nuestra fe.

Las novenas más famosas

En México somos muy amantes de las novenas, dos de ellas forman parte de nuestra cultura como costumbres ancestrales: las posadas y el novenario de difuntos.

¡Las posadas son una novena! Por más que las hemos convertido en fiestas populares y hasta en bailes. Inventadas por los monjes agustinos de Acolman, Estado de México, en tiempos de la primera evangelización, cundieron por toda nuestra patria y echaron raíces profundas. Debemos esforzarnos por conservarlas y por darles su verdadero sentido de novena de preparación a la Navidad. El ambiente festivo es para hacerlas gratas e inolvidables.

El novenario de difuntos también está firmemente enraizado en nuestra cultura con todos los hermosos símbolos que lo rodean, como la cruz y su “levantamiento” y los signos de hospitalidad que ofrecen los deudos a los que acuden a rezar.

¡No caigamos en supersticiones!

Las novenas pierden su bondad cuando se contaminan de superstición.

Es malo darles un sentido mágico que las hace infaliblemente poderosas para obligar a Dios o a algún santo a conceder un favor.

Es malo hacerlas depender de un número determinado y fijo de días para que sean efectivas. ¿Por qué han de ser 9 y no 7 u 11 días?

Se vuelven malas cuando lo que se pide no es grato a Dios, por ejemplo, una venganza o conseguir el amor de una persona casada.

Son irracionales cuando hacemos novenas en honor de un santo, cuya vida ni siquiera conocemos.

Son supersticiosas cuando le atribuimos a un santo el poder que solamente Dios tiene. Dios es el único dueño del poder de hacer milagros y de otorgar gracias. Los santos son intercesores nuestros ante Dios.

Son supersticiosas si las acompañamos de signos absurdos “para darles mayor efectividad”: al final de la novena poner un candado ante la imagen de San Benito de Palermo, un listón a San Charbel, trece moneditas pedidas de limosna a San Antonio para conseguir novio, y otras costumbres que serían divertidas si no fueran desviaciones de la fe.

Se puede, legítimamente, ofrecer algún regalo a Dios como signo de agradecimiento por un don recibido, nunca para “comprar” ni para “comprometer” a Dios.

Las novenas son muy comunes dentro de la religiosidad popular y se recomiendan entre amigos o se acude al vendedor de novenas y se le pregunta, como si fuera un farmacéutico, cuál novena es buena para conseguir trabajo o para pedir la salud o para pedir el regreso de un ser querido.

Y debemos hacerlas tomando en cuenta que no son un contrato por el cual obligamos a Dios a cumplir con la parte que le corresponde; que cuando pedimos lo hacemos sabiendo que Dios concede sólo lo que nos conviene, y siempre lo que en realidad necesitamos sin que lo pidamos.

A la oración añadamos siempre una actitud de conversión, acerquémonos a la Confesión y recibamos la santa comunión. Durante el tiempo de la novena procuremos hacer obras de misericordia y vivir cierto recogimiento espiritual. Si la novena es en honor de un santo, procuremos por lo menos leer la vida de ese santo.