Sabías que

¿Qué es la Envidia? Tristeza por el bien ajeno

La codicia se sacia cuando tengo el bien que el otro tiene; la envidia, en cambio, no se sacia de esta manera.
La envidia manifiesta el deseo desordenado de poseer el bien del prójimo.
La envidia manifiesta el deseo desordenado de poseer el bien del prójimo.

De los siete pecados capitales, la envidia es un caso particular, pues no se sacia con la consecución de un placer, sino cuando otro pierde un bien.

“Cada pecado busca un móvil, un placer o una ventaja. En cambio, la envidia no persigue estrictamente ningún bien aparente o real. Al contrario, la envidia es un sentimiento de dolor por el bien ajeno”, explicó Jorge Medina Delgadillo, profesor de Ética en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

En entrevista, el especialista puso como ejemplo a un hombre que envidia el feliz matrimonio de alguien más; éste –dice- no desea una pareja para sí mismo, sino el divorcio de la otra persona.

“La codicia se sacia cuando yo tengo el bien que tú tienes; la envidia, en cambio, no se sacia así (…) la envidia es, en cierta manera, una alegría por el mal ajeno”.

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“Ese proceso inmoral por el cual yo quiero tener el bien que tú tienes se llama codicia y se sacia cuando yo tenga un coche igual al tuyo. La envidia no se sacia así, se satisfaría cuando tú dejes de tener ese coche”, agregó Medina Delgadillo, doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana.

Según la tradición, Lucifer fue un ángel de extraordinaria belleza que, por soberbia, se rebeló contra Dios al sentirse igual que Él. No obstante, para el catedrático, el móvil del demonio a raíz de su caída en desgracia no sería la soberbia sino la envidia.

“El padre de la Envidia -como de todos los pecados- es el demonio, porque tiene una envidia fundamental, que es la salvación. Dios se hizo hombre para llevarnos al Padre (…) y la ‘alegría’ del demonio estribaría principalmente en que el hombre no tenga la salvación que él no tiene”.

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Sobre el término “envidia de la buena”, Medina explicó que ésta no existe, pues es una perversión en sí misma. Aristóteles, en su obra Ética a Nicómaco, mencionaba algo muy interesante sobre la envidia.  El filósofo decía que es un “absoluto moral”, es decir, nunca hay una cantidad correcta de envidia.

“Nadie puede decir que dos ‘envidias’ al día es una cantidad justa, como sí puedes decir de una copa de vino, una copa es buena y hasta saludable, pero sí te excedes, es malo. La envidia no tiene exceso ni defecto, en sí mismo cualquier acto de envidia es detestable”.

Por último, el doctor Medina aseguró que es importante distinguir la envidia de otros sentimientos nobles, como el deseo de superación.

“Es sano querer algo más para mis hijos, para mi esposa, para mí, ya sea en lo educativo, en lo económico, en lo cultural o en lo religioso. Eso no es perverso, al contrario, es un motor de la acción humana y a esto podríamos llamarlo sana ambición o una bien entendida motivación”.

¿Qué dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la Envidia?

  • La envidia manifiesta el deseo desordenado de poseer el bien del prójimo, aunque sea en forma indebida.
  • San Gregorio decía: “De la envidia nacen el odio, la maledicencia y la calumnia”.
  • En su Sermón sobre la disciplina cristiana, San Agustín veía en la envidia el “pecado diabólico por excelencia”.