El cuerpo de San Charbel se colocó en un féretro sellado, que se conserva hasta hoy en una capilla del Monasterio de San Marón de Annaya. Foto Especial.
San Charbel Makhlouf, uno de los santos más venerados en la Iglesia católica y especialmente en la tradición maronita, murió el 24 de diciembre de 1898 en el Monasterio de San Marón de Annaya, Líbano, después de una vida dedicada a la oración, al silencio y al ascetismo, por lo que de acuerdo con la tradición su cuerpo se colocó en una tumba de dicho lugar.
Los registros oficiales del Monasterio maronita, así como la documentación recopilada por la entonces Congregación para las Causas de los Santos (ahora Dicasterio para las Causas de los Santos), describen con detalle lo que ocurrió en su primera sepultura y los fenómenos extraordinarios que comenzaron a manifestarse las semanas posteriores a la muerte de San Charbel.
Tras su muerte, los monjes de Annaya colocaron el cuerpo de Charbel Makhlouf en un ataúd sencillo de madera, siguiendo la tradición monástica y posteriormente lo enterraron en la tumba común del monasterio, un espacio destinado a los religiosos que morían en comunidad.
La cripta en la que fueron colocados inicialmente los restos del santo maronita carecía de una ventilación adecuada, por lo que solía tener humedad, una característica común en los monasterios de montaña del siglo XIX.
Los documentos que se encuentran en el monasterio señalan que nada extraordinario ocurrió el día del entierro de San Charbel, pero sí en las noches siguientes.
De acuerdo con los datos recabados, a partir de enero de 1899, apenas días después del entierro del monje ermitaño, diversas personas del pueblo de Annaya y monjes del mismo monasterio comenzaron a reportar un fenómeno sorprendente: luces intensas aparecían sobre su tumba, las cuales eran visibles desde la distancia.
Campesinos que pasaban de noche por la zona describieron lo que parecía ser una gran luminaria, como si la tumba brillara. Este hecho fue confirmado por varios monjes, quienes informaron a su superior y ante la persistencia del fenómeno, el monasterio solicitó una inspección eclesiástica.
La inspección eclesiástica de los fenómenos en la primera tumba de San Chárbel la realizó la Diócesis Maronita local (específicamente la Eparquía de Jbeil/Byblos, a la que pertenece Annaya) y, posteriormente, por comisiones designadas directamente por la Santa Sede en el Vaticano como parte del proceso de beatificación y canonización.
En esos testimonios, obtenidos por los miembros de las comisiones e integrados en los archivos de la Causa de Canonización de San Charbel, quedó asentado que la presencia de las luces no se pudo explicar por causas naturales.
La Iglesia autorizó abrir la primera tumba del santo en la primavera de 1899 y al hacerlo, encontraron el cuerpo de San Charbel incorrupto, flexible y con apariencia de estar vivo, sin signos de descomposición.
Pero lo más sorprendente fue otro fenómeno que pudieron apreciar: el cuerpo del monje eremita exudaba un líquido rojizo, compuesto de agua y sangre, en cantidades inusuales.
Los monjes del monasterio describieron la exudación como continua, que impregnaba el hábito monástico y empapaba el ataúd. Ante ese hallazgo, decidieron colocarlo en un nuevo ataúd y trasladarlo temporalmente a una habitación del monasterio.
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Entre 1899 y 1927, por casi 28 años, el cuerpo de San Charbel nunca dejó de exudar, por lo que, según consta en los registros monásticos:
Los médicos enviados por la Iglesia maronita para investigar el caso describieron que la exudación procedía de “todas las partes del cuerpo” de Charbel, algo incompatible con un cadáver. Los estudios realizados en 1927 confirmaron que el fenómeno no se debía a humedad ambiental ni a procesos biológicos ordinarios.
En 1927, la Iglesia autorizó trasladar definitivamente el cuerpo de San Charbel a un nuevo sepulcro dentro del monasterio, en un ambiente más adecuado y vigilado. Durante esta exhumación se confirmó nuevamente que el cuerpo permanecía flexible e incorrupto.
Tras el traslado a la nueva tumba, la exudación comenzó a disminuir hasta desaparecer. A partir de ese momento, el cuerpo lo colocaron en un féretro sellado, que se conserva hasta hoy en una capilla del monasterio.
El proceso de la inspección eclesiástica a la primera tumba de Charbel Makhlouf para verificar el fenómeno de las luces, así como la exudación que mostraba el cuerpo, incluyó varias aperturas del sepulcro y exámenes médicos y científicos del cuerpo, que permaneció incorrupto durante décadas después de su muerte en 1898.
Estos fenómenos, documentos durante varios años por las autoridades eclesiásticas y civiles, y sirvieron como base para los procesos que llevaron a su beatificación en 1965 y su canonización en 1977 por el Papa Pablo VI.
Los fenómenos de su tumba y su cuerpo jugaron un papel clave en su causa de canonización. De hecho la entonces Congregación para las Causas de los Santos avaló la autenticidad de los testimonios y de los exámenes médicos, que no lograron explicar humanamente la exudación.
Hoy, su tumba en Annaya es uno de los lugares de peregrinación más visitados de Medio Oriente, y miles de personas siguen reportando favores y milagros atribuidos a su intercesión.
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