El Camino Neocatecumenal explicado desde dentro: misión, familia y comunidad

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El Camino Neocatecumenal explicado desde dentro: misión, familia y comunidad

¿Cómo se vive realmente el Camino Neocatecumenal? Un obispo mexicano surgido de esta realidad eclesial y un neocatecúmeno itinerante comparten su experiencia de fe, comunidad y misión dentro de la Iglesia Católica.

29 mayo, 2026
El Camino Neocatecumenal explicado desde dentro: misión, familia y comunidad
A través del testimonio de Andrés Luis García Jasso y de una familia itinerante, descubrimos cómo el Camino Neocatecumenal busca renovar la fe, fortalecer la vida comunitaria y transmitir el Evangelio a nuevas generaciones.
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Luis Cortés Acosta era apenas un niño cuando conoció el Camino Neocatecumenal. Sin imaginarlo, aquel encuentro con la fe marcaría su vida. Con el paso de los años, ese itinerario de formación cristiana no solo fortaleció su relación con Dios, sino que también lo llevó a vivir experiencias de misión junto a su esposa y sus hijos.

Hoy, son precisamente sus hijos quienes transmiten ese tesoro espiritual que él recibió en casa: una fe viva, cercana y compartida en comunidad.

Una experiencia similar marcó la vida de Andrés Luis García Jasso, quien estudió en el Seminario Misionero Arquidiocesano Redemptoris Mater de la Ciudad de México, perteneciente al Camino Neocatecumenal. Además, es considerado el primer obispo mexicano surgido de esta realidad eclesial.

En entrevista con Desde la fe, ambos compartieron qué es el Camino Neocatecumenal, cómo nació, cuál es su misión dentro de la Iglesia y por qué muchas familias encuentran ahí una manera concreta de vivir la fe, que este 2026 cumple su 60º aniversario.

¿Qué es el Camino Neocatecumenal dentro de la Iglesia Católica?

Camino Neocatecumenal
A la derecha, Monseñor Andrés Luis García Jasso en el 50 Aniversario del Camino Neocatecumenal en México, celebrado en la Basílica de Guadalupe.

¿Qué es el Camino Neocatecumenal?

Mons. García Jasso explica que el Camino Neocatecumenal busca ayudar a las personas bautizadas a redescubrir el sentido de su bautismo a través de un proceso de formación cristiana vivido en comunidad.

“A diferencia de los catecúmenos que se preparan para recibir el bautismo, aquí se trata de personas ya bautizadas que recorren un camino para descubrir qué significa realmente ser hijos de Dios”, explica.

Por eso muchas personas dicen —de forma popular— que en el Camino “se vive un segundo bautismo”. En realidad, la Iglesia Católica enseña que el bautismo se recibe una sola vez. Lo que propone el Camino es redescubrir y vivir profundamente ese bautismo ya recibido.

Este proceso se vive en pequeñas comunidades donde la fe no se queda solamente en la teoría, sino que intenta trasladarse a la vida diaria: la familia, la oración, la convivencia y el servicio.

¿Cuál es su origen y quiénes son sus fundadores?

El Camino Neocatecumenal surgió en el año 1964 en Palomeras Altas en Madrid, España, en las chabolas -una especie de ciudades perdidas- en medio de los pobres y de los alejados.

Sus fundadores fueron Kiko Argüello y Carmen Hernández, quienes comenzaron a evangelizar viviendo entre personas marginadas y alejadas de la Iglesia.

Kiko, pintor español inspirado por la espiritualidad de Charles de Foucauld, sintió el llamado de compartir la vida con los pobres. Carmen, por su parte, tenía inquietudes misioneras y experiencia catequética.

Juntos comenzaron pequeñas comunidades donde las personas escuchaban la Palabra de Dios y aprendían a vivir la fe de manera práctica y cercana.

“Los dos coincidieron en esa realidad en medio de los pobres y empezaron a gestar el vivir en pequeñas comunidades, gente que se conocía y que iban profundizando en conocer la palabra de Dios, pero no de una manera teórica, sino descubriendo cómo esta palabra se convertía en una palabra viva que calaba en su propia persona”, explica Mons. García Jasso, era la invitación a ser cristiano y a transformar su vida.

¿Cómo llegó a la Iglesia? Los primeros pasos del Camino Neocatecumenal

Con el tiempo, el entonces arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo, comenzó a acompañar esta experiencia. Más adelante, el Camino llegó a Roma y se puso al servicio de parroquias y obispos como una herramienta de evangelización para personas alejadas de la fe.

Durante el pontificado de Benedicto XVI, en 2008, sus estatutos fueron aprobados de manera definitiva por la Santa Sede.

Actualmente, el Camino Neocatecumenal está presente en miles de parroquias alrededor del mundo.

Los primeros pasos del Camino Neocatecumenal

El arzobispo de Madrid, en ese entonces, Monseñor Casimiro Morcillo, empezó a dar un acompañamiento para que el Camino se fuera gestando y dando frutos. Posteriormente, la iniciativa llegó a una parroquia en Zamora, España.

“Al principio intentaron que estos pobres se acercaran a la parroquia, pero la verdad es que la gente de la parroquia no estaba tampoco preparada para que una ‘palomilla’ de gente a lo mejor con ‘dudosa reputación’ se acercara a lo que era la vida normal de una parroquia”.

Entonces, explica Mons. García Jasso, se vio la necesidad de llevar un proceso en donde los alejados pudieran vivir la la fe en pequeñas comunidades, llevando un proceso de oración en la fe antes de ser incorporados a una vida parroquial: tenían que llevar primero un proceso de evangelización.

Conforme iba madurando el Camino, el arzobispo de Madrid los exhortó a que fueran a Roma para que se reconociera el carisma por la Iglesia. Llegaron a Roma en el año 1968 y de ahí empezaron a buscar algunas parroquias que sintieran la necesidad de evangelizar a los alejados, buscando a los pobres.

Al final, el Camino Neocatecumenal se puso a disposición de los obispos, y en consecuencia, a disposición de los párrocos como una forma de llevar la iniciación o la reiniciación cristiana que se puso al servicio con un proceso concreto examinado, reconocido y aprobado por la Santa Sede.

“Fue entonces cuando se presentó como una herramienta para las parroquias respetando su carisma”.

También se reconocieron los frutos que fueron surgiendo conforme se fue madurando el Camino Neocatecumental: posteriormente surgieron misioneros, familias, itinerantes, después los seminarios y distintos carismas, hasta llegar a la a la aprobación de los estatutos.

“Durante el pontificado del Papa Benedicto XVI en 2008 se aprobaron los estatutos de manera definitiva. Antes había habido unos estatutos experimentum, pero fue en el 2008 que fueron aprobados los estatutos de manera definitiva por el Pontificio Consejo para los laicos; a su vez, la Congregación para la Doctrina de la Fe dio la aprobación doctrinal para el directorio catequético; es decir, todas las catequesis y las distintas etapas que se llevan en el Camino”.

Fue en el 2010 que recibieron la aprobación de parte de la Congregación (ahora el Dicasterio para la Doctrina de la Fe) tras revisar las catequesis, los procesos, los signos que se realizan dentro del Camino Neocatecumenal.

Un Camino que también comenzó en México

Camino Neocatecumenal
Luis Cortés y su esposa, Patricia Guzmán, cuyas familias se conocieron en la Comunidad de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México. Foto: Luis Cortés

Luis Cortés comparte que la historia de su familia dentro del Camino Neocatecumenal comenzó en la primera comunidad fundada en México, en la Parroquia de Nuestra Señora del Calvario, en Xalapa, Veracruz. “Fue en 1974 cuando inició aquí en México”, recuerda.

Luis explica que algunos de los iniciadores de aquella primera comunidad todavía continúan caminando junto a ellos: “Hay tres o cuatro hermanos que siguen con nosotros y que estuvieron desde las primeras catequesis”. Actualmente, él y su familia forman parte de esa misma comunidad, donde continúan viviendo y transmitiendo la fe generación tras generación.

Así se vive la liturgia en el Camino Neocatecumenal

Para Luis, uno de los aspectos que más lo impresionó desde niño fue cómo se celebraba la liturgia de la comunión en el Camino Neocatecumenal, la cual llevaba un rito diferente al que se conoce tradicionalmente.

“Veíamos que se resaltaban los signos de la comunión y la forma en que consumían las especies sagradas. Eso, para nosotros los niños, llamaba mucho nuestra atención”.

Mons. García Jasso, nos explica cómo cambian algunos aspectos de la liturgia y qué significan.

El rito ambrosiano en el momento de la paz

Este fue aprobado por la Santa Sede para llevarse a cabo dentro del rito del Camino Neocatecumenal: “El rito de la paz, antes de presentar las ofrendas, evoca aquel pasaje del Evangelio en que nos dice: ‘Cuando vayas a presentar tu ofrenda ante el altar, si recuerdas que algún hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda, ve primero y ponte en paz con tu hermano y después regresa y presenta la ofrenda’. Poquito ese es el sentido de de en este rito ambrociano”.

En la celebración del Camino Neocatecumenal, el momento de la paz se hace inmediatamente después de la oración universal y se da la paz antes de preparar el altar para empezar propiamente la liturgia eucarística.

Moniciones y exhortaciones

Por otra parte, el rito se acompaña con pequeñas moniciones donde los hermanos preparan la liturgia antes de la celebración que ayuden a los otros hermanos a poder prepararse en el espíritu y preparar a la persona para escuchar la palabra de Dios.

“Hay una pequeña monición ambiental que la hace un hermano que se preparó leyendo las lecturas, dependiendo del del tiempo litúrgico y también incluye una exhortación”.

Después de cada lectura y el Evangelio, también hay una breve lectura a manera de exhortación, “como si fuera un pequeño tráiler de una película”. Posterior a la lectura del Evangelio, antes de que el sacerdote haga la homilía, se hace un momento que llaman “el eco de la palabra”, donde dos o tres hermanos dicen qué les dice a ellos esa palabra.

“Esto sirve si hay hermanos que a lo mejor vienen tristes y pueden escuchar una palabra que les consuela en su sufrimiento, que les da paz; y entonces puede manifestar que tal palabra por este motivo les hizo bien, o también una palabra que a lo mejor los llama a conversión, y al mismo tiempo les hace sentir la misericordia de Dios”.

Momento de la comunión y el pan ácimo

La comunión se hace bajo las dos especies. En vez de las hostias que normalmente conocemos, en el Camino Neocatecumenal se prepara pan ácimo.

“Las hostias de la misa con las que comúnmente celebramos están hechas con harina de trigo y agua. La hostia es delgadita y tostadita. En el Camino Neocatecumenal se hace un un pan ácimo que es sólo harina de trigo y agua, como el ‘pan de la prisa’ que escuchamos en el Éxodo (Ex.12:15-13:16). Es una masa sin fermentar, por tanto, es solamente una harina de trigo con agua, se amasa y hornea para para tener el pan ácimo para la Eucaristía”.

Los hermanos permanecen en su lugar y es el sacerdote quien pasa por los lugares distribuyendo la comunión haciendo y recordando el momento de la Última Cena donde es Cristo el que sirve, parte el pan y se lo da a los discípulos.

“En la misa que se celebra normalmente se forma de comunidades grandes y el pueblo camina al encuentro como signo de peregrinación, y el sacerdote da la comunión; en cambio, en una asamblea del Camino Neocatecumenal, el sacerdote pasa por todos los lugares representando a este Cristo que sirve, parte y da el pan a los discípulos. Se va distribuyendo el cuerpo de Cristo y todos esperamos en un momento de adoración sosteniendo el pan con toda la reverencia. Los hermanos sostienen el Cuerpo de Cristo en sus manos y hasta que toda la asamblea esté preparada para comulgar, lo hacen mismo tiempo”.

El sacerdote dice las palabras: “Este es el cuerpo de Cristo, dichosos invitados a la cena del Señor”. Toda la asamblea responde y el sacerdote sigue con la fórmula: “El cuerpo de Cristo nos guarda para la vida eterna”, y en este momento todos comulgan. Después se hace el mismo gesto con la sangre de Cristo. El sacerdote pasa por todos los lugares, o cuando se trata de una asamblea grande, son varios sacerdotes los que pasan y todos comulgan del cáliz.

Para vivir esta celebración, se necesita previamente una preparación: “Hay una catequesis y se cuida mucho para que con las especias sagradas no ocurra ningún accidente”.

Camino Neocatecumenal
Así se ornamenta en una asamblea del Camino Neocatecumenal. Foto: Luis Cortés

 ¿Cómo puede iniciar una persona en el Camino Neocatecumenal?

Mons. García Jasso nos comparte que normalmente hay varias etapas de evangelización.

En primer lugar, un párroco solicita las catequesis para su parroquia y después de la solicitud, se manda un equipo para que vaya y dé las catequesis. En un domingo, en las misas de la parroquia, este equipo invita a los hermanos diciéndoles cuándo va a empezar la evangelización. “También se hace un visiteo por todas las casas de la parroquia tocando las puertas o el mercado, las plazas, repartiendo las invitaciones para que vayan a la parroquia a escuchar la catequesis”.

Mons. García Jasso explica que es un periodo de mes y medio aproximadamente para impartir las catequesis, y se realizan dos días a la semana en la noche, en un momento en que la gente se pueda acercar a la parroquia, libres de sus ocupaciones cotidianas.

Un caminar que inicia en la juventud

De acuerdo con Mons. García Jasso, las catequesis son para mayores de 13 hace años para que puedan tener más de conciencia de lo que están viviendo, y después de estas catequesis, asisten a un retiro de fin de semana llamado “convivencia”; posteriormente, se les invita a formar parte de la comunidad.

“Al nacer la comunidad empieza un proceso de alimentarse de la palabra: una celebración que tiene la comunidad entre semana; también la Eucaristía y, una vez al mes, una convivencia donde rezan laudes y comparten un poco su experiencia de vida”.

Luis, por su parte, recuerda que esta fue la edad que tenía su esposa cuando la conoció en la Comunidad: “ella tenía 13 y yo 14. Comenzamos juntos y así comenzó la preparación para que, años después, formáramos un matrimonio, iluminados por la evangelización y siguiendo nuestro caminar ahora como esposos”.

Una fe que se vive y transmite en la familia

Luis y Patricia, su esposa, continuaron con su familia la fe que ellos también aprendieron de sus padres. Gracias a esa formación, él creció y se reencontró “con Aquel me amaba así como soy, con todos mis defectos y que no me exigía nada para amarme“. Esa misma experencia la transmitió a sus hijos en su hogar.

Nos explica que una familia que sigue el Camino tiene una vida ordinaria como cualquier otra. Su peculiaridad radica en asistir a la celebración de la Palabra de Dios con su Comunidad los sábados por la noche y un domingo al mes vivir la experiencia comunitaria rezando los laudes en algún lugar.

Los altares del hogar

“La familia experimenta esta gracia del amor de Dios poniendo en el centro de su vida a Jesucristo”; esto, nos explica Luis, se refleja en la constitución de su hogar, donde existen tres altares:

La habitación más bella del hogar, nos dice, está reservada para el matrimonio. “Tenemos presente que la habitación de los esposos es el tálamo nupcial, donde la Shekinah (es decir, la presencia divina de Dios) se hace presente y coopera para tener una vida nueva. Entonces es la recámara más digna, más hermosa, porque es donde el Espíritu Santo se presenta en un matrimonio”.

Las habitaciones de los hijos cuentan también con su dignidad, siempre con puertas adecuadas para que no se viva en “promiscuidad”: “la promiscuidad no es un pecado, pero sí puede propiciarlo”, nos explica. De este modo, los hijos varones, si son varios, duermen juntos en una misma habitación, separados de sus hermanas que duermen en su propia habitación.

El otro altar del hogar es el comedor, la mesa donde comparten la comida de manera santa y con toda dignidad; se bendice a Dios dándole gracias por los alimentos y se tiene una relación comunitaria. “No se come donde sea, ni por separado, sino que comemos juntos bendiciendo los alimentos y haciendo oración”.

Además, en el altar del comedor se coloca un mantel blanco, un cirio, una cruz, unas flores y rezan juntos los maitines de la liturgia de las horas, donde el padre de familia preside junto con su esposa y los hijos se colocan alrededor.

“En nuestro caso, tocamos la guitarra y cantamos juntos los cantos del Camino Neocatecumenal, la liturgia del día y después hacemos una ‘palabra de la Escritura’: invito a mis hijos a que cada uno de ellos se vean reflejados en la palabra, cómo ilumina su vida y en qué les ayuda como experiencia personal”.

Luis recuerda cómo esta experiencia la vivió antes con sus padres: “ahora lo hemos vivido con nuestros hijos e incluso ya tenemos hijos casados que lo están haciendo con nuestros nietos. Es una forma maravillosa de transmitir la fe”.

Posterior a esta celebración de la Palabra, comen juntos y en ocasiones salen de paseo. “Tenemos una dinámica, digamos, normal”.

Cómo vive un joven el Camino Neocatecumenal

Jóvenes Camino Neocatecumenal
Comunidad de jóvenes en el 50 aniversario del Camino Neocatecumenal en la Basílica de Guadalupe

Mons. García Jasso comenta que los jóvenes que pertenecen al Camino Neocatecumental son como otros chicos de su edad. De hecho, muchos son hijos de catecúmenos, hermanos que ya fueron evangelizados y a los que se les invita es a abrirse a la vida, ser generosos en transmitir la fe, y también en dar la vida.

“No es obligación, no es requisito, porque al final la vida viene de Dios, pero sí hay una exhortación a vivir la paternidad con generosidad, con responsabilidad, pero no creerse la catequesis del mundo de que hay que darles mucho y que no alcanza porque realmente lo que buscan los hijos es el amor de los padres”.

Estos jóvenes han crecido recibiendo la fe de sus padres, tal y como nos comparte Luis, son papás que transmiten la fe con una pequeña catequesis a sus hijos. “Eso, de una u otra manera los va enganchando y cuando tienen la edad suficiente, se les invita a entrar a una comunidad”, nos dice Mons. García Jasso.

También han surgido algunas otras formas de ir acompañando a los jóvenes después de la Confirmación: hay pequeños grupos de adolescentes donde van recibiendo un acompañamiento con padrinos que les van ayudando a vivir su adolescencia generando espacios donde pueden hablar libremente de lo que sienten.

Al final, explica Mons. García Jasso, es importante que el joven exprese lo que es, pero que también conozca qué es lo correcto para que él lo vaya descubriendo y lo adopte.

“Los jóvenes son jóvenes normales con sus crisis, con sus dificultades, con sus pecados, con sus rebeldías, pero también con su alegría, con su dinamismo, y que descubren en la iglesia su casa. No se les quiere robar absolutamente nada, sino que pueden ser jóvenes perfectamente normales, inquietos, juguetones, pero hay un acompañamiento, y al mismo tiempo llevan un proceso que les ayuda a vivir en la verdad”.

Oportunidad de conocer el mundo

En cuanto a conocer el mundo, a los jóvenes se les anima a asistir a las jornadas mundiales de la juventud: “se promueve mucho que vayan a este encuentro con San Pedro, a escuchar al Papa, a ver y encontrarse con otros jóvenes católicos de todo el mundo con muchas formas de vivir la fe; no solo neocatecúmenos, sino jóvenes de parroquia, de comunión y liberación, de tantas realidades que el espíritu ha suscitado en la Iglesia; y también conocer a jóvenes que van viviendo, que buscan lo mismo: encontrarse con Cristo de una manera diferente.

En este Camino también se pueden presentar tropiezos, pero lo importante es que el joven sepa que la Iglesia está ahí para ayudarle a levantarse sin juzgarle y hablándole con la verdad. “Al final, el joven siempre es auténtico. Y cuando alguien le habla con la verdad, a lo mejor se revela y no le gusta primeramente, pero sabe que cuando le están diciendo las cosas, es porque se le quiere”.

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¿Cuáles son las fases del camino neocatecumenal?

De acuerdo con el Sitio Oficial del Camino Neocatecumenal, el proceso catequético litúrgico de iniciación cristiana cuenta con 5 etapas:

  • Fase kerigmática: donde se dan las catequesis iniciales que incluye el Trípode: Palabra, Liturgia y Comunidad.
  • Pre-catecumenado: la humildad, que consiste en el primer escrutinio bautismal, el Shema Israel y el segundo escrutinio bautismal.
  • Catecumenado: sencillez, que incluye la primera iniciación a la oración, el Traditio Symboli, el Reditio Symboli y la segunda iniciación a la oración.
  • Elección: alabanza, que consisten en el tercer escrutinio bautismal.
  • El otro es Cristo: renovación y promesas bautimales.

Mons. García Jasso comparte que es un proceso largo porque no solamente se van dando una serie de catequesis, sino que después de cada etapa se da una forma de celebrar.

“Se va conociendo, se va profundizando en la palabra de Dios; después se van conociendo las distintas figuras bíblicas; después se va profundizando en la historia de la iglesia”.

El RIC (ritual de la iniciación cristiana para adultos) marca los distintos signos y se hace de manera análoga.

“Una etapa de conversión tiene que ir acompañada con signos: hay etapas en donde se van dando los signos del cristiano, los signos del perdón, los signos de compartir y así sucesivamente en las distintas etapas”.

También es importante cómo vivirlas e irlas descubriendo. Como todo proceso, tiene un principio y un fin.

“Como tal, el proceso puede ser puede ser largo, no hay un tiempo determinado, pero no es un proceso breve: son más de 10 años en los que se van llevando las etapas, pero también depende mucho de muchas circunstancias”.

Vida en comunidad

Las distintas etapas se viven en pequeñas comunidades. La vida de comunidad es para toda la vida hasta que los hermanos son llamados a la casa del Padre y eso puede provocar que se vayan fusionando las comunidades cuando van quedando pocos hermanos.

Mons. García Jasso explica que no es necesario que se tenga que avanzar una etapa “porque se tenga que avanzar”, sino tiene que haber frutos de esa etapa para que puedan pasar a la siguiente.

Y si los frutos no se dan, “así como como dice Jesús con la higuera: no se poda, sino que se remueve la tierra, se le echan nutrientes, se fortalece la catequesis y la evangelización hasta que se vayan dando los frutos que al final el Señor nos invita a vivir; frutos donde él realmente vaya calando ser cristiano dentro de la gente” . No significa que se consideren que sean débiles, con defectos, y con pecados, porque precisamente el Camino Neocatecumental es un camino de conversión.

El Papa Benedicto XIV, en la carta que hizo para llamar al Consistorio, les invitaba los cardenales a la importancia de pasar de una fe aprendida a una fe vivida.

“Y justo el Camino y sus etapas son eso: no se trata de aprender o de cumplir con una etapa, sino realmente que esta fe se vaya viviendo”.

Mons. García Jasso comenta que Kiko tuvo la inspiración de las pequeñas comunidades por parte de la Virgen sobre vivir como la familia de Nazaret en humildad, sencillez y alabanza. “Y después, dice  Argüello: ‘El otro es Cristo.’ Poder descubrir que el otro es Cristo es un proceso de una fe adulta, madura, que es lo que se intenta vivir con el Camino Neocatecumenal”.

Una misión al servicio del obispo

En la estructura de la Iglesia, explica Mons. García Jasso, el Camino no es un catecumenado, dado que el catecumenado es una es una tarea, una obligación para llevar delante del obispo: en cambio, el Camino Neocatecumenal se pone al servicio del obispo.

“El camino empieza pensando en los alejados. Entonces, en la primera etapa del camino, la Iglesia le da al fiel, no le pide; es decir, para que uno pueda dar primero, tiene que recibir. El Camino Neocatecumenal está pensado para alejados que van a redescubrir que es la iglesia y primero tienen que enamorarse de esta, sentirse amados y curados por ella”.

El sentido del Camino Neocatecumenal, entonces, es redescubrir su dignidad de ser hijo amado y perdonado por Dios.

“Cuando uno descubre este amor, entonces brota el agradecimiento y el fruto de haberse encontrado con el Evangelio. Y cuando alguien que es alejado se siente amado, se siente perdonado”.

Inversión “a largo plazo”

Hay una etapa del camino, independientemente de cualquier momento, en que se siente la inspiración de servir en la iglesia, alguien lo puede hacer sin ningún problema si le brota de una manera espontánea. Pero también hay una etapa del camino posterior donde los hermanos se ponen a disposición del párroco y al servicio del párroco en las distintas tareas.

“A algunos les pueden pedir que lleven adelante las pláticas prematrimoniales, que apoyen como monitores en alguna misa o a lo mejor atiendan el bazar de la parroquia, pero ya son hermanos que han llevado durante varios años un fortalecimiento en la vida de fe y que entonces se les puede pedir un poquito este compromiso; es decir, devolver un poquito de lo mucho que la Iglesia da”.

Sin embargo, Mons. García Jasso advierte que hay que tener paciencia en este proceso: “cuando le digo a un párroco sobre el Camino le digo, ‘Mira, esto es una inversión a largo plazo. No pretendas obtener frutos inmediatos’”.

“No nos lo podemos quedar para nosotros”

Las primeras vocaciones que surgieron en el Camino Neocatecumental fueron los itinerantes; es decir, los misioneros.

Los itinerantes eran un equipo formado por un matrimonio, un seminarista o un soltero, una soltera, célibes y un sacerdote, enviados de una forma precaria a anunciar. Los primeros fueron enviados de Roma a Perú, y después pues a muchos otros países.

Luis nos comparte su experiencia como misionero itinerante junto a su familia:

“Dentro de Camino Neocatecumental se ha buscado recuperar la esencia de los primeros misioneros de la Iglesia, que fueron los apóstoles. Se entiente por “itinerantes” a aquellos que no tienen un sitio propio dónde instalarse, sino que van caminando toda su vida. Es un método que se utilizaba en la Iglesia primitiva”.

Nos explica que ser itinerante es un carisma que puede surgir en algunos miembros de la comunidad; es decir, no todos son itinerantes. “Cuando uno experimenta este llamado de Dios, uno está dispuesto a dejar todo. Yo soy diseñador gráfico de profesión, teníamos nuestra casa, y cuando sentimos el llamado, dejamos nuestra casa, nuestro trabajo y nuestras seguridades para salir a anunciar el evangelio”.

Luis comenta que para salir a la misión, las familias se disponen a un sorteo para ser enviados a cualquier parte del mundo o a cualquier parte de México, “donde se nos se requiera”.

“Entonces, los que tenemos hijos, pues vamos con los hijos siempre y cuando sean hijos pequeños, porque con los hijos ya adolescentes o adultos es complicado por las escuelas”.

Camino neocatecumenal
Luis Cortés y su familia tras una asamblea. Foto: Luis Cortés

Bajo la Providencia de Dios

Una familia que ha salido de misión, se va sin nada. De acuerdo con la experiencia de Luis: “Vivimos totalmente en la precariedad; es decir, de la limosna, de la providencia de Dios, porque no tenemos ningún sueldo, nadie nos paga, no cobramos nada, no pedimos nada”.

A las familias en misión se les envía donde un obispo pide el Camino Neocatecumenal y entonces se dirigen a esa diócesis. “Y si hay alguien que nos reciba, pues bendito sea Dios. Si no, pues dormimos bajo un puente o donde Dios nos conceda hasta que Dios nos abra la puerta. Y si algún párroco pide iniciar el camino, se empiezan las catequesis”.

La fe que con la que viajan las familias en misión se sustencia del amor providencial de Dios, nos comparte Luis:

“Generalmente Dios aparece con su Providencia: no falta quien quiera recibir un matrimonio, quien quiera recibir al padre o a los demás miembros del equipo”.

El Camino alrededor del mundo

Mons. García Jasso comparte que actualmente existen alrededor de 20 mil 300 comunidades del Camino Neocatecumenal distribuidas en 139 países, presentes en más de mil 400 diócesis y unas 6 mil 200 parroquias alrededor del mundo. Para él, esta expansión refleja el deseo de muchos creyentes de llevar el Evangelio más allá de sus propias comunidades.

“Se han ido extendiendo estos primeros evangelizadores que creyeron en el anuncio del carisma y del Evangelio, y dijeron: ‘No nos lo podemos quedar para nosotros’. Entonces salieron a anunciarlo en otras partes”, señala.

Algunos de estos misioneros tuvieron la inquietud no sólo de ir ir volver, sino quedarse a vivir en la tierra de misión.

“Es ahí donde surgen esto de las familias en misión, porque se injertaban a vivir ahí, en lugares complicados, en barrios peligrosos, en colonias nuevas donde todavía no había una parroquia, y entonces, estas familias como iglesia doméstica sintieron la vocación de irse a vivir en medio de esta realidad precaria junto con su familia”.

Por otro lado, se fue descubriendo que los mayores evangelizadores eran los hijos, porque estos niños iban a la misma escuela que los niños del barrio, jugaban con ellos y al mismo tiempo iban transmitiendo lo que los niños recibían en casa; es decir, “la transmisión de la fe, amar a Cristo, a perdonar y vivir con dignidad”.

Fundación de los Seminarios Redemptoris Mater: una respuesta al llamado a la misión

Al conocer este deseo de hacer misión y quedarse entre los alejados, Mons. García Jasso nos comparte que a su fundador, Kiko Argüello, le dio un poco de miedo que las familias se “expusieran” de esta manera; pero al final, escuchó la voz de de estas familias que sentían el impulso del espíritu y los envió. No obstante, les hizo una exortación:

“Si hablamos de la transmisión de la fe, tienen que ir acompañados de un sacerdote que les ayude a vivir la fe y los sacramentos”.

De este deseo misional surgieron los seminarios Redemptoris Mater, que son misioneros diocesanos. Actualmente son aproximadamente 116 seminarios repartidos por todo el mundo en donde se forman como misioneros diocesanos para ir a esos lugares de misión acompañando en la evangelización y la transmisión de la fe de estas familias.

Camino Neocatecumenal
Actualmente existen alrededor de 20 mil 300 comunidades del Camino Neocatecumenal distribuidas en 139 países.

¿Ha habido críticas o malentendidos sobre el Camino Neocatecumenal?

Mons. García Jasso comparte que, cuando algo no se conoce, puede generar cierta desconfianza. En el Camino Neocatecumenal, al vivir la fe en una pequeña comunidad, algunos han llegado a considerar un caso de elitismo. Pero la realidad es que se trata de una cuestión de un proceso.

La evangelización se abre durante periodos fuertes para la Iglesia: Cuaresma o Pascua o Adviento. “En estos momentos, se hace la invitación en la parroquia y se invita a todo mundo. Una vez que empieza el proceso en una pequeña comunidad, se intenta que la comunidad se vaya consolidando”.

Otra de las grandes cuestiones ha sido respecto a la Eucaristía. Si las personas no reciben la catequesis, desconocen de por qué se comulga de manera distinta a la tradicional: “pueden decir están haciendo cosas raras, pero al final son cosas tomadas de la tradición de la Iglesia, de cómo se vivía en otro tiempo, tratando de ir a las raíces, a los orígenes”. Monseñor García Jasso aclara que no es que sea mejor una misa u otra, al final es la misma Eucaristía, “es Cristo que se hace presente en el cuerpo, la sangre a través de las especies eucarísticas”.

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La relevancia del Camino Neocatecumenal hoy en día

Mon. García Jasso termina diciendo que la iniciación cristiana siempre será fundamental en la vida de la Iglesia.

“Al principio, cuando alguien quería quería ser cristiano llevaba un proceso de catequesis y ese proceso tenía que ir acompañado de frutos antes de vivir el bautismo. Hoy por hoy la Iglesia sigue viva, se sigue anunciando el evangelio y sigue habiendo gente que quiere encontrarse con este amor”.

Y aunque seamos bautizados de pequeños, el poder recibir una catequesis que ayude a descubrir el tesoro que la iglesia da a través del bautismo ayuda a redescubrir ser hijo de Dios. “La dignidad de ser cristiano es algo que no pasa de moda”.

Al encontrarnos con Cristo podemos buscar nuevas formas y el espíritu suscitará nuevos carismas, nuevas formas en las cuales hagamos llegar el evangelio a tanta gente que no conoce este amor de Dios. Pero el corazón del hombre siempre será el mismo y Cristo será el mismo.

“Entonces, el Camino Neocatecumenal sigue anunciando a Cristo, sigue ayudando a descubrir lo que es ser cristiano y por eso es un carisma inspirado por el Espíritu Santo estará ahí siempre”.

Camino Neocatecumenal
Más que un movimiento, el Camino Neocatecumenal busca ser un itinerario de redescubrimiento del bautismo. Esta es la experiencia de quienes han encontrado en él una forma concreta de vivir el Evangelio.

“Una experiencia que sólo se entiende desde el amor de Cristo”

Para Luis, el Camino Neocatecumenal no es solamente un método de formación, sino una experiencia viva de encuentro con Cristo que transforma la manera de mirar la vida, el sufrimiento y hasta la muerte. En una sociedad donde —asegura— muchas personas viven un “ateísmo práctico”, el verdadero anuncio del Evangelio ya no pasa únicamente por las palabras, sino por el testimonio cotidiano.

Luis considera que la fe se transmite mostrando cómo Dios actúa de manera concreta en la vida de las personas: en el matrimonio, en la familia, en el dolor, en la enfermedad y también en la esperanza. Por eso, procura compartir su experiencia con quienes encuentra en el día a día, desde jóvenes hasta ancianos, convencido de que el cristianismo no habla de “un Dios teórico”, sino de un Cristo vivo y resucitado que sigue acompañando al ser humano.

Asimismo, subraya el valor de vivir la fe en pequeñas comunidades, donde personas distintas —jóvenes, matrimonios, ancianos y niños— aprenden a conocerse, acompañarse y amarse desde la misericordia cristiana. “Amar al otro en sus defectos”, explica, es una experiencia que solo puede entenderse plenamente desde el amor de Cristo.

Luis asegura que el Camino Neocatecumenal le ha permitido descubrir que la verdadera felicidad no depende de una vida sin sufrimiento, sino de la certeza de que Cristo camina junto al ser humano incluso en medio de la enfermedad, la vejez o la muerte. “Se puede ser feliz en medio de la cruz”, afirma, porque la fe cristiana abre la esperanza de una vida eterna y de un amor que no termina.

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Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. También fue editora en la Diócesis de Azcapotzalco y actualmente es reportera en Desde la Fe.