Opinión

Cuatro peticiones que la Divina Misericordia hizo a sus devotos

Todo empezó cuando santa Faustina Kowalska (1905-1938), religiosa polaca de la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, tuvo una serie de revelaciones de Jesús. Él le dijo que lo que más lastimaba Su corazón era que la gente no tuviera confianza en Su misericordia, y por ello deseaba que se anunciara a todos que Su misericordia es infinita, para que hasta los pecadores más empedernidos se animaran a acercarse a Él con la confianza de ser perdonados.

Para lograrlo, Jesús hizo 4 peticiones:

  1. Que santa Faustina mandara pintar un cuadro que representara a Jesús tal como ella lo había visto: debía tener la mano derecha en actitud de bendecir y la izquierda sobre el pecho, del cual salieran dos rayos de luz, uno rojo y otro blanco, simbolizando la sangre y el agua que brotaron de Su costado como fuente de Su misericordia cuando murió en la cruz.

Jesús dijo que deseaba que esta imagen fuera bendecida y dada a conocer al mundo entero. Prometió conceder grandes favores a quienes veneraran esa imagen y la tuvieran en un lugar privilegiado en su hogar.

  1. Que la Iglesia instituyera oficialmente la Fiesta de la Divina Misericordia el Segundo Domingo de Pascua. Esto lo cumplió el Papa san Juan Pablo II en el año 2000. Jesús prometió otorgar una indulgencia plenaria semejante a la que se recibe en el Bautismo a quienes ese día honren Su Divina Misericordia (por ejemplo con oración y buenas obras), y se acojan a ella. (No lo pidió, pero se da por hecho que deben cumplir las acostumbradas condiciones que suele solicitar la Iglesia a quien desea obtener indulgencia plenaria: confesarse, asistir a Misa y comulgar, orar por las intenciones del Papa y rechazar el pecado).
  2. Que se difundiera en todo el mundo el rezo de la Coronilla de la Misericordia.

¿Qué es la Coronilla de la Misericordia? 

Consiste en rezar Padre Nuestro, Ave María y Credo (el corto). Luego, con las cuentas de un Rosario, se rezan cinco decenas del modo siguiente:

En las cuentas grandes decir: “Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.”

Y en las diez cuentas pequeñas decir: “Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”.

Al terminar las cinco decenas se reza tres veces: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo e Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”

Al finalizar se suele añadir: “Oh, Sangre y Agua que brotasteis del Sagrado Corazón de Jesús como fuente de misericordia, en Vos confío”.

El Señor pidió que de preferencia se rezara esta Coronilla a las tres de la tarde, ‘la hora de la misericordia’, en la que entregó Su vida por nosotros en la cruz, pero permite que se rece en cualquier otro momento.

Él prometió grandes beneficios espirituales para quien la rece.

Por ejemplo dijo que si un pecador la reza de corazón aunque sea una vez en la vida, Él tendrá misericordia de su alma; y que si se reza la Coronilla al lado de un moribundo, lo recibirá, cuando éste muera, no como Juez sino como Salvador Misericordioso.

Lee: El origen de la Fiesta de la Divina Misericordia 

Vale la pena tener esto en cuenta y siempre que nos enteremos de que alguien está grave o en agonía, recemos o pidamos que se rece a su lado la Coronilla. Sólo toma cinco minutos y para la persona por quien se reza es una grandísima bendición. Aquí viene cómo rezarla paso a paso.

  1. Que quienes deseen acogerse a Su misericordia se esfuercen cada día en realizar obras de misericordia corporales (dar de comer al hambriento, de beber al sediento; vestir al desnudo; hospedar al peregrino; visitar al enfermo; visitar al preso y enterrar a los muertos) y espirituales (enseñar al que no sabe; dar buen consejo a quien lo necesita; corregir a quien se equivoca; perdonar las ofensas; consolar al triste; soportar con paciencia los defectos ajenos; orar por vivos y difuntos). No hay que olvidar que la Misericordia Divina es un regalo que todos estamos llamados a compartir, no sólo a disfrutar.