Sabías que

Conoce el origen de la Divina Misericordia

Este domingo celebramos la Fiesta de la Divina Misericordia, ¿sabes por qué?

Cada año, el domingo siguiente a la Pascua, la Iglesia celebra al Cristo de la Misericordia, una fiesta impulsada por la Santa polaca Sor Faustina Kowalska, y decretada por San Juan Pablo II, en cuya espiritualidad influyó notablemente esta religiosa.

Sor Faustina Kowalska nació en Glogowice, cerca de Kracovia, capital de Polonia, en 1905. Su historia mística inicia en 1925, cuando ingresa al Convento de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia donde tomó el nombre de Sor Faustina.

Era una mujer con poca cultura: un año y medio de estudios escolares y en cambio trabajado mucho tiempo como servidora doméstica.

Las revelaciones de Sor Faustina

El 22 de febrero de 1931, sor Faustina tuvo una visión de Jesús que le encomendaba tres cosas: predicar la Misericordia de Dios, elaborar nuevas formas de devoción e iniciar un movimiento que renovara la vida de los cristianos en el espíritu de confianza y misericordia.

Sor Faustina tuvo varias revelaciones privadas de las que dejó constancia en su diario de 600 páginas. Murió a los 33 años, en 1938.

El Papa Juan Pablo II la beatificó el 18 de abril de 1993 y el 30 de abril del 2000, fue proclamada Santa.

El mensaje central del Señor de la Misericordia es que su amor es universal y sin límites: “cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia”, escribió Sor Faustina -dictada por Jesús- en su Diario.

El mensaje pregona dos elementos esenciales: la confianza en Jesús y el compromiso de ser misericordiosos con nuestro prójimo.

”De esta Fuente de la Misericordia, las almas sacan gracias exclusivamente con el recipiente de la confianza. Si su confianza es grande, Mi generosidad no conocerá límites” (Diario, 1602). Asimismo, si el alma no practica la misericordia de alguna manera, no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio”.

Más adelante escribió: “Si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque su misericordia anticiparía Mi juicio”. (Diario, 1317).

Jesús también dijo a Sor Faustina: “Le doy a la humanidad la última tabla de salvación, es decir, el refugio en Mi misericordia (…) Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia… Todavía queda tiempo, que recurran pues, a la Fuente de Mi misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos” (Diario, 848)”

La devoción de la Divina Misericordia

Sor Faustina asegura que es posible ser misericordioso con el prójimo por medio de la oración, la palabra y las obras:  “La fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario 742).

En cuanto a las nuevas formas de devoción, la religiosa propone la adoración de la Hora de la Divina Misericordia: tres de la tarde, tiempo en el que emanó sangre y agua del corazón de Jesús al ser traspasado por una lanza; la veneración a la imagen, el rezo de Novena y la Fiesta de la Divina Misericordia, el domingo siguiente al de la Pascua de Resurrección.

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El mensaje a Sor Faustina es el recordatorio de un Dios para ocupar un sitio con Él para toda la eternidad: “Quedarán en el Cielo campos vacíos, no porque Dios así lo desee, sino porque el hombre no quiso ocuparlos.”

Juan Pablo II y Sor Faustina

En mayo de 1938, Sor Faustina escribió en su diario: “Cuando estuve rezando por Polonia, oí estas palabras: ‘He amado a Polonia de modo especial y si obedece Mi voluntad, la enalteceré en poder y en santidad. De ella saldrá una chispa que preparará el mundo para Mi última venida’” (Diario, 1732).

El 30 de abril del año 2000, al canonizar a la beata Sor María Faustina Kowalska, el Papa Juan Pablo II concluyó un proceso que él mismo había iniciado en 1965, siendo el entonces joven Arzobispo de Kracovia, Karol Wojtyla.

Fue a él a quien, en 1967, ya como Cardenal, le correspondió concluir el proceso informativo diocesano, y a quien en 1993, ya como el Papa Juan Pablo II, le correspondió llevarla a los altares.

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Difusión del Mensaje

En 1941, la imagen del Cristo de la Misericordia, de cuyo corazón emanan dos  rayos luminosos, llegó al Continente Americano a través de un sacerdote polaco, el padre José Jarzebowski, quien al principio se había manifestado escéptico sobre la veracidad y las promesas contenidas en él mensaje.

Durante la ocupación Nazi a Polonia, el sacerdote huyó a Norteamérica, donde actualmente vive y propagó esta devoción. Para 1953, 25 millones de ejemplares sobre la Divina Misericordia se habían repartido en el mundo:

“A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido, y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez, sino Salvador misericordioso” (Diario 1075).

Entre 1959 y 1978, esta devoción estuvo prohibida por la Iglesia, mientras se investigaba el caso, pero el 15 de abril de 1978, la Santa Sede la autorizó y para el 30 de septiembre de 1980, Juan Pablo II dio a conocer su Encíclica: La Misericordia Divina (Dives in misericorida), que da prioridad a la difusión de esta devoción.

La temporal prohibición fue revocada en 1978, gracias a la intervención del entonces Cardenal Karol Wojtyla, a tan sólo seis meses de que fuera elegido como Papa, quien ordenó varios estudios teológicos.

El 22 de septiembre de 1981, el Papa Juan Pablo II dijo en el Santuario del Amor Misericordioso, situado en Collevalenza, Italia: “Desde el principio de mi Pontificado he considerado este mensaje como mi cometido especial. La Providencia me lo ha asignado”.

San Juan Pablo II falleció en vísperas de esta importante fecha litúrgica.

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