7 de marzo: La Iglesia celebra a las santas Perpetua y Felícitas
El 7 de marzo, la Iglesia católica celebra a las Santas Perpetua y Felícitas, o Felicidad.
Las mujeres han enriquecido profundamente el martirologio cristiano. A lo largo de los siglos han dado testimonio de una fe inquebrantable y de un amor radical a Cristo, dejando un legado de valentía que sigue conmoviendo a la Iglesia.
Entre ellas destaca Santa Perpetua, joven noble de Cartago cuya historia, conservada en las Actas de los mártires, es uno de los relatos más impactantes de los primeros siglos del cristianismo y que fue acompañada como signo de fidelidad por su Felícitas, su fiel sirvienta.
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Quiénes fueron Santa Perpetua y Felícitas y sus compañeros mártires
Vibia Perpetua pertenecía a una familia distinguida. Era instruida en las artes liberales, estaba legítimamente casada y tenía un hijo pequeño al que aún amamantaba. Tenía alrededor de 22 años cuando fue arrestada por su fe.
Según las Actas, junto a ella fueron detenidos los catecúmenos Revocato y Felícitas, así como Saturnino y Secúndulo. Todos se preparaban para recibir el bautismo cuando fueron denunciados y apresados por profesar el cristianismo.
El procónsul Hilario intentó que apostataran. Ante su negativa, los condenó a morir en el anfiteatro durante las celebraciones del natalicio del César Geta.
Perpetua dejó escrito en su testimonio:
“Yo entendí que mi combate no había de ser tanto contra las fieras, sino contra el diablo”.
El día del martirio, salieron de la cárcel hacia el anfiteatro “como si fueran al cielo”, relata la tradición. Perpetua avanzaba serena, con el rostro iluminado y paso firme, “como una matrona de Cristo”. Felícitas, que había dado a luz poco antes, se mostraba gozosa de haber podido sobrevivir al parto para compartir el martirio con sus hermanos en la fe.
En medio del espectáculo cruel, fueron expuestos a diversas fieras: un leopardo, un oso, un jabalí y una vaca bravísima. Perpetua fue lanzada violentamente y cayó de espaldas, pero logró incorporarse. En medio del sufrimiento, animó a los suyos con estas palabras:
“Permaneced firmes en la fe”.
Incluso frente a la autoridad que los condenaba, proclamaron con valentía:
“Tú nos juzgas a nosotros; a ti te juzgará Dios”.
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Memoria en la Iglesia
El relato de su pasión se difundió ampliamente en los siglos IV y V. San Agustín afirmaba que su historia se leía con frecuencia en las iglesias, como ejemplo de fortaleza cristiana.
Tras su muerte, Perpetua fue sepultada en el cementerio de Máximo. Desde tiempos muy antiguos, su nombre aparece en el Canon de la Misa, signo del profundo reconocimiento que la Iglesia le otorgó.
Su vida también ha inspirado obras literarias contemporáneas, como Perpetua: una novia, una mártir, una pasión de Amy Peterson y La escalera de bronce de Malcolm Lyon, que recrean el drama y la grandeza espiritual de su testimonio.

