3 mentiras sobre Galileo Galilei para atacar a la Iglesia católica

Muchas mentiras giran en torno al caso de Galileo. ¿Es cierto que se le condenó a la hoguera y murió enemistado con la Iglesia católica?
Científico Galileo Galilei / Foto: Especial
Científico Galileo Galilei / Foto: Especial

Hace 30 años, el 31 de octubre de 1992, el Papa Juan Pablo II rehabilitó a Galileo Galilei, luego de que una comisión estudiara el caso durante 10 años. El científico había sido condenado a cadena perpetua en 1633 por defender las teorías de Nicolás Copérnico sobre la configuración del universo. Pero, ¿qué pasó entre la Iglesia católica y Galileo Galilei?

La figura de Galileo es a menudo utilizada para calificar a la Iglesia católica de enemiga del progreso. Y es que este caso fue distorsionado de manera tal, que incluso en la actualidad muchas personas continúan creyendo que Galileo fue quemado vivo en la hoguera y que fue sometido a torturas y malos tratos. Pero la realidad fue otra. A continuación las preguntas más comunes en torno al caso Galileo Galilei.

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¿Juzgó el Santo Oficio a Galileo Galilei?

Sí. Existieron dos procesos: el primero en 1616 y el segundo en 1633, aunque casi siempre se habla sólo de éste último. La razón es sencilla: el primer proceso siguió su cause a partir de una denuncia presentada ante la Inquisición romana, pero jamás se le citó delante del tribunal. En cambio, el de 1633 fue un proceso en toda regla: Galileo fue citado a comparecer ante el tribunal y fue condenado a prisión. Se trata de dos procesos diferentes, separados por 17 años, pero muy relacionados.

¿De qué se le acusó?

En 1616 la Inquisición romana acusó a Galileo de sostener el sistema heliocéntrico propuesto por Copérnico, que aseguraba que la tierra giraba sobre sí misma y alrededor del sol, lo mismo que otros planetas. Esta teoría parecía ir en contra de lo que la tradición bíblica afirmaba en el sentido de que la tierra permanecía quieta y el sol era el que se movía.

La tradición había leído así la Biblia y el Concilio de Trento había insistido en que los católicos no debían admitir ideas que se apartaran de las interpretaciones unánimes de los Santos Padres. No obstante, la Iglesia nunca calificó el heliocéntrismo como herejía, sino como una teoría más bien absurda, como señalaron los teólogos del Santo Oficio.

El segundo proceso, el de 1633, fue a causa de la publicación de su libro Diálogo en el que, de manera velada, continuaba defendiendo el sistema heliocéntrico (a pesar de la amonestación que se le había hecho en 1616 para que abandonara esta teoría), y cuyo permiso eclesiástico para su publicación lo había arrebatado con engaños.

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¿Por qué le dio tanta importancia la Iglesia a ese asunto?

Es necesario conocer el contexto: en primer lugar, Galileo se había hecho famoso por sus descubrimientos astronómicos, mismos que utilizaba para criticar e incluso ridiculizar a sus colegas aristotélicos, que eran muchos y poderosos entonces. Sus enemigos consideraban que las ideas de Galileo eran un peligro para su ciencia, por lo que le atacaban severamente; sin embargo, cuando agotaban sus argumentos, recurrían a consideraciones teológicas, lo que hizo crecer la idea de una supuesta contradicción entre Copérnico y la Biblia.

En segundo lugar, la Iglesia era en aquellos momentos especialmente sensible ante quienes interpretaban por su cuenta la Biblia, apartándose de la tradición, toda vez que el enfrentamiento con el protestantismo era muy fuerte.

Galileo defendía la idea de que el heliocentrismo no era contrario a la Biblia y explicaba que las Sagradas Escrituras no pretendían enseñar ciencia sino que se acomodan a los conocimientos de cada momento; incluso, demostró que en la tradición de la Iglesia se encontraban precedentes que permitían utilizar argumentos como los que él proponía.

No obstante, a causa del protestantismo estaba muy mal visto que cualquier persona pretendiera dar lecciones a los teólogos, sobre todo cuando se apartaban de las interpretaciones tradicionales.

Por último, la cosmovisión tradicional, que colocaba a la tierra en el centro del universo, parecía mucho más coherente con la perspectiva cristiana de un mundo creado en vistas al hombre, y también con la Redención de la humanidad a través de Jesucristo.

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Pero veamos 4 mentiras sobre Galileo para atacar a la Iglesia

1. Se le condenó a la hoguera

No. Se le condenó a prisión. Pero, de hecho, el 22 de junio de 1633, en Roma, después de oír la sentencia, Galileo dio las gracias a los diez cardenales -tres de los cuales habían votado a favor de su absolución- por una pena muy moderada, pues él estaba consciente de haber hecho lo posible por engañar al tribunal, entre otras cosas intentando tomarles el pelo a los jueces -entre los cuales había hombres de ciencia de su misma envergadura-, asegurando que en realidad en el libro impugnado había sostenido lo contrario de lo que se percibía.

2. ¿Galileo murió en la cárcel?

No. Debido a sus buenas disposiciones, la pena fue conmutada por arresto domiciliario, de modo que nunca puso un pie en la cárcel.

Es más, llamado a Roma para el proceso, se alojó -a cargo de la Santa Sede- en una vivienda de cinco habitaciones con vistas a los jardines del Vaticano y con servidor personal.

Después de la sentencia, fue alojado en la maravillosa Villa Medici en el Pincio. De ahí se trasladó, en condición de huésped, al palacio del Arzobispo de Siena, uno de los muchos eclesiásticos insignes que le querían, que lo habían ayudado y animado, y a los que había dedicado sus obras.

Finalmente llegó a su elegante villa en Arcetri, cuyo significativo nombre era La joya, donde continuó sus estudios y publicó el libro Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias, que es su obra maestra científica.

Pronto se le levantó también la prohibición de alejarse a su antojo de la villa. Sólo le quedó una obligación: la de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales. En realidad, también esta pena se había acabado a los tres años, pero él la continuó libremente, como creyente que era.

Su muerte no tuvo nada que ver con supuestas torturas o malos tratos. Autores de todas las tendencias están de acuerdo que esto realmente no sucedió. Después de la condena, Galileo sufrió diversas enfermedades, pero eran las mismas que ya sufría habitualmente desde muchos años antes, que se fueron agravando con la edad.

Llegó a quedarse completamente ciego, pero esto nada tuvo que ver con el proceso que se le siguió en el Santo Oficio.

3. ¿Galileo murió enemistado con la Iglesia?

No. En lugar de erigirse en defensor de la razón contra el “oscurantismo clerical”, tal como afirma la leyenda posterior, pudo escribir con verdad, al final de su vida: “En todas mis obras no habrá quien pueda encontrar la más mínima sombra de algo que contradiga la piedad y reverencia hacia la Santa Iglesia”.

Murió a los 78 años, en su cama, con la indulgencia plenaria y la bendición del Papa. Era el 8 de enero de 1642, nueve años después de la “condena”. Una de sus hijas, monja, recogió su última palabra. Ésta fue: “¡Jesús!”.

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