La voz del Papa

Papa: los movimientos populares, una esperanza de cambio

El Papa reconoce el papel de cientos de asociaciones sociales que luchan contra la exclusión.
EL Papa Francisco una de las 100 personas más influyentes del mundo. Audiencia General, 17 De Abril 2019 © Zenit/María Langarica
Audiencia General, 17 De Abril 2019 © Zenit/María Langarica

En un cambio de época caracterizado por el miedo, la xenofobia y el racismo, los movimientos populares representan una esperanza de que “todo puede cambiar”, dijo el Papa Francisco.

En el prólogo del libro La irrupción de los Movimientos Populares: Rerum novarum de nuestro tiempo, escrito de su puño y letra, el Santo Padre reflexiona sobre el valor y los desafíos de cientos de asociaciones sociales que luchan contra la exclusión en el mundo.

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En su texto, el Papa Francisco afirma que las personas que viven en las periferias territoriales y existenciales no son solo un sector de la población a la que hay que llegar como Iglesia, sino que son una semilla, un renuevo que como el grano de mostaza dará mucho fruto, porque los concibe como la palanca de una gran transformación social.

El Pontífice reconoce en esta articulación de movimientos sociales de carácter transnacional y transcultural aquel “modelo poliédrico” al que hacía referencia en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, y que se constituye a partir de un paradigma social basado en la cultura del encuentro.

Para el Papa esta pluralidad de movimientos, cuyas experiencias de lucha por la justicia quedan plasmadas en el libro, “representan una gran alternativa social, un grito profundo, un signo de contradicción, una esperanza de que todo puede cambiar”.

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Reafirmando su convicción de que la humanidad enfrenta actualmente un cambio de época caracterizado por el miedo, la xenofobia y el racismo, el Santo Padre asegura que los movimientos populares pueden representar una fuente de energía moral, para revitalizar nuestras democracias.

De hecho, en medio de una sociedad global herida por una economía cada vez más alejada de la ética, afirma que estos agregados sociales pueden ejercer como un antídoto contra los populismos y la política del espectáculo, ya que ellos entrañan un sentido de la participación ciudadana con una conciencia más positiva del otro. Esto es la consecuencia de la promoción de una “fuerza del nosotros” que se opone a la “cultura del yo”.

Al finalizar sus palabras, el Santo Padre hace hincapié en el tema del trabajo humano como uno de aquellos derechos sagrados que debe custodiarse en cada persona. Frente a las concreciones prácticas de tesis neoliberales y neoestatales que sofocan y oprimen a las personas en sus experiencias laborales, Francisco clama por un nuevo humanismo, que ponga fin al analfabetismo de la compasión y al progresivo eclipse de la cultura y de la noción de bien común.

Con información de Vatican News