Papa Francisco: Aprendamos a hacer oración de intercesión

¿Sabemos hacernos intercesores por los demás, es decir, sabemos rezar por ellos y bendecir sus vidas?
El Papa Francisco preside la oración del Regina Coeli. Foto: Vatican Media.
El Papa Francisco preside la oración del Regina Coeli. Foto: Vatican Media.

¿Cada cuándo rezas por los demás?, ¿qué sabes sobre la oración de intercesión? sobre estos tema giró el mensaje del Papa Francisco previo al rezo del Regina Coeli, donde explicó que en nuestras oraciones todos podemos ser intercesores por el mundo.

¿Sabemos hacernos intercesores por los demás, es decir, sabemos rezar por ellos y bendecir sus vidas? ¿O servimos a los demás por nuestros propios intereses?”, preguntó el Santo Padre a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro.

“Aprendamos esto: la oración de intercesión, intercediendo por las esperanzas y los sufrimientos del mundo, por la paz. Y bendigamos con la mirada y palabras a quienes encontramos cada día”.




¿Por qué ser intercesores?

Al celebrar la Ascensión del Señor, recordemos lo que Jesús dijo a sus amigos:  “Les envío al que mi Padre ha prometido” (v. 49). Está hablando del Espíritu Santo, el Consolador, el que los acompañará, los guiará, los apoyará en su misión, los defenderá en las batallas espirituales, explicó el Papa.

Jesús no abandona a los discípulos. Sube al cielo, pero no nos deja solos.

“El amor de Jesús por nosotros también se puede ver en esto: la suya es una presencia que no quiere restringir nuestra libertad. Al contrario, nos hace un espacio, porque el verdadero amor siempre genera una cercanía que no aplasta, no es posesivo, es cercano, pero no posesivo. Sino el verdadero amor nos hace protagonistas”.

“Por eso, al subir al cielo, Jesús, en lugar de permanecer cerca de unos pocos con su cuerpo, se hace cercano a todos con su Espíritu. El Espíritu Santo hace presente a Jesús en nosotros, más allá de las barreras del tiempo y del espacio, para que seamos sus testigos en el mundo”.

Por ello, podemos meditar en el don del Espíritu que hemos recibido de Jesús para ser testigos del Evangelio. “Preguntémonos si realmente lo somos; y también si somos capaces de amar a los demás, dejándolos libres y dejándoles espacio”.

Y con ello, recordemos que podemos ser intercesores por los demás y por el mundo ante Dios.

 

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