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Miércoles de Ceniza: El Papa explica por qué la ceniza en Cuaresma

El Papa Francisco reflexionó sobre el significado de la ceniza en nuestra vida cristiana.
El Papa Francisco esparce cenizas sobre la cabeza del cardenal tarcisio Bertone durante la Misa del Miércoles de Ceniza.
El Papa Francisco esparce cenizas sobre la cabeza del cardenal tarcisio Bertone durante la Misa del Miércoles de Ceniza.

Este 26 de febrero, el Papa Francisco presidió la Santa Misa del Miércoles de Ceniza. En su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre la ceniza y su significado para nuestra vida cristiana.

El polvo en la cabeza nos devuelve a la tierra, nos recuerda que procedemos de la tierra y que volveremos a la tierra. Es decir, somos débiles, frágiles, mortales. Respecto al correr de los siglos y los milenios, estamos de paso; ante la inmensidad de las galaxias y del espacio, somos diminutos. Somos polvo en el universo. Pero somos el polvo amado por Dios. Al Señor le complació recoger nuestro polvo en sus manos e infundirle su aliento de vida (cf. Gn 2,7). Así que somos polvo precioso, destinado a vivir para siempre. Somos la tierra sobre la que Dios ha vertido su cielo, el polvo que contiene sus sueños. Somos la esperanza de Dios, su tesoro, su gloria”, dijo el Papa.

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El Pontífice explicó que la ceniza nos recuerda el trayecto de nuestra existencia: del polvo a la vida. Pues aunque somos polvo, si nos dejamos moldear por las manos de Dios, nos convertimos en una maravilla. Y, aunque en las dificultades y la soledad solamente veamos nuestro polvo, el Señor nos anima, porque lo poco que somos tiene un valor infinito a sus ojos.

“La Cuaresma no es el tiempo para cargar con moralismos innecesarios a las personas, sino para reconocer que nuestras pobres cenizas son amadas por Dios. Es un tiempo de gracia, para acoger la mirada amorosa de Dios sobre nosotros y, sintiéndonos mirados así, cambiar de vida. Estamos en el mundo para caminar de las cenizas a la vida. Entonces, no pulvericemos la esperanza, no incineremos el sueño que Dios tiene sobre nosotros. No caigamos en la resignación”, animó el Papa Francisco.

El Pontífice continuó su explicación al recordarnos que la ceniza que nos imponen en nuestras cabezas nos recuerda que nosotros, como hijos de Dios, no podemos vivir para ir tras el polvo que se desvanece. Pues vivimos para mucho más: para realizar el sueño de Dios, que es amar.

“La ceniza se posa sobre nuestras cabezas para que el fuego del amor se encienda en los corazones. Porque somos ciudadanos del cielo y el amor a Dios y al prójimo es el pasaporte al cielo, es nuestro pasaporte. Los bienes terrenos que poseemos no nos servirán, son polvo que se desvanece, pero el amor que damos —en la familia, en el trabajo, en la Iglesia, en el mundo— nos salvará, permanecerá para siempre”, dijo.

Sin embargo, el Papa advirtió que la ceniza también nos recuerda un segundo camino opuesto, el que va de la vida al polvo. Esta ceniza representa también el polvo de la muerte, las vidas reducidas a cenizas por la guerra; el el polvo de la mundanidad que ensucia la Iglesia.

Miércoles de Ceniza. Foto: María Langarica

Miércoles de Ceniza. Foto: María Langarica

Por eso, necesitamos limpiar el polvo que se deposita en el corazón, pero no podemos hacerlo solos. Necesitamos de Dios y la Cuaresma es tiempo de reconciliación. 

“El primero, del polvo a la vida, de nuestra frágil humanidad a la humanidad de Jesús, que nos sana. Podemos ponernos delante del Crucifijo, quedarnos allí, mirar y repetir: “Jesús, tú me amas, transfórmame… Jesús, tú me amas, transfórmame…”. Y después de haber acogido su amor, después de haber llorado ante este amor, se da el segundo paso, para no volver a caer de la vida al polvo”, recomendó el Papa.

Por eso, explicó el Pontífice, en Cuaresma va a recibir el perdón de Dios en la confesión, porque allí el fuego del amor de Dios consume las cenizas de nuestro pecado. El abrazo del Padre en la confesión nos renueva por dentro, limpia nuestro corazón.

Con información de Vatican News

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