¿Cómo deben ser los sacerdotes, según el Papa Francisco?

El Papa Francisco le recordó a los Rectores y Formadores que hay cuatro dimensiones presentes en la persona del seminarista: la humana, la intelectual, la espiritual y la pastoral
Así deben ser los sacerdotes según el Papa Francisco
Foto: Vida Nueva

El Papa Francisco se reunión con los participantes en el Curso para Rectores y Formadores de los Seminarios Latinoamericanos, a quienes se les entregó el discurso que había preparado para el encuentro y que finalmente no leyó.

En el texto, Su Santidad define cuáles son las auténticas motivaciones vocacionales en las que se deben centrar quienes se dedican a la formación sacerdotal y que están llamados a educar con su vida, más que con sus palabras.

A los participantes en el curso de formación, promovido por el Dicasterio para el Clero, el Pontífice les recuerda que hay cuatro dimensiones presentes en la persona del seminarista: la humana, la intelectual, la espiritual y la pastoral.

A continuación te señalamos las características que, de acuerdo con el Papa Francisco, deben tener los sacerdotes.

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Renunciar a los protagonismos y soñar juntos

Los sacerdotes deben renunciar a la inercia y al protagonismo y empezar a soñar juntos, unidos y abiertos a lo que el Señor desea hoy como formación para las próximas generaciones de sacerdotes, inspirados en las orientaciones actuales de la Iglesia.

Los rectores y formadores de los seminarios deben formar condiscípulos que compartan las mismas necesidades humanas y espirituales, y estén sujetos a las mismas fragilidades, limitaciones y errores, pero cuidando de no formar “superhombres”, sino hombres que con humildad sigan el proceso elegido por el Hijo de Dios, que es el camino de la encarnación.

Seguir caminos humanos y espirituales

La dimensión humana de la formación sacerdotal implica una maduración integral de la persona, potenciada por la gracia de Dios. Las auténticas motivaciones vocacionales, es decir, el seguimiento del Señor y la instauración del Reino de Dios, están en la base de un proceso que es a la vez humano y espiritual.

Así, una de las tareas más importantes en el proceso formativo de un sacerdote “es la lectura gradual” de su camino, en la que cada seminarista, primero, y cada sacerdote, después, deben actualizarla continuamente, a partir de su propio camino sacerdotal, lo que les permitirá superar cualquier tentación de autoengaño subjetivista y evaluar perspectivas mucho más amplias y objetivas.

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Una vida dedicada a los futuros pastores

Los formadores están llamados a educar con su vida, más que con sus palabras, ya que su sintonía humana y espiritual, en particular del rector del seminario, representan una de las mediaciones más importantes en el acompañamiento formativo.

La vida del formador, su constante crecimiento humano y espiritual como discípulo-misionero de Cristo y como sacerdote, sostenido y promovido por la gracia de Dios, es sin duda, el factor fundamental del que dispone para dar eficacia a su servicio a los seminaristas y sacerdotes en su configuración con Cristo, Siervo y Buen Pastor.

Por ello, debe dirigirse cada día a Jesús, para arrodillarse y, en su presencia, aprender de Aquel que es manso y humilde de corazón, para que poco a poco nuestro corazón aprenda a latir al ritmo del corazón del Maestro.

Una formación sin exclusivismos ni particularismos

La formación sacerdotal tiene como instrumento privilegiado el acompañamiento formativo y espiritual de todos, por lo que debe garantizarse que cada seminarista tenga una ayuda amplia y variada por parte de la comunidad de formadores, sin exclusivismos ni particularismos, pudiendo ser apoyado por sacerdotes de diferentes edades y sensibilidades.

De esta manera, el acompañamiento formativo debe permitir a cada futuro pastor discernir y consolidar no sólo una auténtica vocación al sacerdocio, sino también el camino personal e irrepetible que el Señor le ha trazado para vivirlo y ejercerlo.

 

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