Historias de Fe
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Dos médicos católicos hablan sobre la fe y el COVID-19

"Como hombre de ciencia, me gusta decir que la recuperación de un paciente depende de 60% de la fe".
Insumos médicos.
Insumos médicos.

El temor al contagio por COVID-19 es una constante en la vida diaria de los médicos, enfermeras y profesionales de la salud que combaten la pandemia. Saben del riesgo latente, pero cumplen con su deber de atender y dar consuelo a los pacientes.

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“Cuando llega un paciente sospechoso de COVID-19, lo que me viene a la cabeza es atenderlo. Como médico en ese momento no pienso en el contagio, sino en la manera de sacarlo de la enfermedad”, explica el doctor Alfonso, director de un hospital ubicado al oriente de la Ciudad de México.

“En este hospital llevamos a cabo todas las medidas sanitarias necesarias para evitar contagios entre el personal, además de ello, lo que les recomiendo a todo el personal es que antes de salir de sus hogares es encomendarse a Dios, pues cuando el médico no cura, entonces consuela, porque la parte espiritual sana al cuerpo físico”, señaló el especialista que prefiere omitir su apellido.

En su esfuerzo por atender a los pacientes recurre también “a la medicina más poderosa que es la fe en Dios”, asegura.

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Para quienes se ven afectados por la pandemia -enfermos, familias, o personas que han visto mermada su situación económica- la recomendación del directivo es no perder la esperanza y la fe en Dios y en la medicina, y mucho menos bajar la guardia en las medidas sanitarias y de prevención.

“Si vivimos esta pandemia es porque es tiempo de orar, no es cuestión de religión o de credos, todos lo debemos hacer, cada quien a su manera, pero hacerlo. Provengo de una familia muy católica y soy un médico muy católico, y como hombre de ciencia, puedo asegurar que nada se va a mover en el Cielo si nosotros no damos el primer paso sobre la tierra, es decir, vamos a darle a Dios lo que necesitamos que Él nos dé“.

Los médicos de todo el mundo enfrentan gran estrés debido a la pandemia.

Los médicos de todo el mundo viven largas jornadas de trabajo debido a la pandemia.

“Lo que hago todas las mañanas es encomendarme a Dios y orar, llegar a mi trabajo con alegría y gusto, y transmitirle a mis pacientes esa misma alegría, para que tengan la seguridad de que Dios los va a compensar sacando adelante a sus pacientes y a nosotros mismos, por supuesto”.

Para el doctor la mejor manera de combatir al COVID-19 es que la gente se quede en casa, lleve a cabo todas las medidas sanitarias recomendadas por las autoridades, haga oración y dialogue todos los días en la familia para evitar conflictos derivados del confinamiento.

“Como hombre de ciencia, me gusta decir que la recuperación de un paciente depende de 60% de su fe y 40% de los medicamentos”.

Tengamos fe, la crisis va a pasar

Para Amaury Hernán González Molina, médico con especialidad en Neumología, en estos momentos de crisis es importante acercarse a Dios, pues la fe da la esperanza de que esta crisis va a pasar. “Dios siempre va a encontrar la forma de atender nuestras peticiones, incluso en los momentos en los que vemos perdido todo”.

Aunque, el doctor González aún no ha estado en el “frente de batalla”, atendiendo a enfermos de COVID-19, sí ha percibido el miedo y la incertidumbre entre sus colegas. Por ello, considera que es el momento oportuno para profundizar en la fe, como seres humanos y como médicos.

Dr. Amaury Gutiérrez, señala que su fe lo ha ayudado a ser mejor médico. Foto CortesíaEl doctor Amaury González señala que su fe lo ha ayudado a ejercer mejor su labor. Foto: Amaury González/Cortesía.

“Hay que ser optimistas frente a esta pandemia, evitar la sobreexposición de noticias para no dañar nuestra salud mental; lo segundo es seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias, el COVID-19 existe y depende de la responsabilidad con que lo tomemos que este virus no acabe con más vidas”.

“Muchos no comulgan con la idea de Dios; sin embargo, aún sin pertenecer a ninguna religión pueden demostrar compasión y solidaridad en la vida diaria”.

“Por ejemplo, si estoy enfermo no salir a la calle; si mi vecino es de la tercera edad, preguntarle qué necesita comprar y llevarle su despensa; yo como médico, saber tratar a los pacientes y a sus familiares, es decir; aprender esta lección y encontrar en el servicio una manera de ver a Dios”.

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