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¿Qué decir y qué evitar para que tus hijos confíen en ti? La clave para prevenir el abuso

La comunicación emocional en la familia es clave para prevenir el abuso infantil. Especialistas explican cómo escuchar, validar y acompañar a los hijos fortalece la confianza y rompe el silencio.

5 mayo, 2026
¿Qué decir y qué evitar para que tus hijos confíen en ti? La clave para prevenir el abuso
Una conversación puede ser la diferencia entre el silencio y la protección. Foto: Desde la fe IA

En el ámbito familiar, una conversación puede ser la diferencia entre el silencio y la protección. En un contexto donde muchas situaciones de abuso permanecen ocultas, la pregunta es inevitable: ¿qué tan escuchados se sienten hoy niñas, niños y adolescentes dentro de sus propios hogares?

Dentro del marco de la Tercera Semana del Buen Trato, organizada por la Comisión de Protección de Menores de la Arquidiócesis Primada de México, especialistas coincidieron en que la comunicación emocional en la familia es uno de los factores más importantes para prevenir el abuso infantil.

Durante la conferencia “Cómo hablar, escuchar y contener: el arte de la comunicación en la familia”,la psicóloga Brenda Mariana Suárez, especialista en prevención del abuso sexual infantil, explicó que este tipo de violencia encuentra terreno fértil cuando confluyen tres elementos: la desinformación, la falta de comunicación y el miedo.

“Si logramos informar, hablar en familia y generar confianza, rompemos estos factores que permiten que el abuso ocurra o se mantenga en silencio”, señaló.

hijos frustración
La frustración en los adolescentes puede manifestarse con enojo, ansiedad y falta de flexibilidad ante los cambios. Foto: Especial

Un dato que preocupa: el abuso sí se comunica… pero pocas veces

Uno de los datos más relevantes compartidos en la conferencia es que 1 de cada 10 niños llega a comunicar que ha vivido una situación de abuso.

Lejos de ser una cifra para alarmar, este dato plantea un desafío claro: ¿qué estamos haciendo en casa para que nuestros hijos se sientan seguros de hablar? La realidad es aún más compleja.

Diversos organismos internacionales advierten que la violencia contra la niñez es un problema extendido y, en muchos casos, invisible. En América Latina, por ejemplo, la UNICEF destaca que casi 1 de cada 5 mujeres reporta haber sufrido violencia sexual antes de los 18 años, lo que evidencia que muchas experiencias de abuso no se denuncian en el momento en que ocurren.

En México, el panorama también es alarmante:

  • 6 de cada 10 niñas, niños y adolescentes han experimentado algún tipo de disciplina violenta en el hogar, lo que normaliza entornos donde el maltrato puede pasar desapercibido. (UNICEF)
  • Entre adolescentes mujeres, hasta 6 de cada 10 han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, ya sea emocional, física o sexual. (UNICEF)
  • Además, se estima que alrededor del 10% de las mujeres en México ha vivido violencia sexual desde la infancia, según datos oficiales. (INMUJERES)

Estas cifras muestran que el abuso no es un hecho aislado, sino una realidad que muchas veces permanece oculta, especialmente cuando ocurre dentro de entornos cercanos o de confianza.

Especialistas coinciden en que el problema no es solo la existencia del abuso, sino el silencio que lo rodea. De hecho, muchos casos nunca se denuncian o se hacen visibles años después, cuando el daño ya está profundamente arraigado.

“La comunicación no es solo dar órdenes; es crear un espacio donde los hijos puedan expresar lo que viven, sienten y piensan”, explicó Mariana Suárez. Por eso, más allá de los datos, la pregunta de fondo sigue siendo la misma ¿nuestros hijos saben que pueden hablar… y que serán escuchados?

Cuando no hay comunicación, crece el silencio

La falta de escucha y validación emocional puede llevar a niñas y niños a guardar lo que viven, incluso cuando se trata de situaciones de riesgo. Especialmente en contextos donde emociones como el miedo, el enojo o la tristeza son minimizadas o reprimidas, los menores aprenden que expresar lo que sienten no es bien recibido, y comienzan a construir una barrera emocional con sus propios padres.

De acuerdo con la especialista, este problema también está relacionado con la falta de lenguaje emocional en las familias. Es decir, cuando en casa no se nombra lo que se siente, los niños pueden tener dificultades incluso para identificar si algo les hace bien o les incomoda. Por ejemplo, explicó que muchas veces una emoción como el nerviosismo puede aparecer tanto en una experiencia positiva como en una situación de riesgo, pero si el menor no sabe distinguirla, pierde una señal clave para protegerse o pedir ayuda.

Frases como “no llores”, “no es para tanto” o “estás exagerando”, entre otras, pueden parecer inofensivas, pero envían un mensaje claro: no es seguro hablar. Con el tiempo, estas respuestas generan que el niño o adolescente deje de compartir lo que vive, incluso con las personas en quienes debería confiar más.

Este silencio tiene consecuencias profundas. De acuerdo con organismos como UNICEF, una gran parte de los casos de violencia contra la niñez no se reporta en el momento en que ocurre, precisamente por el miedo, la vergüenza o la falta de confianza en los adultos cercanos. En muchos casos, las víctimas tardan años en hablar, o nunca lo hacen.

Esto se vuelve especialmente grave en situaciones de abuso, donde el agresor suele manipular mediante miedo, culpa o amenazas, reforzando la idea de que no deben decir nada. Si el menor no encuentra en casa un espacio seguro, donde sea escuchado y validado, el silencio no solo se instala, sino que puede prolongar la situación de riesgo, comenta Suárez.

Errores que pueden bloquear la confianza

De acuerdo con la especialista, estos son algunos errores frecuentes que dificultan la comunicación y pueden impedir que un menor pida ayuda:

  • No creer en lo que dicen
  • Minimizar lo que viven
  • Invalidar sus emociones
  • Interrogar de forma insistente o agresiva
  • Reaccionar con amenazas o enojo

Estas respuestas, muchas veces motivadas por el miedo o la preocupación de los padres, pueden generar culpa en el menor e inhibir futuras conversaciones, recalcó la especialista.

Además, estas reacciones pueden provocar que niñas, niños y adolescentes interioricen la idea de que expresar lo que sienten es peligroso o inútil. En contextos de posible abuso, esto resulta especialmente grave, ya que el menor puede optar por callar para evitar conflictos, castigos o consecuencias que percibe como su responsabilidad.

Con el tiempo, este silencio no solo dificulta la detección oportuna de situaciones de riesgo, sino que también debilita el vínculo familiar, haciendo más difícil que el niño vuelva a buscar apoyo en sus padres o cuidadores.

Padres escuchan a su hijo adolescente en casa fomentando la comunicación emocional y la prevención del abuso infantil
La comunicación en familia fortalece la confianza y es clave para prevenir el abuso infantil. Foto Desde la fe IA

Escuchar, validar y acompañar: claves para proteger

Frente a estos riesgos, la comunicación emocional se convierte en una verdadera herramienta de protección dentro de la familia. No se trata solo de hablar, sino de crear un vínculo donde el niño se sienta seguro, comprendido y acompañado, incluso en los momentos difíciles.

Por ello, la Psic. Brenda Suárez recomendó fortalecer prácticas concretas que favorecen esta conexión:

  • Escuchar con atención plena, dejando de lado distracciones.
  • Mirar a los ojos, para transmitir interés y cercanía.
  • Ponerse al nivel del niño o adolescente, física y emocionalmente.
  • Permitir que se exprese sin interrupciones, respetando su ritmo.
  • Validar lo que siente, aunque como adulto parezca algo pequeño.

Asimismo, el uso de frases adecuadas fortalece la confianza y abre la puerta al diálogo:

  • “Te entiendo”
  • “Aquí estoy contigo”
  • “Es válido que te sientas así”

De acuerdo con la especialista, estas expresiones no solo contienen emocionalmente, sino que ayudan a que niñas, niños y adolescentes reconozcan y nombren lo que sienten, un paso fundamental para poder pedir ayuda cuando algo no está bien.

Además, el contacto físico, como un abrazo oportuno, también cumple un papel esencial, ya que transmite cercanía, protección y acompañamiento. Este tipo de gestos refuerzan el mensaje de que no están solos y que cuentan con adultos disponibles para sostenerlos.

Cuando esta comunicación se vuelve parte de la vida cotidiana, no solo fortalece el vínculo familiar, sino que también crea un entorno donde los hijos saben que, ante cualquier situación que les incomode o ponga en riesgo, pueden hablar y serán escuchados sin miedo.

Un hogar seguro: confianza, reglas y presencia

Un ambiente familiar protector no significa ausencia de normas, sino equilibrio entre afecto y estructura. “Validar emociones no significa permitir todo”, explicó la especialista. “Se puede reconocer lo que el niño siente y, al mismo tiempo, mantener límites claros que lo protejan”.

Lejos de debilitar la autoridad, este enfoque la fortalece, porque enseña a niñas, niños y adolescentes que pueden expresar lo que sienten sin perder la guía de sus padres. Esto es clave para su desarrollo emocional y para su capacidad de reconocer situaciones de riesgo.

De acuerdo con la especialista, un verdadero “espacio seguro” en casa se construye a partir de elementos concretos:

  • Confianza para hablar, sin miedo a ser juzgados
  • Reglas claras, que den estructura y orientación
  • Reacciones predecibles de los adultos, que eviten la ansiedad o el temor
  • Disponibilidad emocional de los padres, incluso en medio de la rutina

Cuando estos elementos están presentes, los hijos no solo se sienten protegidos, sino que también desarrollan habilidades fundamentales como poner límites, decir “no” y pedir ayuda a tiempo.

Diversos estudios hacen mención a este tema, por ejemplo, la UNICEF señala que los entornos familiares donde hay comunicación abierta y relaciones de confianza reducen significativamente la vulnerabilidad de niñas y niños frente a distintos tipos de violencia, incluido el abuso.

Asimismo, investigaciones sobre desarrollo infantil indican que la presencia afectiva y consistente de los cuidadores favorece una mayor autoestima y capacidad de autocuidado en los menores.

Por el contrario, en hogares donde predominan la inconsistencia, el miedo o la falta de atención emocional, los niños pueden desarrollar mayor dificultad para identificar riesgos o expresar lo que viven, lo que incrementa su vulnerabilidad.

En este sentido, la especialista subrayó que la prevención no depende de grandes acciones, sino de lo cotidiano: la forma en que se escucha, se responde y se acompaña en casa. Porque es ahí, en la vida diaria, donde los hijos aprenden si el mundo es un lugar seguro… y si pueden confiar en quienes los cuidan.

La prevención empieza en casa… y en los padres

Otro aspecto fundamental es el trabajo personal de los adultos. La forma en que madres y padres reaccionan ante las emociones de sus hijos está profundamente influida por su propia historia emocional, por lo que vivieron en su infancia y por las herramientas —o la ausencia de ellas— con las que aprendieron a gestionar sus sentimientos.

De acuerdo con lo expuesto durante el encuentro, un padre o una madre que reconoce sus propias emociones y aprende a gestionarlas, tiene mayor capacidad para escuchar, contener y acompañar a sus hijos sin invalidarlos. Por el contrario, cuando no hay este trabajo interior, es más probable reaccionar desde el enojo, la prisa, el miedo o la indiferencia, lo que puede cerrar los canales de comunicación en casa.

En este sentido, la salud mental de los padres no es un tema secundario, sino una pieza clave en la construcción de entornos familiares seguros. Diversos especialistas coinciden en que los niños aprenden a relacionarse con el mundo a partir de la forma en que son tratados en casa; por ello, un adulto emocionalmente disponible favorece el desarrollo de hijos con mayor autoestima, capacidad de expresar lo que sienten y pedir ayuda cuando la necesitan.

“Nadie nace sabiendo ser mamá o papá, pero siempre es buen momento para aprender”, se destacó durante el encuentro, subrayando la importancia de buscar herramientas, formación y acompañamiento cuando sea necesario.

Una misión compartida

La Arquidiócesis de México, a través de la Semana del Buen Trato, busca precisamente generar estos espacios de formación, sensibilización y acompañamiento, colocando en el centro la protección de niñas, niños y adolescentes.

Estas iniciativas responden a una realidad urgente: la necesidad de construir entornos donde la niñez crezca libre de violencia, con adultos capaces de escuchar, orientar y proteger. En este camino, la prevención no es tarea de unos cuantos, sino una responsabilidad compartida entre familias, comunidad e Iglesia.

Porque prevenir el abuso no comienza cuando aparece una situación de riesgo, sino mucho antes: en el diálogo cotidiano, en la escucha atenta, en los límites que cuidan y en el amor que se traduce en presencia real.

Cuando un niño sabe que será escuchado, entendido y protegido, no solo se fortalece su confianza, también se rompe una de las principales barreras del abuso: el silencio.



Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.