Iglesia en México

El nuevo Obispo de Veracruz va lleno de esperanza

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Lo primero que le vino a la mente a Mons. Carlos Briseño Arch cuando le informaron que el Papa Francisco lo había nombrado como cuarto obispo de la Diócesis de Veracruz, fueron las palabras que dijo San Juan Pablo II en el malecón aquel 7 de mayo de 1990: “Veracruz es bello”.

Tras 12 años de ministerio episcopal en la Ciudad de México, el pasado 12 de noviembre la Secretaría General de la CEM dio a conocer que el Santo Padre había nombrado a Carlos Briseño–hasta entonces Auxiliar de México– como obispo de la Iglesia veracruzana, en sustitución de monseñor Luis Felipe Gallardo.

Pregunta: ¿Qué es lo mejor que le dejó la Arquidiócesis de México como Obispo Auxiliar?

Respuesta: Muchas cosas, y sería muy largo enumerarlas, pero entre lo más importante fue el trabajo colegial que realizamos el Consejo Episcopal con el Cardenal; esto me ha ido formando en mi ministerio episcopal.

También destaca la variedad de ambientes que pudo conocer en la capital del país, pero sobre todo, “lo que me han enseñado los sacerdotes a los que procuré servir, y la sencillez y el espíritu de servicio de tantos laicos”.

Monseñor Briseño Arch –quien en la Iglesia capitalina fue Vicario Episcopal en la I y II vicarías– asegura que va con mucha “alegría y esperanza” a aprender del pueblo jarocho y a servirlo, “gente abierta y cariñosa”, a la que –dice– “ya quiero conocer”.

¿Quién es Carlos Briseño?

El ahora Obispo electo estudió Filosofía y Teología en el Centro de Estudios Filosóficos y Teológicos de los Agustinos Recoletos, asociado a la Universidad de Navarra. El 27 de septiembre de 1986 se ordenó sacerdote en Querétaro. En 2006, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México. En la CEM fue miembro del Consejo Permanente de la Provincia Eclesiástica de México (Trienio 2006-2009). Y es presidente de la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso y Comunión para el Trienio 2016-2018.

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