Cómo enseñar a los niños a tolerar la frustración: claves para acompañar con empatía y límites
Respirar, contener y conectar: tres claves para educar emocionalmente a los hijos en un mundo hiperconectado,.
En un contexto marcado por la inmediatez, las pantallas y la hiperestimulación, aprender a tolerar la frustración se ha convertido en uno de los grandes desafíos en la crianza de niñas, niños y adolescentes.
Este fue uno de los temas centrales de la conferencia impartida por la psicóloga infantil María Elena Chimés Ramírez, como parte de la Semana del Buen Trato organizada por la Comisión de Protección de Menores de la Arquidiócesis Primada de México, una iniciativa que busca sensibilizar y brindar herramientas a padres de familia, cuidadores y catequistas para fomentar relaciones más dignas y respetuosas, especialmente con los más vulnerables.
María Elena Chimés Ramírez, especialista en desarrollo emocional infantil con más de 15 años de experiencia, explicó que actualmente muchos niños crecen en “entornos facilitadores” donde la frustración prácticamente desaparece. Sin embargo, advirtió que evitarles constantemente el malestar no los prepara para la vida adulta.
“¿Cómo un niño va a aprender la frustración? No es evitándola. Muchas veces los papás queremos solucionarles todo, pero necesitan experiencias repetidas para poder ir tolerando. Son pequeñas dosis que van preparando a los niños para la vida futura”.
La especialista compartió que el cerebro infantil, particularmente la corteza prefrontal encargada de funciones como el control de impulsos y la autorregulación, termina de desarrollarse hasta después de los veinte años. Por ello, aprender a esperar, tolerar un “no” o enfrentar pequeñas decepciones forma parte esencial del crecimiento emocional.
La inmediatez y las pantallas: retos de la crianza actual
Chimés Ramírez señaló que las nuevas generaciones viven en un entorno donde casi todo ocurre “a un clic de distancia”: entretenimiento, información e incluso la satisfacción de necesidades inmediatas. Esto, dijo, reduce las oportunidades naturales para aprender sobre paciencia y manejo emocional.
“La vida está llena de pequeñas frustraciones y no podemos tener a los niños en una burbuja. El problema no es frustrarse, sino cómo afrontamos esa frustración”.
También alertó sobre el uso excesivo de pantallas como mecanismo para regular emociones o evitar conflictos cotidianos. Aunque aclaró que no busca “satanizar” la tecnología, señaló que muchas veces los dispositivos terminan funcionando como una “nana” o un “chupón emocional”.
Según explicó, cuando los niños se acostumbran desde pequeños a regularse únicamente mediante estímulos inmediatos —como redes sociales, videojuegos o consumo digital— aumenta el riesgo de que, más adelante, busquen otras formas rápidas de obtener bienestar emocional.
“Estamos formando caminos en un cerebro que está en construcción. Después puede haber más probabilidad de caer en adicciones o dificultades para conectar con las emociones”.
Contener no es ceder: la importancia de los límites
Uno de los puntos más importantes que señala la especialista es aprender a distinguir entre acompañar emocionalmente a un niño y sobreprotegerlo: un berrinche no debe verse únicamente como “mala conducta”, sino como la manifestación de una emoción que el menor todavía no sabe expresar.
“Detrás de una conducta hay una emoción: miedo, vergüenza, angustia o frustración. El niño necesita un adulto que se regule primero y le ayude a entender lo que siente”.
Chimés Ramíez xplicó que contener implica validar la emoción sin renunciar al límite. Por ejemplo, si un niño quiere una paleta antes de comer, el adulto puede reconocer su enojo y deseo sin cambiar la decisión tomada.
“Contener es acompañar sin ceder el límite. Sobreproteger es evitarle el malestar”.
Asimismo, destacó que los límites son necesarios porque brindan estructura y seguridad emocional. Comparó esta función con una carretera señalizada: los niños necesitan saber hasta dónde pueden avanzar y qué caminos son seguros.
La psicóloga también insistió en que el ejemplo y la regulación emocional del adulto son fundamentales.
“El fuego no se apaga con fuego. Yo como adulto tengo que llegar desde la calma”.
Herramientas prácticas para acompañar la frustración
Entre las recomendaciones prácticas para madres, padres y cuidadores, María Elena Chimes Ramírez destacó tres aspectos esenciales: la regulación emocional del adulto, la conexión afectiva y la capacidad de responder a las necesidades particulares de cada hijo.
La primera herramienta, dijo, es la respiración consciente. Antes de reaccionar impulsivamente ante un berrinche o una desregulación emocional, el adulto necesita hacer una pausa y recuperar la calma.
“La respiración nos trae al momento presente y nos ayuda a pensar antes de actuar”.
La segunda es fortalecer la conexión emocional mediante momentos de presencia auténtica, contacto visual, cercanía física y juego compartido. Estos “rituales”, explicó, fortalecen el vínculo y favorecen la cooperación.
“A mayor conexión, mayor cooperación”.
Finalmente, subrayó la importancia de reconocer la individualidad de cada niño y educar desde una combinación equilibrada entre información, intuición y observación cercana.
“Los niños no vienen con manual, pero ellos son el manual”.
María Elena Chimés Ramírez nos invita a comprender que la frustración no es enemiga del desarrollo infantil, sino una oportunidad para formar personas más resilientes, empáticas y capaces de enfrentar la realidad con mayor equilibrio emocional.



