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Fragilidad emocional en niños y adolescentes: las señales que muchos papás no ven a tiempo

La fragilidad emocional en niños y adolescentes es cada vez más frecuente. Expertos explican cuáles son las señales que pueden aparecer en casa y cómo acompañarlos a tiempo.

5 marzo, 2026
Fragilidad emocional en niños y adolescentes: las señales que muchos papás no ven a tiempo
Especialistas en salud mental advierten que la mayoría de los trastornos emocionales comienzan antes de los 18 años y suelen manifestarse primero en casa. Foto: UNICEF

“Hay días en que siento que todo me sale mal”, dice Dante, un adolescente de 13 años que, en ocasiones, llega de la escuela, se encierra en su cuarto y prefiere guardar silencio sobre lo que le preocupa. No siempre sabe explicar lo que siente, pero reconoce que algunas cosas, como las comparaciones con otros compañeros o los comentarios en redes, pueden hacerlo sentir triste o inseguro.

Actualmente, historias como la de Dante suelen escucharse a menudo. La fragilidad emocional en niños y adolescentes es una realidad cada vez más visible, aunque muchas veces permanece oculta dentro del entorno familiar. Especialistas en salud mental advierten que la mayoría de los trastornos emocionales comienzan antes de los 18 años y suelen manifestarse primero en casa, a través de cambios de conducta, irritabilidad o retraimiento que con frecuencia pasan desapercibidos o se interpretan simplemente como “etapas normales” del crecimiento.

Sin embargo, el aumento de estos casos no significa necesariamente que las nuevas generaciones sean más débiles, en muchos casos, se trata de procesos propios del desarrollo que, si se comprenden y acompañan adecuadamente, pueden convertirse en una oportunidad para fortalecer la identidad, la autoestima y la vida interior de los jóvenes.

Así lo explica Andrea de Paz Muñiz, especialista en acompañamiento a jóvenes adultos y voluntaria en el equipo de Pastoral Infantil de la Arquidiócesis de México, quien subraya que la adolescencia es una etapa de transformación profunda en distintos niveles de la persona.

berrinches niños
No existe una fórmula única para controlar los berrinches. Foto: Especial

Las señales de alerta suelen aparecer desde la infancia

Según la Organización Mundial de la Salud, la mitad de los trastornos mentales se inician antes de los 14 años, y la depresión, la ansiedad y los trastornos de conducta se encuentran entre las principales causas de enfermedad en adolescentes.

En el caso de las niñas, diversos estudios muestran una mayor prevalencia de síntomas depresivos y ansiosos a partir de la pubertad, fenómeno que suele relacionarse con factores como la autoimagen, la presión social y una mayor sensibilidad relacional.

De acuerdo con Andrea de Paz Muñiz, especialista en acompañamiento a jóvenes adultos, estas dificultades emocionales no surgen de manera repentina, sino que se desarrollan gradualmente durante los procesos de crecimiento.

“La adolescencia es una etapa de reorganización profunda en muchos aspectos: neurológico, hormonal, afectivo y también en la construcción de la identidad. El cerebro emocional madura antes que el racional, por eso los jóvenes pueden vivir emociones muy intensas sin tener todavía todos los recursos para regularlas”, explica.

En México, los problemas de salud mental en adolescentes también muestran una presencia significativa. De acuerdo con el Reporte sobre la familia en México 2025, de la Universidad Pontificia de México, al menos 1.6 de cada 10 menores de edad presenta algún problema de salud mental, siendo los más frecuentes el estrés, la ansiedad y la depresión.

El informe señala que los trastornos más comunes en este grupo son la ansiedad (40.6%), los trastornos afectivos (27.9%) y la fobia social (14.3%), y advierte que muchos de estos padecimientos no son diagnosticados ni atendidos oportunamente.

Para Andrea de Paz, parte del problema es que los primeros signos suelen confundirse con comportamientos típicos de la edad. “Muchas veces se piensa que son solo etapas o cambios normales, pero cuando el malestar se vuelve muy intenso, frecuente o empieza a afectar la vida cotidiana del niño o del adolescente, es importante prestar atención”, advierte.

Acompañamiento a los hijos
Desde la perspectiva cristiana, esta fragilidad no se interpreta como debilidad, sino como una etapa de especial necesidad afectiva y de acompañamiento. Foto: Especial

¿Fragilidad o acompañamiento?

Desde la perspectiva cristiana, esta etapa se comprende como un momento de especial necesidad afectiva y de acompañamiento. El Papa Francisco subrayó que el crecimiento emocional de los hijos requiere presencia, escucha y cercanía en la familia. En la exhortación apostólica Amoris Laetitia lo expresó con claridad: “La familia es la primera escuela de los valores humanos, donde se aprende el buen uso de la libertad”, (AL 274).

También indicó que el mundo actual expone a niños y adolescentes a múltiples vulnerabilidades afectivas:, “Los niños y los adolescentes son particularmente vulnerables ante los cambios culturales y sociales”, (AL 275).

En este mismo sentido, la exhortación señala que el desarrollo afectivo no ocurre de manera automática, sino que requiere acompañamiento y formación. “La educación emocional debe ocupar un lugar importante en la formación de la persona”, (AL 281).

De acuerdo con la especialista en acompañamiento a jóvenes adultos, este llamado coincide con lo que hoy observa la psicología en el desarrollo de los adolescentes. “Esta es una etapa de plasticidad en la que la persona está construyendo su identidad, su autoestima y su sentido de pertenencia. Por eso es un momento privilegiado para fortalecer recursos internos y acompañar de manera cercana”.

Subraya que los jóvenes necesitan especialmente espacios de escucha real, donde puedan expresar lo que viven sin miedo a ser juzgados. “Muchas veces ellos no necesitan respuestas inmediatas, sino sentirse escuchados. Cuando saben que pueden hablar sin ser criticados o minimizados, se abre la puerta para acompañarlos de verdad”, apunta.

Añade que, por ello, el acompañamiento familiar, basado en la presencia, el diálogo y la validación emocional, se convierte en un elemento clave para fortalecer su seguridad afectiva. “El niño aprende a verse a sí mismo a través de la mirada de sus padres y cuando esa mirada transmite aceptación, coherencia y amor estable, se construye una base emocional mucho más sólida”.

Señales emocionales que pueden aparecer en casa

Los primeros signos de fragilidad emocional en niños y adolescentes suelen manifestarse dentro del entorno familiar. Sin embargo, muchas veces pasan desapercibidos porque se interpretan como cambios normales de la edad.

Para Andrea de Paz Muñiz, especialista en acompañamiento a jóvenes adultos, es importante que los padres aprendan a observar ciertas señales que pueden indicar que el malestar emocional está superando lo esperable para la etapa. “Es normal que en la adolescencia haya cambios de humor, mayor sensibilidad, necesidad de privacidad o conflictos con los padres. Son parte del crecimiento y de la búsqueda de identidad”.

No obstante, la especialista explica que la diferencia entre un proceso normal y una señal de alerta se encuentra en la intensidad, la duración y el impacto que ese malestar tiene en la vida cotidiana. Al respecto, indica que “cuando el malestar es muy intenso, muy frecuente o empieza a afectar el funcionamiento del niño o del adolescente en su vida diaria, es importante prestar atención”.

Entre las señales que pueden aparecer en casa se encuentran:

  • Aislamiento persistente
  • Cambios bruscos de humor
  • Llanto frecuente sin una causa clara
  • Alteraciones en el sueño o en el apetito
  • Expresiones constantes de autocrítica o desvalorización personal

“Cuando un niño comienza a decir frases como ‘no sirvo’, ‘nadie me quiere’ o ‘no soy suficiente’, y lo repite con mucha frecuencia, es una señal que merece atención”, enfatiza.

En algunos casos, el sufrimiento emocional puede manifestarse a través de conductas más preocupantes, como autolesiones o pensamientos relacionados con la muerte. “Una señal muy importante es cuando el sufrimiento ya interfiere con el funcionamiento cotidiano del niño: cuando deja de disfrutar lo que antes le gustaba, tiene dificultades en la escuela o se aísla de los demás”.

Por ello, Andrea de Paz subraya que la observación cercana y la comunicación dentro de la familia son fundamentales para detectar a tiempo estas señales. “Muchas veces los niños y adolescentes no saben explicar exactamente lo que sienten, pero lo expresan a través de su comportamiento. Por eso es importante estar atentos y ofrecer espacios de escucha real”.

Redes sociales
La sobreexposición a las redes sociales provocan aislamiento en los adolescentes. Foto: Especial.

El papel insustituible de la familia

Diversos estudios en psicología del desarrollo y salud infantil coinciden en que el principal factor protector de la salud emocional infantil y adolescente es el vínculo familiar seguro: presencia afectiva, escucha, validación emocional y límites claros.

Por ejemplo, la teoría del apego, desarrollada por John Bowlby y Mary Ainsworth, ha demostrado que los niños y adolescentes que crecen en relaciones estables y sensibles con sus cuidadores desarrollan mejor regulación emocional y menor riesgo de ansiedad o depresión.

En la misma línea, organismos internacionales de salud señalan que la relación afectiva positiva con los padres es el factor protector más consistente frente a problemas emocionales y conductuales en la infancia y la adolescencia (OMS).

Y es que la familia es el primer espacio donde se aprende a reconocer y expresar las emociones. A través de la interacción cotidiana con los padres, el niño aprende a nombrar lo que siente, regular sus impulsos y construir su seguridad interior.

Investigaciones en resiliencia infantil muestran que la presencia de al menos un adulto estable y afectivamente disponible, habitualmente papá y mamá, es el predictor más sólido de bienestar emocional en menores.

Para Andrea de Paz Muñiz, especialista en acompañamiento a jóvenes adultos, la seguridad emocional de los hijos comienza precisamente en esa experiencia cotidiana de sentirse escuchados y aceptados y subraya que el acompañamiento familiar no significa evitar todas las dificultades, sino ofrecer un espacio seguro donde los hijos puedan expresar lo que viven.

El Papa Francisco insiste en que los padres no pueden delegar esta tarea esencial. También en la exhortación apostólica Amoris Laetitia afirma que “La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento y de guía”. (AL 260)

Cuando la fragilidad emocional no es reconocida ni acompañada en el ámbito familiar, puede evolucionar hacia trastornos de ansiedad, depresión o conductas de riesgo. La evidencia clínica muestra que la ausencia de apoyo parental sensible y de vínculos seguros se asocia con mayor vulnerabilidad emocional en la adolescencia (OMS). Por ello, especialistas en pastoral familiar subrayan la importancia de que los padres aprendan a identificar señales tempranas y generen espacios de diálogo emocional en casa.

En este sentido, Andrea de Paz insiste en que la presencia afectiva de los padres sigue siendo un elemento decisivo. “Los hijos no necesitan padres perfectos, sino padres disponibles, que les den tiempo de calidad, que sean coherentes entre lo que dicen y lo que hacen, y que estén presentes para acompañarlos”.

Cuando la fragilidad pide ayuda

Reconocer la fragilidad emocional en niñas y adolescentes no significa patologizar su desarrollo, sino atender necesidades afectivas profundas propias de la etapa. La intervención temprana familiar, educativa o terapéutica mejora de forma significativa el pronóstico emocional.

En México, el Reporte sobre la familia 2025 advierte que el acceso a atención en salud mental sigue siendo limitado: existen apenas 1.5 psiquiatras por cada 100 000 habitantes, además de una baja disponibilidad de psicólogos y personal especializado. El documento también señala que el suicidio se ha convertido en la segunda causa de muerte en jóvenes de 15 a 19 años, con 8 837 casos registrados en el país en 2023.

En este contexto, la Iglesia recuerda que el cuidado integral de la persona incluye su dimensión psicológica y afectiva. Como afirma el papa Francisco: “Todo niño tiene derecho a recibir amor, ternura y cuidado”, (AL 172)

La fragilidad emocional, cuando es acogida y acompañada, puede convertirse en camino de maduración y fortaleza interior. Pero cuando es ignorada, suele transformarse en sufrimiento silencioso.

Para Andrea de Paz Muñiz, el acompañamiento familiar sigue siendo el factor más decisivo para la salud emocional de los hijos. “Muchas veces lo que un niño necesita no es que resolvamos todo por él, sino saber que tiene un lugar seguro al que puede volver”.



Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.