Editorial

Víctimas, re-víctimas y recontra-víctimas

DLF Redacción

El pasado jueves se cumplió el plazo judicial para que el Gobierno de Estados Unidos reintegrara a la totalidad de niños y adolescentes a sus familias migrantes, luego de que éstos fueran separados de sus padres al intentar cruzar su frontera sur; lejos de cumplir con el objetivo, las autoridades migratorias de la “era Trump” decidieron repatriar a su país de origen a más de cuatro centenares de adultos, dejando a sus hijos, de entre 5 y 17 años, en territorio estadounidense bajo custodia federal.

Víctimas de la violencia, el deterioro social y las malas políticas de sus gobiernos, muchas familias se ven obligadas a ser parte del actual fenómeno de hipermovilidad humana, al decidir ir en busca de un estilo de vida, ya no de decoro, sino apenas llevadero. Sin embargo, éstas han sido revictimizadas por la arbitrariedad e insensibilidad de un gobierno que, con su política de “Tolerancia Cero”, separó a los menores de sus padres. La medida causó indignación entre la comunidad internacional, lo que llevó al mandatario Trump a firmar una Orden Ejecutiva para la reintegración de las familias, lo cual no se ha cumplido. Con la repatriación de más de cuatro centenares de adultos sin sus hijos, se ha ejecutado una nueva crueldad, que hace a estas familias tres veces víctimas.

El Gobierno norteamericano, como los de muchos países del llamado primer mundo, siguen en su empeño por sacar provecho de los recursos naturales y de zonas geoestratégicas de otros países –sean de África, Latinoamérica u otras regiones–, generando miseria y forzando la migración, pero al mismo tiempo quejándose amargamente de dicho fenómeno.

Sin embargo, el buen juez por su casa empieza: México debe convertirse ya en un país que vea por sus migrantes y por todas aquellas personas que transitan nuestro territorio, que cree políticas públicas en favor de la movilidad humana.