Editorial

Espíritu de diálogo

Apenas anunciados los primeros cambios por venir en los distintos niveles de gobierno, los halagos y las críticas no se han hecho esperar en los diferentes medios de comunicación: lo que políticamente ha parecido bien a unos mexicanos, ha sido visto de manera distinta por otros. Bajo este escenario nacional de divergencias, ¿será posible avanzar juntos en la solución de problemas que han mantenido a la sociedad dividida por años o por décadas?

Si bien el acercamiento entre sectores históricamente enfrentados parece una posibilidad, actualmente suena muy difícil un ensamble de posturas opuestas; sin embargo,  pese a las diferencias de opiniones, definitivamente se puede avanzar –mediante el factor “respeto”– por el camino del destrabe de esos nudos sociales que sólo abonan a las desarmonías de una nación. Temas de división hay innumerables, basta echar un vistazo a nuestro elenco de convicciones que podrían dar pie a insultos de unos con otros.

El Papa Francisco ha dicho que el insulto es un recurso ‘homicida’, pues intenta cancelar la voz del prójimo, asesinarla. Como miembros de una sociedad polarizada, seguramente la mayoría contamos con un catálogo de insultos para quienes tienen opiniones enfrentadas a las nuestras; pero esos insultos no terminan en sí mismos, sino que dan pie a otros que al igual pretenden aniquilar el derecho de la persona a ser ‘respetable’. Insultar a alguien es decir a la gente: ‘Este no merece ser escuchado, pues en su defecto, necesariamente opina mal’, ha explicado el Santo Padre.

En síntesis, si como mexicanos anhelamos tener un país armónico, sociedad, gobierno, bancadas políticas e Iglesia, debemos asumir nuevas dinámicas de encuentro, en las que prevalezca el respeto y la dignidad del otro. Acerquemos posturas, desterremos la cultura del insulto y vivamos el espíritu del diálogo.