¿Y si sí?

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¿Y si sí?

El entusiasmo que hoy une a millones de mexicanos alrededor del fútbol puede convertirse en una oportunidad para preguntarnos si también somos capaces de creer en un país reconciliado, más justo y profundamente humano.

4 julio, 2026
¿Y si sí?
Cuando la esperanza deja de quedarse en un estadio y se convierte en compromiso, comienza la posibilidad de cambiar la realidad.
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Hay frases que aparecen de pronto y logran resumir el ánimo de todo un país. En estos días, una de ellas se escucha en estadios, redes sociales, reuniones familiares y conversaciones entre amigos: “¿Y si sí?”.

¿Y si sí ganamos contra Inglaterra? ¿Y si sí llegamos más lejos en el Mundial de lo que cualquiera imagina? ¿Y si sí ocurre aquello que siempre parece imposible?

Esta diminuta pregunta revela la capacidad de seguir creyendo cuando las probabilidades parecen insuficientes. Nos recuerda que la esperanza siempre encuentra un espacio, incluso cuando la lógica invita al pesimismo.

En este escenario, vale la pena preguntarnos: ¿por qué esa esperanza habría de quedarse únicamente en una cancha de fútbol?

Con demasiada frecuencia repetimos que “México nunca va a cambiar”, y lo decimos con la misma facilidad con la que compartimos un meme o comentamos un partido.

Nos hemos acostumbrado a pensar que ciertos problemas son permanentes, que la violencia llegó para quedarse, que las familias seguirán rompiéndose y que la dignidad humana siempre tendrá precio.

¿Por qué somos capaces de creer que podemos ganar un Mundial, pero no de creer que podemos reconstruir nuestro país? ¿Qué pasaría si esa misma convicción la lleváramos a los desafíos que verdaderamente marcan la vida de nuestro país?

¿Y si sí pudiéramos disminuir la violencia que tanto dolor ha sembrado en nuestras comunidades?
¿Y si sí encontráramos caminos para que cada vez haya menos personas desaparecidas y más familias que recuperen la paz?

¿Y si sí lográramos que ningún joven sintiera que el suicidio es la única salida a su sufrimiento?
¿Y si sí reconstruyéramos familias unidas, capaces de transmitir valores, escuchar, acompañar y educar en el amor?

¿Y si sí volviéramos a reconocer que toda vida humana tiene un valor que viene de Dios, desde su concepción hasta su muerte natural?

¿Y si sí aprendiéramos a custodiar la dignidad de cada persona, especialmente de quienes hoy son descartados, ignorados o tratados como si su vida valiera menos?

Estas preguntas no las hacemos desde un optimismo ingenuo, pues la esperanza cristiana nunca ha consistido en esperar con los brazos cruzados. Al contrario, es la certeza de que el bien puede abrirse paso cuando cada persona decide hacer su parte.

Una renovación auténtica comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué pueden hacer los demás y empezamos a preguntarnos qué podemos hacer nosotros.

No vamos a resolver solos la crisis que vive el país, pero sí podemos convertirnos en personas que cuidan, escuchan, acompañan y defienden la vida dondequiera que estén.

El Mundial terminará dentro de unas semanas, e incluso aunque México llegue a ser campeón, la emoción pasará y la frase dejará de ser tendencia.

Sin embargo, los grandes desafíos de nuestro país seguirán esperando personas capaces de creer que el cambio es posible.

Así pues, invitamos a toda la sociedad a que el “¿Y si sí?” no se quede en un grito de aliento para un partido de fútbol, sino que se convierta en una forma de mirar la vida.

Quizá hoy esa misma pregunta también nos la está haciendo Dios. ¿Y si sí?

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Autor

La redacción de Desde la fe está compuesta por sacerdotes y periodistas laicos especializados en diferentes materias como Filosofía, Teología, Espiritualidad, Derecho Canónico, Sagradas Escrituras, Historia de la Iglesia, Religiosidad Popular, Eclesiología, Humanidades, Pastoral y muchas otras. Desde hace 25 años, sacerdotes y laicos han trabajado de la mano en esta redacción para ofrecer los mejores contenidos a sus lectores.