Fe en tiempos del marcador
Cuando un país suspende su respiración ante el balón, surge una pregunta frenada por el intelecto, pero empujada con fuerza por el corazón: ¿Por qué no albergar la esperanza de ver a la Selección Mexicana campeona del mundo?
Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).
Pocos eventos pueden congregar a millones de personas alrededor de una misma emoción como la fe y el futbol. Ambos pertenecen a esferas distintas, pero comparten una idea esencial: la esperanza.
Quien acude a un estadio deposita su confianza en la posibilidad de una hazaña o en las habilidades percibidas respecto a tal o cual futbolista. Este juego, lejos de ser solo 22 jugadores detrás de un esférico, se convierte en una extensión de la necesidad humana por creer.
Quizá por eso las grandes gestas deportivas suelen desafiar la lógica, encontrando su origen en una certeza ciega de la victoria antes del silbatazo final.
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Al elevar las ilusiones del juego el creyente no trivializa su fe, lleva sus alegrías y pasiones ante el altar para recordar el origen de toda esperanza. La Iglesia reconoce el deporte como un vehículo noble para cultivar la fraternidad, la disciplina y el encuentro pacífico entre hermanos.
La inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 ofreció una imagen perfecta de esta conexión mexicana. Previo al inicio del torneo, la Catedral Metropolitana vistió a su Niño Dios con el uniforme de la Selección Nacional. Esta tradición nacida en 1970, durante el primer torneo en el país, permanece viva desde entonces.
Esa devoción al Santo Niño de la Suerte, cuyo nombre original evoca la buena fortuna espiritual y el amparo divino, se convierte en epicentro de las oraciones de miles de fieles quienes acuden a encomendarle los anhelos de la Selección Nacional.
Con ello, la Iglesia busca cobijar el entusiasmo legítimo de una comunidad deseosa de reunirse, reconocerse y celebrar.
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La dimensión pública de esa comunión también se reflejó en el Festival Futbolero del Deportivo Hermanos Galeana el jueves, donde la visita inesperada de la Presidenta Claudia Sheinbaum sorprendió a los asistentes. Su presencia aportó cercanía y entusiasmo a una jornada especial. A su lado estuvo la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, impulsora de 18 festivales distribuidos en las 16 alcaldías para extender la emoción del torneo a cada rincón de la capital.
Cuando un país suspende su respiración ante el balón, surge una pregunta frenada por el intelecto, pero empujada con fuerza por el corazón: ¿Por qué no albergar la esperanza de ver a la Selección Mexicana campeona del mundo?
Ahí reside el punto de encuentro definitivo: el territorio de los imposibles, ese espacio bendito donde lo extraordinario se vuelve realizable.
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


