Editorial

Unidad para vencer al ‘enemigo’

Para construir la paz es necesario fortalecer la unidad de las familias, como ha pedido el Papa Francisco.
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Unidad en la diversidad para construir la paz. Ésta es una de las grandes apuestas del Papa Francisco, quien a lo largo de más de cinco años de pontificado no ha tenido empacho en convocar a los más variados sectores de la sociedad para dialogar, algo que, incluso, le ha traído duras críticas por parte de algunos sectores ultraconservadores.  

El Santo Padre tiene claro que sin unidad en la diversidad de los pueblos, de las culturas y de las personas, es imposible alcanzar el don de la paz en el mundo. Pero es una paz que debe cultivarse en cada hogar, en cada familia católica, y siempre –ha dicho el Papa– con la intercesión de la Santísima Virgen María.  

Al inicio de este año 2019, los obispos mexicanos, a través del presidente de la CEM, Rogelio Cabrera López, también han puesto la mira en este objetivo, por lo que han lanzado a las familias un llamado a convertirse en un espacio de unidad que permita encontrar soluciones a cualquier situación que impida avanzar en la construcción de un país más humano y fraterno.  

A cada uno le corresponde dar lo mejor de sí mismo, pues sólo así podremos exigir a otros que también lo hagan. Es verdad que no todos responderán de la misma forma, pero eso no debe ser motivo para que desfallezcamos”, dijo en su mensaje de fin de año monseñor Cabrera López, también Arzobispo de Monterrey. 

Y es que, sólo de esta manera, la familia católica puede ser sal y luz para los otros, principalmente en una sociedad sedienta de auténticos valores que logren frenar las divisiones, una sociedad cansada de respirar el tufo de los conflictos, una sociedad deseosa de sanar las fracturas para comenzar de nuevo.  

Cada uno de quienes conformamos el santo Pueblo de Dios somos clave para aportar en la reconstrucción de este país, pero para ello es fundamental ser signo de unidad para la sociedad, y sobre todo, estar alertas para no caer en la tentación de creernos buenos, mejores que los otros, pues es así como el “divisor” prepara el terreno para sembrar la cizaña que históricamente tanto daño nos ha causado.

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