Maestros, artífices de una nueva humanidad

La educación no es sólo un tema de los maestros, sino de la sociedad en su conjunto. Y todos juntos hemos de aportar nuestro "granito de arena".
En su día, la Iglesia arquidiocesana hace un reconocimiento especial a los maestros. Foto: Especial.
En su día, la Iglesia arquidiocesana hace un reconocimiento especial a los maestros. Foto: Especial.

Hoy que en México celebramos el Día del Maestro es preciso hacer un reconocimiento a la destacada labor de quienes realizan la noble tarea de construir, con generosidad y paciencia, la sociedad mexicana del futuro.

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El Papa Francisco, como buen educador que es, ha hecho innumerables esfuerzos por impulsar el gran tema educativo a través del Pacto Educativo Global. En él se exhorta a toda la sociedad a hacer conciencia de que la educación no es sólo un tema de los maestros, sino de toda la sociedad. Todos juntos hemos de aportar nuestro “granito de arena” para lograr un México más justo, pacífico y próspero.

En este sentido, vemos con optimismo que el nuevo “Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana” asume la perspectiva comunitaria de la educación, buscando que los alumnos desarrollen sus capacidades y los valores que desde su familia y sus comunidades les han sido inculcadas.

Sin embargo, vemos con preocupación que esta perspectiva comunitaria posee una lectura sesgada de la comunidad, pues en una lectura idealista de ella, excluye la experiencia religiosa, ignora la necesidad productiva del ser humano y niega la parte violenta que el crimen organizado ha impuesto sobre cientos de comunidades mexicanas.

En el plan educativo vigente se propone que la educación, además de ser laica y gratuita, sea de calidad e incluyente. Se pide en ella que el Estado garantice el acceso a la escuela a todos los niños, niñas y jóvenes, independientemente de su entorno socioeconómico, origen étnico o género; y que se les ofrezcan aprendizajes y conocimientos significativos, relevantes y útiles para la vida.

En cambio, en el plan educativo propuesto para los próximos años se ignora lo ya construido; se pone el centro en la comunidad a costa del individuo, al hacer que su desempeño, desarrollo, o esfuerzo no sean medibles ni transcendentes. Lo importante es que se integre en su comunidad y que renuncie a cualquier pretensión de desarrollo que lo distinga o le permita trascender.

Además, el que se eliminen las exigencias curriculares, dejándolas al arbitrio del maestro, y se anulen las evaluaciones nacionales o internacionales -por juzgarlas excluyentes de los más débiles- traerá como consecuencia que el sistema educativo no impulse el esfuerzo de la virtud, sino que promueva la ley del menor esfuerzo. Este principio ha de preocupar enormemente no sólo a los padres de familia, sino a la sociedad entera que se quedará sin jóvenes dispuestos a crecer y prosperar.

Tarea difícil tendrán los maestros para asumir esta propuesta educativa plagada de prejuicios contra nuestro pasado y llena de incertidumbres hacia nuestro futuro.

Sin embargo, nuestra esperanza está en la vocación de cada maestro y maestra de nuestra nación. Ellos siempre han sabido sobrellevar las vicisitudes políticas y formar a grandes mexicanos.

Por ello, elevamos nuestra oración por todos ustedes, maestros y maestras, para que Cristo, nuestro guía y pastor, ilumine sus pasos y haga fecundo su trabajo. Con aprecio, les felicitamos, y pedimos a María de Guadalupe, les lleve siempre a Jesús, Señor y Maestro.

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