Cuidar los unos de los otros

El cuidado recíproco será indispensable para volver a las parroquias. El cuidado común será esencial para seguir en nuestro mundo.
Interior de la Basílica de San Pedro el primer día de su reapertura por la pandemia de coronavirus COVID-19. Foto: Pablo Esparza
Interior de la Basílica de San Pedro el primer día de su reapertura por la pandemia de coronavirus COVID-19. Foto: Pablo Esparza

La realidad es clara y directa: aún estamos lejos de superar la peligrosidad de la pandemia. Y aunque el “semáforo de riesgo” cambie de color, hemos de retomar las actividades habituales con medidas higiénicas renovadas, preventivas y constructivas. Tal parece que podemos plantear un común denominador al regreso progresivo de todas las actividades, incluidas las propias de nuestros templos: el cuidado recíproco.

En su mensaje por la IV Jornada Mundial por los Pobres, el Papa Francisco reitera la importancia de “prepararnos para servir”; y tal preparación -siempre como un proceso de crecimiento y afianzamiento en la fe- también puede estar marcado por la reciprocidad en el cuidado, pues bien hemos aprendido que nadie cruzará adecuadamente por este mundo si lo hace con el virus del individualismo o del rechazo a los demás.

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Así como en la Arquidiócesis Primada de México, en diferentes rumbos del país ya se preparan párrocos y feligreses para actuar con responsabilidad compartida. A tal fin se están difundiendo orientaciones y criterios, así como estrategias y capacitaciones para el regreso a las actividades religiosas. Y aunque las fechas se irán dando paulatina y regionalmente, a todos nos incumbe la prevención y la cautela, la preparación y el cuidado mutuos.

Hemos de subrayar la importancia de la colaboración de cada individuo en el mejoramiento de toda la sociedad, de modo que así en las iglesias como en cualquier otro ambiente, cada cual aporta su responsabilidad para el cuidado de todos: ¡nunca como hoy hemos tenido tan cercana y viva la oportunidad de estar más vinculados con responsabilidad!

Quienes anhelamos volver a vivir y expresar la fe en nuestros templos, lo haremos sin prisas y con el gozo que canta el salmo 122: “¡Qué alegría sentí cuando me dijeron: Vamos a la Casa del Señor!”, lo haremos con responsabilidad y compartiendo con quienes están en situación vulnerable y deben esperar un poco más.

El cuidado recíproco será indispensable para volver a las parroquias. El cuidado común será esencial para seguir en nuestro mundo.

 

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