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Miguel Cabrera y los óleos del Pocito: así narran las apariciones de la Virgen de Guadalupe

Los óleos de Miguel Cabrera en la Capilla del Pocito narran las apariciones de la Virgen de Guadalupe y revelan una de las primeras interpretaciones pictóricas del milagro guadalupano en la Nueva España.

5 mayo, 2026
Miguel Cabrera y los óleos del Pocito: así narran las apariciones de la Virgen de Guadalupe
Miguel Cabrera, pintor novohispano del siglo XVIII, fue uno de los principales difusores de la imagen de la Virgen de Guadalupe, destacando por sus reproducciones fieles del ayate original y su influyente ciclo aparicionista en el arte guadalupano. Foto: Desde la fe IA

La Capilla de El Pocito resguarda una de las series pictóricas más significativas del arte novohispano: los óleos de Miguel Cabrera que narran las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Más que simples representaciones, estas obras constituyen una de las primeras interpretaciones visuales sistemáticas del relato guadalupano, realizadas por un pintor que tuvo acceso directo al ayate original.

De acuerdo con Nydia Rodríguez Alatorre, directora del Museo de la Basílica de Guadalupe, el valor de este ciclo no es únicamente artístico, sino también histórico y devocional, pues consolidó una forma de representar las apariciones que marcaría la tradición guadalupana durante siglos.

Miguel Cabrera oleos guadalupanos
Miguel Cabrera, pintor novohispano del siglo XVIII, consolidó la iconografía de la Virgen de Guadalupe a través de sus célebres óleos, que fortalecieron la devoción mariana y difundieron su imagen en todo el virreinato. Foto: Ricardo Sánchez/DLF

Un pintor con acceso privilegiado al original

“La relevancia de Cabrera dentro del arte guadalupano radica, en buena medida, en su cercanía con la jerarquía eclesiástica. Fue pintor de cámara del arzobispo Manuel José Rubio y Salinas, lo que le permitió acceder directamente a la imagen original de la Virgen“, comenta Rodríguez Alatorre.

En 1751, Miguel Cabrera encabezó un grupo de pintores, entre ellos José de Ibarra, Patricio Morlete y José Antonio Vallejo, con el propósito de examinar el ayate guadalupano. A partir de ese estudio surgió su célebre tratado, conocido como Maravilla Americana, que consolidó su autoridad como intérprete de la imagen.

Gracias a este acceso, Cabrera realizó múltiples reproducciones con un nivel de fidelidad inédito, convirtiéndose en un referente en la difusión de la imagen guadalupana en la Nueva España.

Las “tocadas del original”: arte y devoción

Uno de los aportes más singulares de Cabrera fueron las llamadas “tocadas del original”, copias que no solo buscaban reproducir la imagen, sino transmitir su carácter sagrado.

Estas obras se realizaban mediante calcas en papel aceitado y, posteriormente, la tela era puesta en contacto con la imagen original. Según explica la directora del museo, este proceso respondía a la creencia de que la cercanía física con el ayate confería una bendición a la copia.

“El objetivo no era únicamente artístico, sino también devocional”, se desprende de la explicación. De este modo, las pinturas de Cabrera funcionaban como extensiones de la imagen venerada, accesibles a fieles que no podían contemplar el original.

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Óleos de Miguel Cabrera en la Capilla del Pocito que representan las apariciones de la Virgen de Guadalupe, clave en la iconografía novohispana. Foto: Desde la fe IA

Un relato visual de las apariciones

El ciclo que hoy se exhibe en El Pocito fue realizado en 1752, antes de la construcción de la capilla en El ciclo que hoy se exhibe en El Pocito fue realizado en 1752, antes de la construcción de la capilla en 1777, pero posteriormente se integró a este espacio por su profunda conexión con el relato guadalupano.

La serie presenta cuatro escenas fundamentales:

  • La primera aparición de la Virgen a Juan Diego
  • El encuentro en el lugar donde brota el manantial, asociado al Pocito
  • La recolección de las flores en el cerro del Tepeyac
  • La manifestación de la imagen ante Juan de Zumárraga

Aunque el relato original menciona más episodios, este esquema de cuatro escenas se consolidó primero en la literatura y en los grabados novohispanos que acompañaban los primeros textos sobre el acueducto guadalupano. Los pintores, incluido Cabrera, adoptaron este modelo, fijando así una narrativa visual que perdura hasta hoy.

Un espacio que guía la mirada del visitante

La disposición circular de El Pocito permite que el visitante recorra las pinturas de manera secuencial, casi como si leyera un relato visual continuo.

Este diseño facilita que incluso quienes no tienen formación artística puedan comprender la historia de las apariciones, identificando cada escena dentro de un orden narrativo claro.

“La arquitectura ayuda a que la historia se entienda”, explica Rodríguez Alatorre, subrayando la relación entre espacio, arte y catequesis visual.

Conservación: entre la técnica y la conciencia

Finalmente, la directora del museo destaca que la permanencia de estas obras se debe tanto a la alta calidad de los materiales novohispanos como a la disciplina técnica de los gremios de pintores.

Sin embargo, advierte que la conservación no depende únicamente de factores materiales, sino también de la conciencia pública sobre su valor.

Las pinturas de Cabrera en El Pocito no solo son piezas artísticas: son testimonio de una tradición viva, donde el arte, la fe y la historia se entrelazan para narrar uno de los relatos más significativos de México.

Planea tu visita

La Capilla del Pocito, ubicada dentro del complejo guadalupano, cuenta con un horario de visita de lunes a domingo de 9:00 a 12:00 horas y de 16:00 a 18:00 horas. Los domingos se celebra la Santa Misa a las 13:00 horas.

Por su parte, el Museo de la Basílica de Guadalupe se encuentra en Plaza de las Américas 1, colonia Villa de Guadalupe, en la alcaldía Gustavo A. Madero. Abre de martes a domingo, generalmente de 10:00 a 17:00 o 18:00 horas. El costo de entrada al museo es de $10 pesos en general, mientras que estudiantes y personas con credencial del Inapam pagan $5 pesos.



Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.