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COLUMNA

Compromiso social de la fe

Nada que festejar

Los hechos violentos ocurridos tras la captura de un líder del crimen organizado evidencian la profunda crisis de seguridad que vive México. Después de años de una política que priorizó el lema “abrazos, no balazos”.

11 marzo, 2026
Nada que festejar
La bandera de México
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Comisionado de la Doctrina de la Fe en la Arquidiócesis Primada de México y miembro de la Comisión Teológica Internacional (CTI). Es director del Observatorio Nacional de la Conferencia del Episcopado Mexicano y fue rector de la Universidad Pontificia de México, cargo que ocupó durante tres trienios. 

Lo que sucedió el domingo 22 de febrero de este 2026 nos muestra el país en el que nos hemos convertido gracias a la errática política de seguridad de los últimos 8 años, sí, los 8 años de este gobierno de 4ª categoría que decidió olvidar su primera gran responsabilidad: garantizar la seguridad de los ciudadanos.

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Es una vergüenza que solo ante la presión del actual gobierno de los Estados Unidos se hayan decidido a combatir frontalmente al crimen organizado en los últimos meses, llegando a su punto culminante con la captura y muerte de uno de los más sanguinarios narcotraficantes que ha construido un emporio nacional e internacional.

Con los datos proporcionados por las agencias de inteligencia de los Estados Unidos y, tal vez también con la participación de algunos elementos especializados, el Ejército Mexicano finalmente capturó a este individuo que tanto mal ha hecho los últimos 15 años, y que muchos sabían de sus movimientos menos nuestras autoridades.

Como todos los demás grupos de delincuentes, pero este en grado superlativo identificado como Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se ha dedicado a secuestrar y corromper a miles de jóvenes, a intimidar con el ‘cobro de piso’ a hombres y mujeres de bien que cada día trabajan en el campo, en el comercio y en la industria asesinando a sangre fría a quien se resista, ante la indolencia y hasta complacencia por la falta de acción de nuestras autoridades políticas, comenzando por la irresponsable y criminal consigna de quien mal gobernó el país: “Abrazos no balazos”.

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Una vez aniquilado este personaje por lo menos de manera sospechosa (“los muertos no hablan”) hubo una reacción inmediata de violencia en la mitad del país mostrando dónde se encuentra esta organización criminal y que capacidad tiene para desestabilizar y poner contra la pared a las autoridades y a la población en general. Todo esto ha sido una muy mala señal hacia el exterior afectado todavía más la imagen que se tiene de nuestro país.

Muy lamentable la pérdida de vidas de jóvenes militares y de algunos ciudadanos pero más lamentable que, sin más, con un tono de falso triunfalismo, unos días después de estos hechos se haya dicho desde la presidencia de la república que ya estamos en la normalidad. ¿De qué normalidad hablan?

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.


Autor

Comisionado de la Doctrina de la Fe en la Arquidiócesis Primada de México y miembro de la Comisión Teológica Internacional (CTI). Es director del Observatorio Nacional de la Conferencia del Episcopado Mexicano y fue rector de la Universidad Pontificia de México, cargo que ocupó durante tres trienios.