El estilo del malgobierno
Corrupción, inseguridad y estancamiento económico marcan el rumbo de México bajo la 4T. Analizamos las alertas sobre el deterioro institucional y el papel clave de la sociedad civil.
Comisionado de la Doctrina de la Fe en la Arquidiócesis Primada de México y miembro de la Comisión Teológica Internacional (CTI). Es director del Observatorio Nacional de la Conferencia del Episcopado Mexicano y fue rector de la Universidad Pontificia de México, cargo que ocupó durante tres trienios.
Desde que comenzó a la gobernar la llamada 4a transformación, nuestro país ha ido cayendo en los indicadores internacionales de todos los aspectos positivos y de desarrollo y ha ido aumentando en las estadísticas de los resultados negativos.
Cualquier tema que toquemos nos lleva al retroceso: sistema de salud, totalmente descuidado y desestructurado; sistema educativo, sin presupuesto, entregado a los sindicatos y con planes de estudio con pésimos contenidos y sin metodología; el sistema de infraestructura carretera abandonado y sin crecimiento ni modernización; la inversión privada nacional e internacional detenida por la falta de certeza jurídica y de mejores condiciones de seguridad; el crecimiento del país en menos del 1% anual y en algunos periodos en casi cero por la falta de inversión pública.
Por el lado negativo destaca la corrupción, estamos cada vez más abajo entre los países más corruptos; la inseguridad es nuestro talón de Aquiles como país. Somos uno de los países más violentos del mundo. El desempleo encubierto por el empleo informal es el más alto en toda nuestra historia: casi el 60% de
la población con lo implica la falta de acceso a la seguridad social y otros beneficios.
Dos aspectos que impiden el real crecimiento del país: el populismo que manipula a una gran parte de la población con el reparto de subsidios improductivos y sin control, fuera del subsidio a los adultos mayores, todos los demás propician la falta de productividad y desarrollo. El otro aspecto, la destrucción de la democracia, paso a paso, para consolidar el autoritarismo y el régimen de partido único, estrategia en la que ha sido persistente la presidente Sheinbaum ocupando su tiempo y su talento para acabar con nuestras instituciones democráticas en lugar de dedicarse a gobernar con responsabilidad para todo el país.
Ya viene el tiempo de la sociedad civil, es tiempo de poner un alto a este mal gobierno que cada vez se muestra más incompetente y corrupto.

