Tapar hoyos con pintura
Una reflexión sobre la responsabilidad social y la urgencia de enfrentar las causas profundas de la corrupción, la violencia y el deterioro moral.
EN EL DICHO POPULAR que se mofa de algo tonto o inútil -“tapar los hoyos con pintura”- se resume la urgencia de hacer las cosas en serio y bien, de modo que desaparezca el hoyo y luzca bonita la pintura: ¡así de fácil!…LOS HOYOS DOMÉSTICOS desparecerán con un resane leve, los baches necesitarán material más consistente y durable, pero los socavones deben ser intervenidos muy en serio, analizando la profundidad, comprobando la estabilidad del suelo y subsuelo, atacando causas profundas, reforzando a conciencia y cabalidad…QUE NO SE ENGAÑE NADIE pensando que basta con volver a hacer –nuevamente- transitables las carreteras, o con que se reanude el ritmo escolar, o decir que “el resto del país funciona con normalidad”; el tremendo socavón –casi abismo- crecido con la irresponsabilidad sospechosa de complicidad en que se convirtieron los grupos criminales, no será fácil de resolver…
SI AL MENOS RESERVARAMOS el nombre de “organización” a lo que está en función de un beneficio común y llamáramos mafias o grupos criminales a los que provocan tanto mal, ya la llevaríamos de gane; pero si endulzamos la comunicación nombrándolos “delincuencia organizada”, ya no podemos llamar así a los malos políticos que están bien organizados…EN LA VIDA FAMILIAR y en el trabajo suelen ir apareciendo fisuras, grietas, rendijas, debidas a algún descuido en la comunicación, a suponer que todo iba bien, acaso por una tolerancia mal entendida, a una permisividad creciente, tal vez por minimizar algo indebido y hasta diciendo “no pasa nada”; pero ¡cuidado!, no te acostumbres a cuáles irregularidades que luego llegarás a justificar y no podrás tapar los hoyos por muy espesa que esté la pintura…PREPÁRATE BIEN y disponte mejor para que en la vida social y pública, en las responsabilidades civiles y tareas políticas no nos acostumbremos ni a las deficiencias ni a los contubernios, ni a las mafias ni a las patuleas de cuello blanco, verde, morado, azul, rojo, descoloridos o desteñidos: ¡nada!…SÍ, LO SÉ MUY BIEN: es muy difícil arrancar y desterrar los males cuando se afectan cuántos bienes, y Jesús lo enseñó con la parábola de la cizaña que siempre ha desconcertado (Mt 13, 24-30): más cuando el arraigo es añejo, peor cuando crecen amparados a la sombra de YSQ (esas siglas significan “yerbas salvajes quantiosas” -¡já!-)…

