Conoces Hallow?

Leer más
COLUMNA

La voz del Obispo

María al pie de la cruz, modelo del discípulo maduro en el amor

En el Viernes de Dolores, contempla a María al pie de la cruz como modelo de fe, esperanza y amor maduro que vence el sufrimiento y transforma el dolor en entrega.

20 marzo, 2026
María al pie de la cruz, modelo del discípulo maduro en el amor
María, símbolo de fortaleza, esperanza y fidelidad incluso en medio del sufrimiento extremo.

Por una antigua tradición en la Iglesia, al viernes anterior al viernes santo, se le llamó “Viernes de Dolores”, porque en ese día nos detenemos con especial devoción a contemplar a la Virgen María acompañándola en su dolor frente a la pasión de su Hijo.

 De hecho, el calendario litúrgico pastoral 2026 de la Conferencia del Episcopado Mexicano, señala en una nota para el viernes previo al viernes santo: “Por decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 18 de marzo de 1995 (Prot. 452/95-L), en las parroquias e iglesias en las que hoy, antiguo “Viernes de Dolores”, siga habiendo gran afluencia de fieles para honrar a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores, se puede celebrar una única Misa votiva de esta advocación (cfr. 15 de septiembre)”.

También puedes leer: Viernes de Dolores: ¿qué es y por qué celebra?

 Por ello, ante la proximidad del viernes V de Cuaresma y del Viernes Santo, dirijamos nuestro pensamiento hacia la Virgen María, de pie junto a la cruz, considerando su íntima participación en el dolor de su hijo y aprendiendo de ella a vivir la fe, la esperanza y el amor hasta sus últimas consecuencias, hasta su total cumplimiento.

 Reflexionar sobre los dolores que la Virgen María vivió al estar asociada al sufrimiento de su hijo, nos permite descubrirla como modelo de madurez en la fe, en la esperanza y en el amor que perseveran hasta el fin y que son más fuertes que el dolor y que la muerte.

 En la actitud de la virgen María frente al dolor de su hijo y frente a su propio dolor, aprendemos lo que significa la fe como docilidad y abandono en Dios, la esperanza contra toda esperanza y el amor maduro, que se sellan y se consagran en la hora de la prueba más grande.

Puedes leer: María al pie de la cruz, modelo del discípulo maduro en el amor

En el umbral del Viernes Santo dirigimos nuestros ojos a María para redescubrir en ella el modelo del creyente y del discípulo y pedirle que nos alcance del Señor la gracia de madurar en la fe, en la esperanza y en el amor; de madurar especialmente en el amor, pues ella brilla para nosotros como prototipo del discípulo maduro en el amor, de un amor que no desmaya ni siquiera cuando se debe consumir el cáliz del sufrimiento.

Ella, en cada momento de su vida, y especialmente al pie de la cruz, encarnó lo que dice san Pablo en su primera carta a los corintios: “El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites” (1Cor 13,4-8).

 María es, pues, la creyente madura y fuerte en el amor, de aquel amor verdadero que se fragua en el crisol del sacrificio, de aquel amor que no se reduce a la simple emotividad y que no claudica ante la dificultad, ni ante la prueba, el dolor, el rechazo o la ofensa.

En todos los momentos de su vida, en cada una de sus actitudes y de sus rasgos, María resplandece como encarnación del “amor más grande”, de aquel amor que “impulsa a dar la vida por los amigos” (cf. Jn 15,13), del amor que se traduce en obras de disponibilidad, atención, solicitud por el otro, servicio, gratuidad y perdón incondicional; del amor que se hace patente especialmente frente al que sufre, frente al que está crucificado.  

Consulta esta lectura: Cómo vivir el Viernes Santo desde casa

 Aprendamos de la Virgen María a vivir el amor maduro que se traduce en oblatividad y servicio; aprendamos de ella a estar de pie junto la cruz de tantos hermanos nuestros que sufren en el alma y en el cuerpo y que necesitan de nuestra cercanía y de nuestra ayuda: los enfermos, los pobres, los marginados, los excluidos, los presos, en los migrantes, los que se debaten entre la vida y la muerte sin posibilidades de atención médica, los que mueren de desnutrición, las personas sin hogar, los desempleados, los padres y madres de familia que ven morir a sus hijos por falta de recursos, la niñez explotada (laboral o sexualmente), los tóxico-dependientes, quienes viven sumergidos en la depresión o en la desesperanza, en quienes sufren persecución, quienes han vivido alguna pérdida, etc.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.