La vez que la Virgen de Guadalupe salió del Tepeyac por la inundación de 1629
La inundación de 1629 cubrió la capital durante más de cuatro años y marcó uno de los episodios más dramáticos de su historia.
La Ciudad de México permaneció bajo el agua durante años. En medio del desastre, una imagen recorrió la ciudad en canoa y se convirtió en consuelo para miles: la Virgen de Guadalupe. Ocurrió en el siglo XVII, cuando una catástrofe sin precedentes obligó a trasladar su imagen fuera del Tepeyac por primera vez.
¿Por qué la Virgen de Guadalupe tuvo que salir del Tepeyac?
Durante el gobierno del virrey y arzobispo Francisco Manzo, la capital novohispana sufrió una de las crisis más devastadoras de su historia: la gran inundación de 1629 en la Ciudad de México.
El desastre comenzó el 21 de septiembre de 1629, tras intensas lluvias que provocaron el desbordamiento de lagos y canales. Lo que parecía una contingencia temporal se convirtió en una tragedia prolongada: la ciudad permaneció bajo el agua por más de cuatro años.
Las calles se transformaron en canales, las casas quedaron inhabitables y las enfermedades comenzaron a propagarse rápidamente. La magnitud del desastre obligó a emigrar a cerca de 30 mil personas, casi la mitad de la población de la ciudad en ese momento.
En medio de la desesperación, la fe del pueblo se convirtió en refugio.
Como signo de esperanza y protección, la imagen de la Virgen de Guadalupe fue trasladada desde su santuario en el Tepeyac hasta la Catedral Metropolitana, en canoa, donde permaneció resguardada en lo que hoy se conoce como la Sacristía.
En ese mismo lugar aún se conserva una placa que recuerda esa visita de la Virgen de Guadalupe a la capital. Se trata de una de las pocas ocasiones en que la tilma ha salido del Tepeyac. La imagen regresó el 15 de mayo de 1634, después de una breve estancia en la parroquia de Santa Catarina. Allí la gente siguió acudiendo para pedir su intercesión y agradecer su protección.
Este hecho no solo tuvo un profundo significado religioso, sino también social: la presencia de la imagen en el corazón de la ciudad se convirtió en un signo tangible de consuelo en medio del sufrimiento colectivo.
Ciudad de México protegida por la Virgen de Guadalupe
Durante aquellos años, la vida cotidiana cambió por completo. Muchos habitantes se desplazaban en canoas, mientras que otros optaron por abandonar definitivamente la ciudad. Las autoridades, rebasadas por la magnitud del desastre, enfrentaron enormes dificultades para contener la crisis, evidenciando la fragilidad de la capital frente a los fenómenos naturales.
Con el paso del tiempo, las aguas comenzaron a descender y la ciudad inició un lento proceso de recuperación. Sin embargo, la experiencia dejó una huella profunda en la memoria colectiva y fortaleció la devoción guadalupana como un símbolo de protección en momentos de adversidad.
La historiadora Rita Valero subraya que la Virgen de Guadalupe ha estado presente en algunos de los momentos más difíciles del país. Recuerda que en 1737, durante una epidemia que azotó a la Nueva España, el Cabildo de México la proclamó Reina, consolidando aún más su lugar en la vida espiritual y social del pueblo.
Años más tarde, tras su visita a México en 1804, Alexander von Humboldt observó: “En las calamidades públicas, los habitantes de México acuden a dos imágenes, la Virgen de Guadalupe y la de los Remedios. La primera se considera indígena… la segunda la llevaron de España…”.
En menos de un mes, esta proclamación fue respaldada por los ayuntamientos de Puebla y Valladolid, así como por la diócesis de Oaxaca y ciudades como Querétaro, Toluca, San Miguel el Grande, Santa Fe, Guanajuato, Zamora, Aguascalientes, Guadalajara y Guatemala. Este impulso favoreció la expansión de la devoción guadalupana en todo el territorio.
Este episodio histórico recuerda que, incluso en medio de las peores tragedias, la fe ha sido para muchos un punto de apoyo, esperanza y reconstrucción.
Así se trasladó la Tilma Sagrada en canoa hasta la Catedral Metropolitana
En medio de aquel desastre, la imagen de la Virgen de Guadalupe fue llevada desde el Tepeyac hasta la Catedral en una pequeña embarcación, la única manera de desplazarse por la ciudad.
Humboldt cayó en una impresión, porque la gente no necesitaba el permiso del arzobispo para visitar a la Morenita; dijo: “el arzobispo permite a los indios que vayan a buscar la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Este permiso llena de alegría a todo mexicano, sobre todo cuando a una larga sequía suceden lluvias abundantes. Yo he visto obras de trigonometría impresas en Nueva España y dedicadas a la Virgen de Guadalupe.”

