Qué bella manera de terminar el mes de mayo
Me resisto a que termine mayo con el día 31 y menos con la celebración de la Santísima Trinidad; durante toda esta semana haré la señal de la cruz y me acurrucaré en la ternura impar del Padre,
¡QUÉ BELLO MODO de terminar el mes de mayo!, celebrando lo más propio, lo más íntimo, lo más bello de Dios mismo: que siendo Uno en su esencia divina, vive en la comunión de tres Personas distintas; que su perfección infinita incluye la Vida y el Amor en la Comunión total…EL PADRE ES DIOS, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios, y NO son tres dioses (así repetíamos en las clases de catecismo), sino una misma esencia vivida en la comunión y perfección de una sola sustancia; ¡ah!, y más ¡ah!; y aunque esta insignificante columna no es teológica ni catequética, sino meramente dominical, mucho se regodea al contemplar una verdad sin fin que enriquece y salva a quienes la confiesan por la fe…LUEGO DE UNA PAUSA al escribir lo anterior (me levanté a comer, que ya me urgía) retomo mi gozo al contemplar el misterio más propio de Dios, que como fuente inagotable de verdad que nos da vida y salvación, ilumina las mejores realidades de nuestra fragilísima humanidad, entre ellas la familia, la cultura, la civilización…
EN EFECTO, COMO SI fuera un “efecto dominó”, lo más bello de Dios da sentido a la comunidad de vida y amor que es la familia y nos aleja de mera conveniencia biológica; refuerza los valores e ideales que dan cuerpo y sentido al cultivo –cultura- de identidad y pervivencia social, y también da sentido a todo proceso civilizatorio superando lo que quedaría en simple proceso evolutivo…DIOS ES UNA REALIDAD que trasciende todo concepto humano para ofrecernos su misma trascendencia (¡mal, muy mal que solo fuera para competir, comparar o despreciar!); Dios es una realidad Mayor que imanta nuestra realidad menor llenándonos –a nuestra capacidad y nivel- de su amor, belleza y perfección…ME RESISTO A QUE MAYO termine con el día 31 y menos con la celebración de la Santísima Trinidad; durante toda esta semana haré la señal de la cruz y me acurrucaré en la ternura impar del Padre, en la cercanía encarnada del Hijo, y en el amor incesante del Espíritu Santo; a Dios, Uno y Trino, todo honor, gloria, alabanza y bendición por los siglos infinitos, ¡Amén!…


