La divertida historia del banco que no reconoció al Papa León XIV: “¡Le colgaron!”
“¿Importaría si le dijera que soy el papa León?”, preguntó el Pontífice antes de que la empleada simplemente le colgara.
Millones se sentirían afortunados de poder hablar por teléfono con el papa León XIV. Pero, quizá, no creerían posible que el Vicario de Cristo les llamara para gestionar él mismo una cuestión cotidiana.
Sucedió que apenas un par de meses después de convertirse en el pontífice número 267 en la sucesión apostólica de la Iglesia, Robert Prevost llamó al banco de Estados Unidos donde siempre tuvo sus ahorros.
Intentaba actualizar sus datos. Pues, por razones obvias, ya no podría acudir a la región; al menos no como antes, tras convertirse en el líder de más de 1.400 millones de católicos en el mundo y dada su nueva responsabilidad.
Así que tomó el teléfono. Y como cualquier cliente lo haría, llamó a la sede bancaria donde estaba registrado. Una asesora lo atendió y le hizo una amplia serie de preguntas de seguridad para verificar su identidad.
Superó sin problema las preguntas de seguridad. Sin embargo, la mujer le explicó que el sistema indicaba que debía acudir personalmente a la sucursal para poder actualizar sus datos.
Él intentó dejarle claro que aquello no sería posible, hasta que finalmente le dijo que era el Santo Padre. Pero, para sorpresa del pontífice, en cuanto le señaló que estaba conversando con el papa León XIV, la chica le colgó.
Evitó revelar su identidad
La noticia se hizo viral, lo que condujo a investigar si la historia era cierta o no. Finalmente, se constató luego de que un antiguo amigo del Papa, el padre Tom McCarthy, revelara la simpática anécdota en un encuentro fraterno.
Desde Naperville, Illinois, el sacerdote explicó que el querido pontífice deseaba poner al día tanto la dirección como el número de teléfono registrados. Y pensó que podría hacerlo sin mayor dificultad, así que llamó personalmente.
En la explicación de McCarthy, se indica que el Santo Padre no quiso apelar a su condición. Simplemente se identificó por su nombre y apellido Robert Prevost. Siguió con atención las instrucciones de la chica de atención al cliente.
Relató que la dama llevó a cabo “todas las preguntas de seguridad y luego dijo: “Lo siento, señor. Aquí dice que tiene que venir en persona”, contó McCarthy en un tono ameno que generó rostros de asombro y muchas risas.
Dijo que de varias formas intentó dar a entender que realmente no tenía manera de acudir personalmente hasta la agencia bancaria, tal como se lo estaban planteando. “Bueno, no voy a poder hacer eso”, le habría dicho el Papa.
Así que finalmente, según el padre McCarthy, reveló su identidad por medio de una pregunta: “¿Importaría si le dijera que soy el papa León?”, pero la reacción no fue precisamente la que esperaba. Ella simplemente le colgó.
El respaldo de su familia
Afortunadamente, la situación se resolvió sin que el Papa tuviese que viajar a Estados Unidos. Pues, tras lo ocurrido, un sacerdote que conocía al gerente de la entidad financiera, sirvió de puente y tramitó la actualización.
Tras concluir la anécdota, el sacerdote bromeó: “¿Se imaginan ser conocida como la mujer que le colgó al papa?”, lo que dio un tono aún más divertido a lo ocurrido y dejó claro el lado sencillo del pontífice que vivió durante décadas en Perú.
El incidente con el banco también mostró dos elementos tiernos y bonitos. Las dos personas que ayudaron al Papa León XIV a solucionar con discreción lo ocurrido fueron compañeros de su casa, la Orden de San Agustín (OSA).
Tanto el padre McCarthy, a quien le une una amistad de más de cuatro décadas, como el sacerdote Bernie Scianna —quien intervino en el caso — son religiosos agustinos, por lo que el calor de hogar abrazó a su hermano Pontífice.
El Papa nos invita a ser humildes
Poco después de lo sucedido, el pontífice hizo una reflexión durante el Ángelus del domingo 31 de agosto de 2025. Dijo que tener invitados «ensancha el espacio del corazón, y hacerse huésped exige la humildad de entrar en el mundo del otro».
En esta misma línea, abundó el Santo Padre, que “una cultura del encuentro se nutre de estos gestos que acercan”. Y sostuvo, de hecho, que “el Evangelio usa la palabra humildad para describir la forma plena de la libertad”.
“La humildad, en efecto, es ser libre de uno mismo. Nace cuando el Reino de Dios y su justicia se han convertido verdaderamente en nuestro interés y podemos permitirnos mirar lejos: no la punta de nuestros pies, ¡sino lejos!”, dijo.
“Quien se engrandece, en general, parece no haber encontrado nada más interesante que sí mismo y, en el fondo, tiene poca seguridad en sí. Pero quien ha comprendido que es muy valioso a los ojos de Dios, tiene cosas más grandes de las que gloriarse”,

