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12 de febrero: la Iglesia celebra a Santa Eulalia, virgen y mártir, patrona de Barcelona

La valiente historia de santa Eulalia, niña mártir que proclamó su fe ante el gobernador romano Daciano. Conoce su legado, los milagros atribuidos a su intercesión y su importancia en la Iglesia.

11 febrero, 2026
12 de febrero: la Iglesia celebra a Santa Eulalia, virgen y mártir, patrona de Barcelona
Santa Eulalia de Mérida: vida, martirio y devoción. Una niña de 12 años que prefirió morir antes que negar a Cristo durante las persecuciones del emperador Diocleciano.

Santa Eulalia fue una niña española que, con apenas 12 años, desafió las órdenes del Imperio romano para proclamar que solo a Dios debía adorarse. Su historia, recogida por el poeta Prudencio en el siglo IV, es la de una fe firme que no cedió ante amenazas, halagos ni tormentos.

¿Quién fue santa Eulalia?

Son pocos los datos históricos que se conservan sobre la vida de santa Eulalia. Lo que se conoce proviene principalmente de un himno que el poeta Prudencio escribió en su honor en el siglo IV.

Cuando Eulalia tenía apenas 12 años, el emperador Diocleciano promulgó un decreto que prohibía a los cristianos rendir culto a Jesucristo y los obligaba a adorar a los ídolos paganos. La niña, profundamente creyente, sintió una indignación tan grande ante aquella injusticia que decidió protestar públicamente ante las autoridades.

Su madre, temiendo por su vida, la llevó al campo para mantenerla a salvo. Sin embargo, según la tradición, Eulalia escapó y se dirigió a la ciudad de Mérida, en España, donde se presentó ante el gobernador Daciano.

Ante él, defendió con valentía su fe, afirmando que nadie debía ser obligado a adorar falsos dioses ni a renunciar al verdadero Dios. Daciano, sorprendido por la firmeza de una niña tan joven, intentó persuadirla con promesas y regalos para que cambiara de opinión, pero Eulalia permaneció inquebrantable.

Martirio

Martirio de Santa Eulalia
Santa Eulalia prefirió sufrir el martirio antes de renunciar a su fe en Cristo. Foto: Especial.

Para intimidarla, el gobernador le mostró instrumentos de tortura y le dijo:

“De todos estos sufrimientos te librarás si ofreces este pan a los dioses y quemas un poco de incienso en sus altares”.

Entonces, Eulalia arrojó el pan, esparció el incienso por el suelo y respondió con determinación:

“Al solo Dios del cielo adoro; a Él únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más”.

Enfurecido, Daciano ordenó que la azotaran con varillas de hierro hasta desgarrar su cuerpo. Después, colocaron antorchas encendidas sobre sus heridas. Su cabellera se incendió, y finalmente murió quemada y asfixiada por el humo.

Prudencio narra que, al morir, los presentes vieron una paloma blanca elevarse hacia el cielo, símbolo de su alma que partía hacia Dios. También relata que una nevada cubrió su cuerpo y el suelo circundante. Días después, los cristianos recogieron sus restos y les dieron sepultura digna. En ese mismo lugar se construyó un templo en su honor, que pronto se convirtió en centro de peregrinación.

La devoción a santa Eulalia se extendió rápidamente. Incluso san Agustín predicó sermones en su honor. El Martirologio Romano la recuerda como mártir de España, muerta por proclamar su fe en Jesucristo.

Su fiesta se celebra el 12 de febrero y es venerada especialmente como patrona de Barcelona.



Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. Actualmente es editora en la Diócesis de Azcapotzalco y es reportera en Desde la Fe.