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14 de enero: la Iglesia celebra a San Félix de Nola, patrono de ganaderos y animales perdidos

La historia de san Félix de Nola revela la fuerza de la fe cristiana en los primeros siglos de la Iglesia, marcada por persecución y esperanza.

12 enero, 2026
14 de enero: la Iglesia celebra a San Félix de Nola, patrono de ganaderos y animales perdidos
San Félix de Nola: presbítero del siglo III, confesor de la fe y mártir por sufrimiento. Conoce su vida, persecuciones y legado cristiano.

San Félix de Nola es una de las figuras más queridas del cristianismo antiguo. Su vida, marcada por la persecución, la fidelidad y la caridad heroica, testimonia la fortaleza de la fe en los primeros siglos de la Iglesia. Aunque no murió de forma violenta, los sufrimientos que padeció por Cristo lo hicieron merecedor del título de mártir y lo convirtieron en un ejemplo de entrega total al Evangelio.

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¿Quién fue San Félix de Nola?

San Félix nació en Nola, una ciudad situada a unos 20 kilómetros de Nápoles, en el siglo III. Su padre, llamado Hermias, era un militar de origen sirio. Poco se conoce sobre su infancia y juventud, debido a las duras persecuciones contra los cristianos durante los gobiernos de los emperadores Decio y Valeriano, circunstancias que provocaron la pérdida de numerosos documentos históricos.

La fuente más confiable sobre su vida proviene de san Paulino, poeta y obispo de Nola a finales del siglo IV, quien lo veneró como su santo protector y escribió su biografía. Otros autores antiguos como san Beda, san Agustín y san Gregorio de Tours también lo mencionan, y el papa san Dámaso le dedicó un poema en su honor.

Persecución cristiana

Con el objetivo de erradicar la fe cristiana, el emperador Decio ordenó el arresto y procesamiento de los principales líderes de la Iglesia: obispos, presbíteros y diáconos. En ese contexto, la comunidad cristiana de Nola era guiada por el obispo Máximo, ya anciano, quien decidió refugiarse en las montañas de los Apeninos para evitar la persecución. Félix, entonces presbítero, permaneció en la ciudad para cuidar y fortalecer a los fieles.

Pronto a Félix lo identificaron como cristiano en una ciudad pequeña donde todos se conocían. Sin ocultar su fe, lo arrestaron y encarcelaron, y fue encadenado durante varios meses. Mientras tanto, el obispo Máximo sufría hambre, frío y enfermedad en su escondite. La tradición cuenta que, durante su cautiverio, un ángel se le apareció y lo ayudó a escapar de la prisión para socorrer al obispo moribundo.

En otra ocasión, Félix tuvo que esconderse durante seis meses en un pozo para evadir a sus perseguidores. Aunque logró recuperar la libertad por un tiempo, volvió a enfrentar amenazas junto con toda la comunidad cristiana debido a los nuevos decretos de persecución promulgados por el emperador Valeriano entre los años 256 y 257.

Tras la muerte del obispo Máximo, los fieles desearon que Félix ocupara la sede episcopal. Sin embargo, él rechazó el cargo, prefiriendo continuar su misión como presbítero. Dedicó el resto de su vida a la evangelización y al servicio de los más necesitados, especialmente de los pobres, a quienes entregó todos sus bienes.

San Félix murió el 14 de enero, a edad muy avanzada, aunque se desconoce el año exacto de su fallecimiento. En su honor se construyeron cinco iglesias en las afueras de Nola, donde reposan sus restos. También se conservan reliquias suyas en Benevento y en Roma, ciudad donde se le dedicó una basílica.

Aunque no murió de forma violenta, la Iglesia lo reconoce como mártir por los numerosos padecimientos que soportó a causa de su fe. Tradicionalmente, también los campesinos lo invocan como protector del ganado y de los animales extraviados.



Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. Actualmente es editora en la Diócesis de Azcapotzalco y es reportera en Desde la Fe.