19 de febrero: la Iglesia celebra a San Conrado, patrono de las personas con hernias

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19 de febrero: la Iglesia celebra a San Conrado, patrono de las personas con hernias

San Conrado Confalonieri, modelo de arrepentimiento y entrega total a Dios tras perderlo todo, nos enseña que la confianza en el Señor también es el camino hacia la santidad.

19 febrero, 2026
19 de febrero: la Iglesia celebra a San Conrado, patrono de las personas con hernias
Vida de San Conrado Confalonieri, noble italiano convertido en eremita tras un incendio que transformó su destino.

La historia de San Conrado Confalonieri es un testimonio profundo de conversión, penitencia y confianza absoluta en Dios. Nacido alrededor del año 1290 en Piacenza, al norte de Italia, en el seno de una familia noble, pasó de la vida acomodada y mundana a la pobreza radical y la vida eremítica. Su transformación no fue gradual, sino marcada por un acontecimiento dramático que cambiaría para siempre el rumbo de su existencia.

¿Quién fue san Conrado Confalonieri?

Conrado nació en Piacenza, ciudad situada al sur de Milán, dentro de la influyente familia Confalonieri. Durante su juventud frecuentó la vida social propia de la nobleza y ejerció el oficio de las armas. Entre sus aficiones destacaba la caza, actividad común entre los caballeros de su tiempo.

En la edad adulta contrajo matrimonio con Eufrosina de Lodi, mujer de su misma condición social. Sin embargo, el matrimonio no significó un cambio en su estilo de vida, pues continuó entregado a sus pasatiempos y distracciones.

El incendio que cambió su vida

Un día, mientras cazaba, ordenó a sus criados prender fuego a una madriguera donde se habían refugiado unos conejos para obligarlos a salir. El fuego, sin embargo, se propagó fuera de control y alcanzó viviendas situadas en las afueras de la ciudad, provocando graves daños.

Conrado intentó inicialmente pasar desapercibido. Pero al enterarse de que un hombre inocente había sido acusado del incendio y condenado a tortura y muerte, su conciencia no le permitió guardar silencio. Se presentó ante las autoridades y confesó su responsabilidad.

Como consecuencia, todos sus bienes fueron confiscados para reparar los daños. Despojado de su fortuna y reducido a la pobreza, comenzó una vida de mendicidad itinerante.

Conversión y vida eremítica

En medio de la miseria, Conrado depositó toda su confianza en Dios y orientó su vida hacia la penitencia y la oración. Ingresó en la Tercera Orden de San Francisco en Gorgolara, permaneciendo como seglar pero viviendo con espíritu franciscano.

Movido por una profunda inclinación espiritual y con el consentimiento de su esposa, en 1331 se retiró a una vida de soledad y austeridad en Noto, Sicilia, donde adoptó un estilo de vida eremítico.

En 1333 buscó un lugar aún más apartado en Pizzoni, a unos cinco kilómetros de Noto. Allí su fama de santidad comenzó a difundirse. Acudían a él devotos, curiosos y numerosos enfermos. Se le atribuyeron curaciones, especialmente de personas que padecían hernias, motivo por el cual fue considerado protector de quienes sufren este mal.

El 19 de febrero de 1351 fue llamado a la gloria eterna en Pizzoni.

Legado y culto

A mediados del siglo XVIII se erigió una iglesia en su honor en Pizzoni, en el lugar donde se encontraba el eremitorio donde vivió y murió, sitio al que se atribuyeron numerosos milagros.

En 1515, el papa León X reconoció oficialmente su culto en Sicilia, declarándolo beato. Más tarde, en 1625, el papa Urbano VIII concedió a la Orden Franciscana la facultad de celebrar misa y oficio en su honor.

La familia franciscana comenzó a venerarlo oficialmente y a celebrar su memoria litúrgica cada 19 de febrero.

San Conrado suele ser representado vestido como ermitaño y descalzo, acompañado de un ciervo, un perro, aves y las llamas del incendio que marcó su conversión.

La vida de San Conrado recuerda que la verdadera nobleza no reside en los títulos ni en las riquezas, sino en la capacidad de reconocer los propios errores y comenzar de nuevo. Su historia es una invitación a asumir la responsabilidad, reparar el daño causado y confiar plenamente en la misericordia de Dios. De cazador noble a ermitaño penitente, su existencia demuestra que incluso una caída puede convertirse en el inicio de la santidad.



Autor

Lic. en Lengua y literaturas hispánicas por la UNAM, con experiencia en edición digital y redes sociales. Ha sido editora de los sitios web Padres e hijos, Cocina Fácil y colaborado en National Geographic y Muy Interesante. Actualmente es editora en la Diócesis de Azcapotzalco y es reportera en Desde la Fe.